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Lo mejor de todo

Podría empezar esta aventura hablando sobre algún libro de actualidad, pero el cuerpo me pide otra cosa. Raya la necesidad iniciarme hoy, aquí, refiriéndome a él, Ray Loriga, y más concretamente a “Lo peor de todo“. No porque lo considere su mejor libro (aunque bien podría serlo), ni tampoco porque se trate de su primera novela. La razón es simple y suficiente. Es el primer libro que leí de él, y lo último que puedo decir es que me dejara indiferente.

portada-peor-todoHubo una conexión inmediata. Puede que esto se debiera en gran medida a que apareció en el momento idóneo, ofreciéndome justo lo que estaba pidiendo a gritos. Buscaba a Ray Loriga desesperadamente, y no lo supe hasta que “Lo peor de todo” cayó en mis manos.

Los dieciocho me brindaban esa rebeldía, esa sed por descubrir y descubrirme, tan características de la edad. La posibilidad de asimilar todo aquello que esperaba que me definiera. Yo era como un puzzle, iba encajando las piezas poco a poco, con emoción al ir reconociendo mi imagen en ellas. Con “Lo peor de todo”, descubrí a un Loriga que me ayudó a saber lo que pedirle a un libro. Encontré la respuesta, y el reflejo de lo que quería, en cada palabra suya, en su estilo claro, directo y sin ningún tipo de pudor, que te sacude como una buena hostia de sinceridad. Una verdad sencilla, y muchas veces desoladora. Lejos de la descripción minuciosa, su escritura te hace correr a lo largo de sus párrafos, cortos y concisos. Él no pierde el tiempo con rodeos innecesarios para contar algo que se puede decir con dos palabras.

Experto en personajes que se alimentan de recuerdos del pasado. Individuos que a menudo se ven superados por la vida cotidiana, lo que les lleva a vivir en los márgenes de la realidad, imaginando un mundo diferente, donde las cosas pueden ser más leves, menos malas.

“Si te pones a pensar en los sitios donde has estado y la gente con la que has andado, y todas las tonterías que no debías de haber dicho, te mueres.”

“Lo peor de todo” me abrió el camino, y el resto de la obra de Ray Loriga me llevó de la mano durante todo el recorrido. Esos años de los que hablaba antes ya han pasado, casi he completado mi puzzle, pero la conexión continúa inalterable. Libro a libro, releyendo más de una y más de dos veces “Caídos del cielo”, “Trífero”, “Héroes”, “Ya sólo habla de amor”, “Tokio ya no nos quiere”, “Días extraños” y, cómo no, “Lo peor de todo.

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