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Carlos Vermut: “En el cine lo mágico es mágico si el contexto es muy realista”

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Primeramente cabe preguntarnos a nosotros mismos (los entrevistadores) que, frente a esta entrevista, existen dos tipos absolutamente diferenciados de lectores: los que hayan visto antes la película y los que no.

Aquellos que ya la han visto, y por ende conocen superficial o profundamente el globalizador y siniestro universo que genera Carlos Vermut (el entrevistado), no nos generan inquietud alguna, más allá de si esta entrevista redunda sin remedio sobre temas triturados o por el contrario, proporciona nueva luz más allá de la conocida de ese universo e innova de forma positiva en formato y contenido

Sin embargo, la posibilidad (ínfima o no) de un lector que no haya visto la película y llegue (indirecta o casualmente) a nuestra web para leer la entrevista, nos genera una cuestión clave. Si poner ATENCIÓN SPOILER en la cabecera de la entrevista.

En nuestra opinión, Magical Girl es una película con la que toparse de repente, dejarse envolver por ella, y andar su camino sin conocer del todo ni sus límites, ni el final que alcanzará.

Por otro lado, además, al hablar de spoiler, se confía demasiado en la resolución de los desenlaces. Y no se trata exclusivamente de eso. Nosotros confiamos más en la urdimbre y técnicas de manejar de la trama. Cómo este director, con tan sólo dos películas y algunos cortos, es capaz de hacernos profundizar en lo más profundo del ser humano en general, utilizando ardides a veces y verdades después, haciéndonos pasar por los vericuetos del humor y las amplias avenidas del misterio.

Es por esto que no ponemos lo del spoiler. O sí, pero como quien no quiere la cosa. Tampoco os creáis, no desvelamos siquiera un pequeño porcentaje.

¿2 + 2 siguen siendo 4?

Pues, en principio, yo confío en que sí, espero que siga siendo cuatro por mucho tiempo, con alguna lógica, dentro de la lógica. Lo que pasa es que, es verdad que la película plantea eso, en la ficción: la posibilidad de que no sean cuatro, aunque yo sí creo que en la realidad sigan siendo cuatro.

Cuéntanos un poco sobre tus orígenes. Los primeros recuerdos cinematográficos que tienes. Si se veía mucho cine en tu casa. Y, sobre todo, el momento que viste que tenías que dedicarte a esto, si fue una película la que despertó tu curiosidad.

La verdad es que en mi casa sí que se veía bastante, mis padres, sin ser muy cinéfilos, sí que veían mucho cine. Mi madre, sobre todo, veía muchas pelis de Hitchcock. Y la película que yo recuerdo ver así más joven de verla con mi madre, y mi primer acercamiento en cuanto a lo que era una película, cómo se hacía una película, fue con La matanza de Texas, creo, con cuatro años o así. Yo la vi con ella, y me explicó un poco cómo se hacía una peli, que todo eso era mentira.

Pero la película con la que tuve conciencia de que quería ser director fue así con ocho-nueve años cuando vi Batman (Tim Burton, 1989), me emocionó bastante, me gustó la atmósfera oscura de la ciudad, porque a mí Superman me gustaba, pero no era lo mismo, y cuando vi Batman dije ‘Hostia esto me gusta mucho, esta especie de ambiente claustrofóbico y oscuro, me gusta bastante’.

Hablando ya de la película, Magical Girl, vemos que gira siempre en torno a un puzzle que se tiene que resolver, y en la que falta una pieza clave. Esa pieza es la que a la vez organiza todo. ¿Es posible encontrar esa pieza?

El puzzle funciona en la película como un elemento de metáfora en la que precisamente hay piezas que no aparecen. Lo que pasa es que luego también tiene otro significado, concretamente en el caso de Sacristán, esa pieza que no aparece desencadena la imposibilidad suya de resolver las cosas de una manera racional, de que su mundo de lógica se vea completamente destruido, alterado. Es una persona que confía en la lógica y de repente se da cuenta de que esa lógica no le sirve para nada, y que hay un punto en que se tiene que resignar y aceptar esa parte, o resolverlo de una manera que él pensaba que era lógica también, porque es la manera en que él lo quería resolver y luego también se da cuenta de que no, que ni siquiera puede escapar aún cuando él traza un plan, tampoco puede escapar, todo se vuelve a dar la vuelta otra vez.

Ése es un poco el significado del puzzle en la película, pero sí que es verdad que luego en la propia película es verdad que hay muchas piezas que no existen. O sea que tiene que ser el espectador el que las complete emocionalmente.

Eso que has dicho de Sacristán tiene algo que ver con la siguiente pregunta, que es, esa dualidad que existe, y que siempre está lidiando en los personajes, del instinto y la razón. La pregunta es, ¿puede ser alguna vez positivo que gane el instinto a la razón? Porque, según vemos, siempre que se decanta el instinto acaban mal los personajes.

¿Te refieres a la película o a la vida en general?

La vida en general, desde luego. Pero también sería interesante aplicado a la película.

Yo creo que el instinto y la razón tienen que vivir en el equilibrio, yo creo que como ser humano lo ideal sería encontrar un equilibrio entre si somos sólo razón. Creo que no hay lugar para poder saltarte las reglas y pensar de alguna manera un poco empática. La razón es fría, no entiende de empatía. El instinto, la emoción, de alguna manera, también nos va a hacer las mejores cosas posibles, pero también las peores. Las culturas más racionales es verdad que tienen menos delincuencia, pero también son las más despegadas afectivamente, donde hay más suicidios (en Japón por ejemplo). Y sin embargo en otras culturas que son más emocionales, pasan cosas terribles, hay un índice de delincuencia, pero la gente luego tiene un nivel de felicidad de la gente mucho mayor, o sea que es un poco paradójico. Yo creo que la base de todo es que convivan el instinto y la razón.

Y en la película yo creo que los personajes no son capaces de hacer eso, y se dejan llevar: o son personas muy racionales que no han sabido controlar su instinto, o son personas muy instintivas que no son capaces de gestionar esa razón y que les llevan a un final trágico.

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Organizas la película en tres partes, que son: Mundo, demonio y carne. Dices que son los enemigos del alma. ¿Cuáles podrían ser sus antagónicos, los tres que son amigos, y que ayudan a las personas? ¿Existen esos antagónicos?

No lo sé, hombre. Si el mundo es el enemigo por que es el dinero, la ambición, supongo que lo opuesto al dinero, lo opuesto al mundo egoísta en este caso, sería la empatía, la generosidad, el altruismo. Si fuese el demonio, como símbolo del mal que todos tenemos, también sería un poco la empatía, no sería el egoísmo en este caso, supongo que es un demonio que disfruta. Mientras que el mundo es el egoísmo, el demonio es el placer del mal por el mal, y en este caso, no sé cual sería el antagónico, supongo que el bien en estado puro, estas personas que son buenas incluso cuando se sacrifican. Y la carne, pues supongo que la castidad, pero vamos, no creo, no sé.

Vemos cómo grabas de una manera muy curiosa, y excelentemente, esa cotidianidad que tienen los objetos y los lugares, como en la casa, la cocina, o el bar. Pero sin embargo, a través de los personajes muchas veces encontramos que se abre una brecha muy mágica y personal. ¿Cómo consigues eso de grabar, por una parte esa cotidianidad, y por la otra, esa magia? ¿Es consciente esa manera de grabar?

Sí, yo creo que precisamente lo mágico cobra más sentido porque es muy realista donde se ubica, si yo partiese de un tratamiento de la realidad muy fantástico o cinematográfico en el sentido de mucha música y todo muy colorido, muchos decorados y todo muy irreal, con su suspendiese algo que sale de la realidad, destacaría menos, pero precisamente como lo ubicas todo en un punto muy, muy, muy realista, cuando sucede algo un poco extraño cobra un sentido mucho más mágico. Creo que, precisamente, lo mágico es mágico si el contexto es muy realista.

Hemos leído en los medios la evolución del guión, al reescribirlos, que al principio parecía otra historia y ha ido creciendo, pero ¿qué es lo que realmente ha permanecido a los cambios? ¿Cuál es la idea primigenia que nos querías contar? O al revés, ¿qué no nos has contado al cambiar el guión?

La idea primigenia se conserva, yo cuando cambié las cosas fue para que esa idea se mantuviese y fuese más clara, y conseguir precisamente que no se hablara de otra cosa. Y aunque se hablase de otra cosa, jerarquizar un poco los elementos, y que la idea, núcleo de la película fuese el mismo. Que no hubiese nada que estorbase o que diese a entender que es otra película. Y en este caso, yo creo que la historia que se mantiene en esencia, es la de víctimas que en un momento determinado se convierten en verdugos, y a la vez convierten a otros en víctimas que se convierten en verdugos, como una cadena de chantajes. Y eso se ha conservado durante toda la línea de la película.

En Magical Girl y los cortos advertimos que utilizas el drama muy ligado al humor, ese drama es el que te permite la risa muchas veces incómoda y patética, cómica. ¿Puede existir un humor sin ese drama, puro?

Mmm, sí, yo creo que existe un humor blanco, gente que hace películas con un humor muy amable y muy divertido y no está anclado al drama, ¿no? O sea es verdad que muchas veces lo que nos hace gracia son las desgracias ajenas: cuando alguien se cae, cuando alguien es patético… La verdad es que nunca he hecho esa reflexión, o sea si puede existir un humor sin que alguien salga perjudicado. Sí, yo creo que, estoy pensando, cosas que me hacen gracia que no sean nadie con un defecto, que se cae… A mí, por lo general, me hace mucha gracia, la desgracia precisamente, ese humor negro, pero me tendría que plantear, si existe un humor que sea completamente inofensivo y que no sea a costa del sufrimiento de alguien, de algún modo más o menos sutil, más o menos grave. Vamos yo creo que sí, yo creo que los niños se ríen de cosas muy inofensivas. Bueno, en realidad son bastante crueles, sí.No sé, no sé, debería planteármelo.

[…]

Pues va a ser que no, va a ser que efectivamente el humor está en la desgracia del otro, incluso en la desgracia propia. Y si no, hay que buscarla mucho. No se me ocurre ahora mismo.

A la hora de elegir el reparto, ¿cómo has llegado estos excelentes actores? ¿Tiene algún sentido que todos provengan del teatro, y que actúen de esta manera que recuerda muchas veces a las tablas?

Pues en el caso de los actores, no era buscado, fue casual que viniesen del teatro. La mayoría… Luis hace más teatro, Bárbara hace mucho teatro, pero sobretodo Sacristán es un tipo que, aunque haya hecho teatro, es más un actor de cine. El casting lo hice con  Sara Bilbatúa, directora de casting. Yo sabía que quería rodar con Luis Bermejo. Luego Sara me presentó a Bárbara Lennie, y el personaje era un poco más mayor, y le reduje la edad para que fuese Bárbara. Y a Sacristán también le aumenté la edad para que fuese él. Al principio eran como compañeros de una institución mental, luego como cambié mucho las edades pensé que fuesen profesor y alumna, que daba otro tipo de historia muy distinta, pero se mantenía la esencia de, como decía antes, lo que quería contar.

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Hemos visto en algunos medios que se te ha incluido en lo que se conoce como La generación Picnic, en la que pueden estar incluidos Borja Cobeaga o Nacho Vigalondo. ¿Qué opinas de este colectivo, o generación? ¿Existe realmente?

Hombre, coincidimos porque es un bar que nos pilla a todos cerca y que el dueño es amigo nuestro, y muchas veces hemos acabado todos ahí. Más gente: César Velasco, Alberto González Vázquez, Miguel Esteban, Raúl Navarro, Ignatius Farray… Gente que nos conocemos un poco por afinidad. Todos somos del barrio, entonces al final siempre quedamos ahí. Pero, no sé, creo que compartimos más el hecho de coincidir en el sitio que luego nuestras historias, en el caso de Borja o Nacho, hay algo relativo al humor, a cierto humor basado en el malestar, en el humor negro y absurdo que sí que nos une, más allá que nuestras películas sean distintas, o, con tonos distintos. Yo creo que hay un punto de absurdo, de recreación en el absurdo, que más allá de que coincidamos en el bar, puede que tenga algo en común, sí.

Ahora una pregunta personal, ¿qué película has visto últimamente, o no, que no te ha gustado?

 

¡Vaya! Me han gustado la mayoría de las que he visto: vi Boyhood y me gustó, ‘La isla mínima’ y me gustó. ¿Y cuál no me ha gustado? Últimamente, como no tengo mucho tiempo, voy a ver casi lo que sé que me puede gustar. Es que me han gustado todas, las que he visto en cine, Guardianes de la galaxia me gustó mucho también. ¡Ya sé! El Capitán América: soldado de invierno, que me la vi en el avión, camino a un festival. Pero no porque fuera malo, luego la verdad es que la manera de grabar me gustó bastante. Jo, qué marrón.

Hemos visto que, claro, has trabajado como dibujante, y, viniendo de ahí, ¿has pensado en adaptar algún cómic al cine?

Pues justamente, el Capitán América a mí me encantaría, a mí los cómics de Marvel me gustan bastante. De hecho, si tuviese que adaptar un cómic de Marvel, lo haría de un grupo que se llama Alpha Flight, superhéroes canadienses, que me gusta bastante, están todos como muy locos. John Byrne era el dibujante y guionista, muy loco todo.

Y luego hay un cómic japonés que me gusta mucho que se llama Ataque a los titanes que no me importaría adaptar, muy guay. Un manga sobre unos gigantes que invaden un pueblo amurallado para que no puedan pasar y entonces los gigantes entran y los habitantes tienen que defenderse.

Tampoco me importaría adaptar Bola de Dragón, si pudiese, me gustaría mucho.

A raíz de esto, y para terminar, háblanos un poco de tus próximos proyectos, o la próxima película que piensas hacer. Háblanos del futuro.

Tengo dos historias, en principio, así más cerradas, pero que se pueden cambiar en cualquier momento. Vamos, son dos historias. Me gustaría hacer una película sobre el mundo de los fantasmas, sobre el elemento fantasma de la cultura, lo que no está, el recuerdo de la gente que existe, y el terror y el miedo inconsciente, que me interesa mucho. De dónde nace el miedo, a qué tenemos miedo, por qué tenemos miedo a esas cosas, a la gente que ha muerto, de dónde nace ese miedo.

Y luego, que no tiene nada que ver, me interesa mucho el mundo de la fama, el mundo del corazón me atrae mucho como para investigar un poco una historia basada en ese universo.

Entrevista por Lucas García Torralbo y Antonio Llamas Zoby

por teléfono con Carlos Vermut

un viernes siete de noviembre de dos mil catorce.

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