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Miguel Brieva: “Nuestra sociedad es una especie de locura”

Ilustración de "Lo que (me) está pasando" de Miguel Brieva.

Ilustración de “Lo que (me) está pasando” de Miguel Brieva.

Miguel Brieva no es un dibujante al uso, él lo dice y lo confirma en la entrevista. En plena explosión de la ilustración y la novela gráfica en nuestro país, su estilo más cercano al humor gráfico, negro y realista le han convertido en un historietista que se le reconoce de inmediato al ver una viñeta suya. Tras anteriores trabajos, publica “Lo que (me) está pasando”, su primera novela gráfica donde su protagonista convive en un mundo alucinatorio como alternativa y escapismo a una realidad cada vez más terrorífica. Hablamos con Miguel acerca de este nuevo libro y todo aquello de lo que se habla en él: la juventud, el crisismo, las drogas y el descontento social.

 

Tras leer “Lo que (me) está pasando”, ¿hoy día es mejor vivir en la fantasía que en la realidad?

Bueno, yo te diría, como experiencia propia, casi ligada a mi infancia, no se trata de un escapismo, sino de un complemento de la propia vida. La fantasía, la imaginación o los mundos inventados. Para mí, de hecho, los sueños no son una fuente de inspiración, sino una parte de la vida misma. Sobre eso, incluso, habría mucho que pensar, gente que apunta que tal vez los sueños tienen más importancia de la que podemos pensar a la hora de configurar al ser humano. En sus albores, digamos. Yendo un poco al cómic en cuestión, una de las cosas que yo he querido tratar es la propia idea de la locura, por ejemplo, lo que se considera salud mental en nuestra sociedad. He querido transmitir un poco cómo nuestra sociedad es, en sí misma, una especie de patología o de locura, no ya solo porque los que gobiernan sean psicópatas locos, que lo son, sino porque basta con ver una franja horaria, cualquiera de la emisión, para percibir un mundo completamente esquizofrénico y absurdo en el que en el telediario se nos dice estar en contra de la violencia contra las mujeres, pero en el siguiente anuncio están cuatro como tirándose encima de una tía que, por supuesto, es una mujer objeto…

En fin, toda esa esquizofrenia, o Mariano Rajoy y los políticos hablando de qué ha afectados están por las cifras del paro, cuando en el fondo es evidente que les importa una mierda y además todo lo que hacen a diario es para aumentar el número de parados o, si no es para aumentarlo, sí para reducirles drásticamente sus ingresos a los futuros trabajadores para ir deconstruyendo la sociedad o todo lo bueno que se ha ido haciendo en la sociedad. Frente a esa especie de locura social quizás esa huida a través de la imaginación no deja de ser una salida probablemente de las más sensatas.

Es el sálvese quien pueda, no nos queda otra que escapar como sea.

¡Exacto! Luego también es interesante porque como vivimos una época en la que se ha sobrevalorado el uso de la tecnología, ¿no? Vivimos en un mundo en el que si hay algún problema parece que es la tecnología la que lo va a solucionar. Nadie se plantea quizá no avanzar tanto tecnológicamente y vamos a cuidar y a recuperar lo importante para la vida, como es el aire, el agua, la alimentación, la sociedad. Digamos que esa sobrevaloración de la tecnología es solo propiedad de este tiempo, porque a lo largo de la historia de la humanidad, e incluso en los orígenes, en la Prehistoria, el uso de la imaginación, o sea de las herramientas subjetivas del ser humano, como son la creatividad, la capacidad de simbolizar, es lo que nos ha hecho humanos.

La tecnología no se ha empezado a desarrollar de modo galopante hasta la Revolución Industrial. Digamos que ahora como sociedad hemos dejado arrinconada algunas de nuestras capacidades más importantes, como es lo creativo, y de hecho ahora en los programas escolares que se van imponiendo cada vez más locos, todo atisbo de pensamiento, filosofía, imaginación se van quedando arrinconados y lo único que se valora es que los niños aprendan a manejar una Tablet para cuando pasen a la oficina ya puedan muy rápido trabajar o en la cadena de montaje… O sea, es una sociedad deshumanizada. Frente a eso, yo creo que hay que reivindicar las tareas creativas, la imaginación, la intuición y todo ese tipo de cosas.

Totalmente. El “prólogo” que tiene tu novela gráfica a mí me ha recordado que esta crisis de la sociedad no es algo nuevo, sino un desencadenante de sucesos, que a unos más que a otros ya llevaba tiempo afectándonos, y ahora ha estallado y se ha mediatizado más.

¿Dices el proceso este de crisis? Si uno lee a un economista que no sea los economistas tarados del Fondo Monetario Internacional, gente que realmente le preocupa la disciplina de la economía, pues te encuentras que hay gente lúcida que desde hace décadas, desde los años 60 o antes, el propio Marx mismamente, un poco adivinaban la naturaleza de crisis permanente que implica nuestro sistema económico. Y no hay más que rastrear en el s. XX todas las series de crisis que ha habido, la del petróleo, el crack del 29, la crisis de los 90… Prácticamente en cada década ha habido una, porque es un sistema que es una locura en sí misma e implica constantemente para que funcione la existencia de crisis, cuando no económicas el planeta se está destruyendo, la gente cada vez vive peor, el Tercer Mundo está arrasado… Cuando no hay una crisis económica hay todas las demás crisis, ¡y cuando es económica las demás se enfatizan más! Es realmente muy loco.

El que ahora nos hagan creer que esta crisis es un episodio pasajero es una gran mentira. Se va concatenando con toda esa tradición de crisis, pero aparte esta es ya como “la madre del cordero”, por eso yo hablaba en el cómic, en un momento dado, que una de las alucinaciones dice que lo que viene a partir de ahora es el “crisismo”, un estado de permanente crisis y de asumir esa crisis. Es curioso, porque el término “crisis”, que viene de la medicina, alude a un periodo muy concreto que dura unos minutos, tal vez unas horas, donde dentro de una enfermedad se produce un episodio en el que la vida del paciente está al borde del colapso. Es un momento de vida o muerte. Estas escenas que salen en las películas de “¡Se nos va, se nos va!”, eso es la crisis. Aplican ahí los aparatos, a los veinte minutos han conseguido reanimarlo, ya no hay crisis y vuelve a una situación estable. ¿Cómo se aplica eso en la economía? Resulta que una crisis no dura unos minutos ni unas horas, llevamos 7 años. Esto que hay en la ciencia médica es un estado entre la vida y la muerte, y resulta que ahora es nuestra normalidad. Acostúmbrate. Este es el escenario al que nos enfrentamos todos y al que se enfrenta el protagonista del cómic, esa sensación de “ah, ahora resulta que la realidad que tenemos que asumir y que es la mejor de las posibles es que vamos a estar al borde de la vida y la muerte permanentemente”. Entonces esto genera un abatimiento, una desesperanza, que es en la que se sume él. Encima es un tío que está en el paro, que ha pasado por una serie de trabajos precarios… Bueno, es la historia de muchísima gente que tú y yo conocemos.

Incluso mía, en cierto modo. Hoy día raro es quien se salva.

Pues exactamente, y mía. Pues hablar, por ejemplo, del “emperdedor” frente al emprendedor, yo soy un autónomo y me siento un emperdedor porque yo estoy tratando de sacar cosas adelante, al igual que estáis vosotros con vuestro esfuerzo, y yo veo que las grandes instituciones lo que apoyan es a los millonarios, a los grandes grupos empresariales, y al pequeño comercio y el empresario lo que hace es poner trabas constantemente para que al final acabemos desistiendo de ese intento de emprender sincero y nos acabemos convirtiendo en unos parias y trabajando en cualquier Carrefour o lo que sea por cuatro duros. Es en lo que estamos. Estamos en ese proceso de destrucción social para convertir a las personas en semi esclavos.

Ilustración de portada de "Lo que (me) está pasando" de Miguel Brieva.

Ilustración de portada de “Lo que (me) está pasando” de Miguel Brieva.

¿Y cuál crees que sería una solución a este “crisismo”? ¿Por dónde habría que empezar?

El título del libro hace alusión al decir “Lo que está pasando”, pero también “Lo que me está pasando” porque hay un primer paso que es el de cobrar conciencia cada uno de nosotros, y también cobrar conciencia de hasta qué punto este sistema nos engatusa con una serie de supuestos lujos, ya sea desde los gadgets tecnológicos o ciertos usos de consumo o modos de vida a los que probablemente si queremos aspirar a una sociedad mejor tenemos que renunciar porque son ecológicamente insostenibles. Entonces, una sociedad mejor, una sociedad sensata, probablemente tendrá que ver hasta dónde tenemos que seguir depredando los recursos naturales y marcar un límite. Si tenemos un bosque del que nos abastecemos lo que no podemos es talarlo entero en un mes, y ya el resto de la vida morirnos porque ya no tenemos leña… Pues entonces habrá que replantar o racionar la leña para que nos de para todo. O sea, un proceso de sensatez, que es lo contrario al capitalismo, que es un proceso sin límite de consumo de todo. Yo creo que la solución evidentemente pasa por una concienciación de cómo funciona el mundo, incluso por una autocrítica de cada uno de nosotros, pues es muy complejo y hay que hacer un esfuerzo de imaginación muy fuerte para darnos cuenta de qué tipo de conexiones hay, puesto que vivimos en un mundo globalizado en el que consumimos cosas que se fabrican en la otra punta del mundo muchas veces por gente en situaciones que ni nos imaginamos. Estamos todos pringados hasta el cuello en eso y debemos hacer autocrítica. Pero luego también, otra de las cosas que se propone un poco en el libro, es esta idea de que no podemos pensar que va a haber soluciones individuales y que las únicas soluciones que pasan salen por juntarnos con los demás. No juntarnos para votar cada cuatro años, en esa abstracción que son las elecciones, sino juntarnos de verdad y saber que tenemos que sacarnos adelante los unos a los otros.

En ese sentido algunos primeros pasos se están dando en este país, en concreto porque por primera vez, y a raíz del 15M, tenemos la posibilidad en este ciclo electoral que va a haber por delante de elegir alguna opción por lo menos que plantea algo distinto. Alguna alternativa, que no sabemos si va a salir todo lo bien que puede o no, porque somos humanos y las cosas son muy complejas, pero por lo menos es que votando a la gente de antes vamos a tener lo mismo, va a ser una continuidad hacia peor.

¿Cuánto hay de Víctor Menta, el protagonista de tu cómic, en Miguel Brieva o en su entorno?

No es mi caso, pero en mi entorno sí, yo conozco y creo que todos tenemos buenos amigos que están en situaciones jodidas por esto. Por digamos que de ocho años para atrás hubo un momento de bonanza, que por otra parta también era bastante ilusoria porque iba a lomos de la burbuja inmobiliaria y otro tipo de especulaciones, pero mucha gente, porque al final lo que importa son las vidas de cada uno de nosotros y nuestras percepciones, montó su vida, consiguió un trabajo, se ilusionó que iba a poder realizarse en lo que le gustaba y que iba a llevar su vida más o menos agradablemente y, de repente, eso ha colapsado. Muchísima gente muy joven ni siquiera ha llegado a poder desplegar las alas porque ya se han dado con una pared y muchos otros, ya más de mi generación, que incluso llegaron a tener una trayectoria laboral, están en el paro y están sin dinero preguntándose cuál es su futuro. Es algo que yo percibo a mí alrededor y que cualquier ciudadano que vaya por la calle lo percibe. Sí yo creo que hay más cosas que tienen que ver conmigo, al margen de reflejar personajes que todos conocemos, y que, por supuesto, también conozco, son ciertas reflexiones, sobretodo las partes más alucinatorias en los que hay elementos de lo que le rodea que le hablan, pues sí tiene que ver con cosas que yo pienso y he tratado de transmitir a través de esa vía.

Incluso a mí esas partes más alucinatorias me recordaban mucho a tus anteriores libros.

Sí, sí, he utilizado muchos de mis recursos, tampoco me he inventado nada nuevo, vamos.

¿Y cómo ha sido el paso a la novela gráfica? Es la primera tuya así propiamente dicha, pues tus anteriores eran otro tipo de libros, ¿había un cierto miedo previo?

Sí, porque en realidad yo le tengo mucho respeto a los géneros. Por ejemplo, el género de la narrativa, por intuición uno sospecha que puede tirar por aquí o por allí, pero realmente no tienes certeza de nada, ni de si estás haciendo un cliché o algo original; también te comes mucho la cabeza. En cualquier caso, yo soy muy lector de cómic, al igual que de literatura, entonces es algo que… Por ejemplo, hemos visto tanto cine que creo que todos tendríamos una intuición aproximada de cómo hacer una película, que puede salir mejor o peor, pero los recursos los tenemos. Yo llevaba tiempo queriendo desarrollar así una historia más larga, tenía un par de guiones que no son este, porque este surgió de una propuesta que me hizo la editora, Mónica, pero es algo que yo ya tenía en la cabeza y que si no había podido afrontar es por una cosa que es muy sencilla y es que hacer un cómic implica un año de trabajo en el que estás tú sin levantarte de la mesa, ¿y de qué vives ese año? Los otros libros han sido muchas veces recopilaciones de colaboraciones que yo hacía con medios y yo vivía de ese proceso de ir haciendo colaboraciones, y luego ya podía sacar el libro. Pero claro, aquí tú tienes que trabajar desde 0, poner el libro en venta y luego, a lo mejor si se vende, dos años más tarde te darán algo. Es como una apuesta muy en el aire. Entonces aparte de que es un trabajo creativamente que es un reto, hay una cosa muy básica y práctica que es esto de mantenimiento en ese periodo. De hecho, yo creo que por eso, aunque ahora se hace mucho cómic en España, tiene un mérito increíble y yo que no soy un dibujante de cómic al uso se le reconozco a los dibujantes que sí han hecho muchas novelas gráficas.

Sí, porque ahora hay una, digamos, “explosión” de novelistas gráficos españoles. Quizá tu toque es más cercano al humor gráfico que el de muchos de ellos que se caracterizan por un estilo más naíf.

Vamos a ver, yo es que creo que nuestra generación, la mía, la tuya y las venideras, estamos ya tan trillados audiovisualmente que nos es mucho más cómodo comunicar a través de imágenes o combinando imágenes y palabras que a través de texto puro y duro. Digamos que en otros periodos esa necesidad se ha canalizado a través de la literatura y en la actualidad la novela gráfica es como si estuviera comiéndole terreno a la literatura tradicional, al texto solo. Luego aparte se da otro proceso, que yo, por ejemplo, cuando empecé no existía y es que, de repente, se venden, es un mercado, se genera un mercado. De repente tienes muchas editoriales, y ya no sólo de cómic, sino literarias, que cada día se están embarcando más en abrir líneas y sellos editoriales de novela gráfica o de álbum ilustrado, incluso de humor gráfico. Vivimos un boom de lo visual, lo ilustrado, en el mundo editorial. A mí es un género que me gusta y entonces me alegro, porque soy muy consumidor de esto. Ahora, pues hay de todo, cosas mejores y cosas peores, como en el cine, la música y en todo. Me parece que tiene una cosa buena en tanto que yo soy dibujante y me alegro, y me parece que también es síntoma de una cosa peligrosa que es un proceso de analfabetización de la sociedad.

Y, en gran medida, este boom viene propulsado por las redes sociales, ¿no crees? A través de ellas estas novelas gráficas e ilustraciones se han hecho muy virales.

Sí, eso por supuesto. Yo ya empiezo a ser viejuno, y aparte no soy muy fan de lo tecnológico, o sea que lo uso lo justo y tal, pero claro, te das cuenta de hasta qué punto ahora ese es el medio de difusión y ese es el pistoletazo de salida. El que no se mueve ahí digamos que desaparece para una buena parte, sobre todo para la gente más joven.

Ilustración de "Lo que (me) está pasando" de Miguel Brieva.

Ilustración de “Lo que (me) está pasando” de Miguel Brieva.

Volviendo a tu cómic, me ha hecho mucha gracia esa parte a modo de “sit com” donde los jóvenes emperdedores se reúnen en el banco del parque, ¡porque en mi barrio eso sucede! Todos los días, llueva, nieve o sea de madrugada, ahí está en ellos en el banco. Parece “el consejo de sabios” solucionando el mundo, hablando de los temas más delirantes a las mayores verdades.

Sí, sí, ¡es que es así! (Risas) También en el final del cómic el escenario es un parque, que es un parque literal donde yo he ido mucho últimamente, porque hace dos años tuvimos un hijo y veo ese ambiente y me acuerdo yo de cuando estaba en el instituto, nos saltábamos las clases, íbamos al patio, nos sentábamos con el litro, con los porros… A mí es que eso me parece muy sano. De hecho, el libro de manera soterrada muestra una visión nada crítica de las drogas, ¿no? Es que a mí me pone enfermo esa visión como mojigata de las drogas, tan enfermiza, porque creo que la sociedad de consumo es la droga más fuerte que se ha hecho nunca, la publicidad es como el dealer más perverso que nos hayamos podido imaginar. Frente a eso me parece que las drogas, y tampoco estoy hablando de meterse locuras, pero saber lo que uno se mete y disfrutar de ese salirnos de nosotros mismos, ya no sólo lúdicamente, que están bien, sino ver la realidad con otros ojos y eso no deja de ser algo que tiene mucho que ver con lo que es el pensamiento, la filosofía. Salirse de nosotros mismos y tratar de ver las cosas con otros ojos. Ese nunca reconocer lo bueno que han tenido las drogas a lo largo de la historia de la humanidad para muchas culturas y la historia del arte y solo obcecarse en que si lo malo del botellón y las drogas me parece lamentable. ¡Yo hago un alegato por el botellón de parque! (Risas)

Otra de las viñetas de tu novela gráfica que he visto con mis propios ojos ha sido de generaciones anteriores que se han visto traicionadas con la situación actual, tal y como le pasa al padre de Víctor, el protagonista, al perder su empleo cuando él confiaba ciegamente en los que gobiernan.

Exactamente, mucha gente se ha dado cuenta, y por eso también el título este, el introducir el “me” con la primera persona, porque parece que hasta que no nos pasa las cosas por nuestro propio cuerpo realmente no entendemos. Es como esta idea, sólo cuando uno ha pasado hambre sabe lo que es pasar hambre, y sino pues te lo puedes imaginar, te haces una abstracción, pero cuando has pasado hambre y ves pasar hambre a otra persona ahí se genera una empatía, entiendes el dolor ajeno, etc. Es lo mismo. ¿Qué pasa? Como una hormigonera que va poco a poco, al principio había una serie de afectados, luego tal y ahora, como dices tú, ya ha llegado a todas las capas sociales. Si no te afecta a ti directamente, le afecta a tu madre, a tu padre, a tu primo, a tu abuela, tus sobrinos… Es que es así.

Siempre terminamos pidiendo una recomendación, y dentro de tu ámbito, ¿hay alguna novela gráfica o cómic que hayas descubierto recientemente que te gustaría recomendar como lector?

Mira, he leído una cosa que me ha gustado bastante, de lo que más me ha gustado últimamente, que se llama “Cowboy henk”. Es muy freak. Lo ha sacado la editorial Autsaider Cómics, que la lleva un dibujante del TMEO que se llama Ata, que es un tío del País Vasco y muy buen dibujante, y la editorial está muy bien y está sacando cosas muy buenas. Este es un personaje que es mítico en Bélgica u Holanda, y es como un derroche de imaginación, de surrealismo, como un personaje tipo de Tintín y, de repente, le empiezas a meter en historias totalmente locas y muy divertidas, algunas de ellas absolutamente geniales. Es lo que más me ha sorprendido últimamente.

 

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