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Miren Iza (Tulsa): “Capa por capa, sonido por sonido, fuimos buscando mucho cada textura”

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Miren Iza vuelve de New York y después de un año entero componiendo y trabajando en el nuevo proyecto, Tulsa vuelve a la carga con “La calma chicha”. Quedamos con Miren en un castizo bar cerca de República Argentina, tomamos un té, un café y esto fue lo que pasó:

Para romper el hielo, y empezar por donde debe ser, lo primero de todo felicitarte por este nuevo disco y comenzar preguntándote. ¿Cómo ha sido el trabajo de producción del mismo con Carasueño y Charlie Bautista?

Quedamos un día para decidir que efectivamente íbamos a ser nosotros tres los que íbamos a unirnos para construir el disco. Hacíamos quedadas, primero en mi casa, yo les enseñaba un poco las canciones a medida que iban saliendo y luego, íbamos a la casa de Carasueño a grabarlas. Canción por canción fuimos haciéndolo y bueno, era una habitación muy chiquitina, nos juntábamos con el ordenador y capa por capa, sonido por sonido fuimos buscando mucho cada textura.

Fue un proceso muy dilatado en el tiempo porque no pudimos quedar todo lo que nos hubiese gustado, pero yo creo que al final eso le ha favorecido al disco. El hecho de que hubiese espacios entre sesión y sesión yo creo que le ha venido bien, nos permitía pensar más la canción que estábamos trabajando y la siguiente también.

¿Durante cuánto tiempo estuvisteis grabándolo? Y, ¿de dónde sale el nombre de “La calma chicha”?

Tardamos un año con huecos muy largos (un mes o mes y medio entre canción y canción), en total, desde julio de 2013 hasta julio de 2014.

En cuanto al nombre del disco… Una vez oí esa expresión a alguien y me pareció tan bonita, ¿no? Y el sonido de chicha es como muy potente. Además, el significado es todavía más bonito. Ese tiempo de espera, en el que no te queda más que pensar, ¡hasta que al viento le de por aparecer y te empiece a mover!

¿Y la portada de “La calma chicha”?

La portada del disco la hizo Juan de la Rica, que es un pintor bilbaíno. La verdad es que tenía muchas ganas de trabajar con él. Ya tuvimos un intento fallido con un disco recopilatorio que al final nunca salió, así que al sacar este disco ya sabía que iba a llamarlo; además, este estilo onírico que tiene le viene muy bien.

Después de anunciar en 2011 que te alejabas de los escenarios (salvo contados acústicos) y ahora sacar “La calma chicha”. ¿Había cierto temor por cumplir las expectativas que pudieran generar este nuevo disco? ¿Cómo fue la primera respuesta que te llegó de ese adelanto En tu corazón solo hay sitio para los suburbios?

En cuanto a las expectativas, al revés. Cuando te vas hay como una especie de liberación brutal y recuperas mucho la libertad inicial. Nunca he tenido mucha presión con la expectativa exterior con ningún disco; con el primero por supuesto nunca se tiene, con el segundo disco se suele decir que el bloqueo es mayor pero tampoco lo sentí y ahora incluso mucho menos. Lo que haces es por mera diversión, es que no hay expectativa. De hecho, no sabía ni si lo iba a editar, al principio no teníamos sello ni fechas.

Y, ¿la primera respuesta? Muy buena, lo que pasa también es que la gente es muy amable y te dicen las cosas buenas. La sensación era buena, nosotros estábamos muy contentos con lo que habíamos hecho.

A propósito de tu mudanza a New York  y de conocer que diste un descanso para Tulsa, escuchando el disco veo que pasaste de “Lo único que veo es una enorme y triste catedral” (Oviedo) a “llueve, llueve, llueve en Brooklyn hoy”. Es evidente que tu traslado a una ciudad tan cosmopolita ha producido cambios en las letras, pero si hablamos del sonido, ¿irte a vivir a NY a influido en que este disco sea más “electrónico”?

Yo tengo recuerdos previos a irme de mirar cachivaches en tiendas y ya sentía esas ganas de cambiar un poco de “vehículo”, de introducir nuevas texturas y formas. Lo que pasa es que allí ves muchas cosas muy diferentes y al final, tu estado mental es mucho más permeable y sin saber de qué manera, esto habrá influido en todo el disco.

También allí sientes esa sensación de libertad, de menos responsabilidad con algo que consideras que es tuyo  ¿no? Tienes hasta ganas de traicionarte. Allí se tiene una relación con el arte como más espontánea, menos acomplejada. Esta cosa “yanqui” que a veces nos chirría mucho pero que por otro lado tiene esa parte buena, de que son más desacomplejados. Aquí en España, tenemos un tono más grave, nos pensamos mucho más las cosas.

¿Hay alguna canción que esté en “La calma chicha” que sea rescatada o que pertenezca a la etapa anterior a irte de España?

Tenía muchas de ese periodo pero no rescaté ninguna y yo creo que… No, no las voy a rescatar.

Y si hablamos ya de canciones concretas del disco, por ejemplo, el tema de Los ilusos que lleva el mismo título que la última película de Jonás Trueba (el cual también dirigió el primer videoclip de “La calma chicha”), ¿tiene esta canción alguna relación con la película “Los Ilusos”? Y, ¿qué tal fue el rodaje del videoclip “Oda al amor efímero”?

Con “Los Ilusos” tiene relación porque nada más volver vi la película y me gustó comprobar ese Madrid y esa sensación de ver que había gente haciendo cosas al margen del circuito habitual  de distribución, muy libres, me gusto muchísimo, me impactó. En la canción hay una alusión indirecta “no podía dormir, no podía olvidar esa película” que se refiere a esta película. Luego conocí a Jonás y le pregunté si podía ponerle su título a mi canción y a él le pareció estupendo. A partir de ahí nos fuimos haciendo amigos hasta el punto de participar haciendo la banda sonora de su última película. Que Jonás me la encargase fue un súper reto pero mágicamente funcionó, de una manera bastante milagrosa.

Por otro lado, el rodaje del videoclip formaba parte del rodaje de la película. Nos fuimos de viaje todos, caravana, 4.000 kms y después, al acabar la película se hizo en el camino de vuelta. Con el mismo espíritu, los mismos actores, la misma furgoneta… Cuando veáis la peli os daréis cuenta.

Seguimos despedazando las canciones del disco. Para ilustrar la siguiente pregunta me quedo con la primera frase de Oda al amor efímero: “Podría pasarme la vida lamiéndome las heridas y aún así no cicatrizarían”. Tus letras tienen un cierto tono atormentado, apenado, con cierto halo de esperanza o de luz al final… La verdad es que no sabría muy bien cómo definirlas; pero sin caer en el morbo me gustaría preguntarte, ¿cuánta parte de las letras son Miren Iza, autobiográficas como tal, y cuánta parte es creación artística o historietas inventadas?

Hombre, hay una parte innegable de mi en las letras.

También creo que por un lado yo hago canciones para expresar cosas que no digo con la palabra, en ese sentido, quizás sea una forma de “exorcizar”… Y, por otro lado, igual que en las películas o en los libros, yo creo que las canciones también necesitan ese halo dramático, retuerces un poco más las palabras para darle otra intensidad. Pero… ¡Tampoco creo que las letras sean tan catastróficas!

De todas formas en este disco sí he tratado de quitarle un poco de peso a esto, porque yo también me sentía más ligera.

Alguna vez te hemos visto compartiendo escenario con Ricardo Lezón de McEnroe y esta vez, en “La calma chicha” se materializa aún más esta unión en el tema Bosque. ¿Nos cuentas algo sobre esta canción y tu afinidad con Ricardo?

Somos amigos desde hace muchísimo tiempo. Nos conocimos en Getxo, donde vivíamos los dos y donde yo trabajaba en su hamburguesería. Desde el primer disco de McEnroe él me pidió que participara y yo encantada de la vida, feliz, porque le admiro muchísimo, me encanta cómo escribe y participar para mí eran regalos absolutos. Entonces pensé que si a mí me hacía ilusión a él también y además era una especie de deuda que tenía con él.

Con Bosque pensé en Ricardo, y trata de ilustrar de alguna manera esos días que pasamos y esa sensación de extrañeza frente al mundo, ¿no? Cuando te alías con alguien, compartes algo y hay como una especie de barrera con todo lo demás. Es completamente ilusorio, atemporal y seguramente falsa, pero sí que quería meternos ahí a refugio a los dos.

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Ahora me gustaría proponerte algo, es una tontería en realidad, pero por romper un poco la dinámica de la entrevista. Yo te propongo palabras sueltas y tú me dices lo primero que se te pase por la cabeza:

Si yo te digo Electrobikinis… ¡Guao! ¡Pues te diré serpiente!

¿Oviedo? Es lluvia y orbayu.

Matxixaco: Viento.

Limonakis: Grecia, cuestas.

Invierno: Plácido.

Verano: Averno.

Ignonauta: Peces.

Espera la pálida: Tolosa.

La calma chicha: Es… la paz…

Antes de acabar me gustaría comentar contigo un poco su próximo concierto este jueves 12 en la sala El Sol. ¿Vais a acercar a este nuevo sonido las canciones anteriores de Tulsa?

En realidad, tampoco tocamos muchas canciones antiguas sí que sufren mutación porque la banda es distinta y es inevitable, pero no se trata de pasar por el mismo filtro las canciones. Yo creo que en su naturaleza eran de una manera y así son. Si que he tratado de probar, por ejemplo, hice una gira por Estados Unidos con Oliviera Son, que tiene mucho control sobre bases eléctronicas, y sí que ahí hice una mezcla total. Por ejemplo, Contigo tocaré el cielo la tocaba electrónica totalmente y la verdad es que por momentos iba muy bien pero ahora con esta banda, con el disco ya sacado y construido no, tocarlas así era como experimentos personales para preparar el disco. Y creo que ahora esas canciones quedaran así, me gusta respetar esa variante… ¡Ahora te estoy diciendo esto y la semana que viene empiezo a trabajar bases para ellas! Pero bueno, de momento me gusta que coexistan las dos.

También quería preguntarte acerca de la nueva formación que llevas para el directo. Ya sabemos que estarán contigo Marti de Mucho o Javi Carrasco “Betacam” entre otros pero, ¿cómo ha surgido esto y que tal es trabajar con ellos?

Sí, la verdad es que estoy encantada, estoy muy contenta. Cuando me dijeron Javi y Charlie que iban a poder hacer el directo fue como… ¡Dios mío no! ¡Otra vez a buscar! Además es complicado porque es un perfil muy determinado de músicos, porque tienen que saber manejar sintetizadores; igual un guitarrista es buenísimo pero no está familiarizado con esto, entonces no valdría.

Creo que fue Charlie quien me habló de Martí y de Javi me habló Jimmy de Tuya. Pronto los conocí, me cayeron súper bien y eso es lo más importante porque no se puede ir a una gira si no quieres a la gente con la que vas, no tendría sentido. Ahora hemos añadido a Ramiro Nieto, que es el batería de The Right Ons. A las bases añadimos una batería y yo creo que le da un punto muy guay.

¿Qué canción de las nuevas o de las antiguas es la que más ganas tienes de tocar en directo? ¿Cuál crees que puede gustar más?

Hay varias razones, con la que más disfruto yo quizá no coincide con la que más le guste a la gente. De este nuevo disco me gusta mucho precisamente como está quedando Bosque porque es la más diferente para nosotros, tiene como un rollo que yo no había transitado antes. Y también tengo muchas ganas de tocar Oda al amor efímero porque la vamos a hacer diferente. En los conciertos de preparación la hacíamos de una manera que no acababa de funcionar del todo con la base y ahora hacemos una base real, una “batería basificada”, tengo muchas ganas de ver qué pasa con “Oda”.

Y de las antiguas, me gusta mucho Tus flores porque es muy bestia y tengo un lado punky que no puedo matar y siempre me quedo muy a gusto.

Bueno, nos despedimos ya, pero no sin antes pedirte una recomendación musical como siempre solemos hacer. De lo que quieras, lo que estés escuchando ahora mismo, un grupo que te haya marcado… ¡Lo que quieras!

Pues estoy escuchando ahora mucho (es tardío ya) un disco de Gil Scott Heron que es un soul man de los 70 que murió en 2011 y en 2010 un productor, Richard Russell, le cogió y le sacó un poco del ostracismo donde llevaba más de 10 años ahí el tío y le grabó un disco increíble. Lo consideran un poco como el padre del rap. Richard Russell mezcló su voz ya añeja y cascada con unas bases, unos sintetizadores e hizo un disco que se llama “I´m New here”. Lo estoy escuchando mucho últimamente y no sé porque, ya había oído antes canciones sueltas, pero el disco completo es una barbaridad.

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