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“To Pimp A Butterfly”, King Kendrick

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Kendrick Lamar.

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Portada de “The Pimp a Butterfly” (2015), segundo disco de Kendrick Lamar.

Tiene ya más de un mes al aire. Petándolo. Siendo durante varias semanas numero 1 del Billboard, recibiendo la bendición y elogios tanto de público como de la crítica, especializada y no, a nivel internacional.  Un album que ha sido llamado a ser uno de los grandes de la década, dentro y fuera del género. Y, sin embargo, si tú, ávido lector, eres de los que solo se guía por medios nacionales, probablemente las palabras “To Pimp a Butterfly” (2015) no te sugieran absolutamente nada.

El silencio nacional con el que se ha recibido la segunda entrega del profeta de Westside Compton, Kendrick Lamar, contrasta con el ruido que ya hizo con su album debut, “Good Kid, M.A.A.D. City” (2012).  Y nunca antes este silencio ha sido tan grave, y a la vez paradójico, pues a más grande la obra, más grande esta siendo su invisibilidad.

La secuela al disco que puso a Lamar en el mapa iba a ser la que le estableciese en el mismo, pero este álbum ha ido mucho más allá. Su nuevo retoño supone un viaje con muchas capas y muchas paradas, y da un salto a nivel lírico y musical que va a poner el listón bien alto para las futuras entregas del rapero.

Se trata de un disco con un discursos muy políticos, que se adentra en la experiencia afroamericana de nuestros días. Qué es, qué significa ser negro en Estados Unidos, qué actitud tienen y debieran tener estos, y cómo llegar a superar la enorme (y muchas veces invisible) opresión que reciben en el primerísimo primer mundo. Pero Kendrick, fuera del pesimismo que esto pueda generar, ya lo advierte desde los primeros segundos que empieza a correr el album: “Every nigga is a star”.

Kendrick habla largo y tendido sobre cómo le afecta su nueva situación de estrella, su relación con la industria del espectáculo, y la relación que eso tiene con su color de piel. Desde la primera Wesleys Theory, These Walls e incluso el segundo single del album, King Kunta, describe cómo la industria ha aupado a la cultura afroamericana , exprimiendo y en muchos casos dejando por el camino a muchos hermanos.

Brutalidad policial, violencia entre miembros de la misma raza, opresión cultural y económica (The Blacker the Berry es un gran ejemplo), así como la vida en el guetto y sus implicaciones (Institutionalized) son muchos de los palos que se tocan en este album, pero siempre y aun a pesar de lo desgarradores que son los temas, se encuentra una redención, una via para revertir tanta negatividad en algo positivo, tal y como  ocurre en el binomio de temas U y I, este último el primer y brillante single  que es una carta de amor al yo, al empoderamiento del hombre/mujer negro frente a los obstáculos y prejuicios socioeconómicos y culturales que suponen su condición.

Musicalmente (no todo va a ser medir la métrica y filosofar sobre las metáforas y símiles, todos queremos rompernos el cuello un ratito también) este disco es una gozada. A diferencia de su debut, Kendrick echa la vista atrás y recupera lo que hizo grande a su barrio ,el G-Funk que fue y es sello Dr.Dre.

Un sonido muy meloso, pesado, donde las trompetas, los saxos , baterias y guitarras lo inundan todo, y que no deja de volverse agridulce y mareante, que concuerda a la perfección con las historias que cuenta K.Dot frente al micrófono. Todo esto se extrapola a lo que es California y LA en si misma, una tierra de leche y miel, pero también de desigualdad, violencia, sueños rotos y amigos que se quedaron en el camino. La segunda parte del album también sigue esa linea, pero la va diluyendo progresivamente y permitiendo otras tonalidades, sin abandonar verdaderamente el funk en ningún momento .

Se trata de una obra sumamente personal, y eso se destaca en la sonada ausencia de colaboraciones a nivel de raperos, ya que esta perfectamente arropado a nivel vocal de coros y estribillos Anne Wise, Bilal, e incluso con nombres de excepción como Snoop Dogg o el siempre excelentísimo George Clinton. Sin embargo, a nivel lírico Kendrick se reserva el derecho a rapear,con excepción de Rapsody en Complexion, insuflándole un sello mucho más sincero y profundo al contenido duro de la obra.

En definitiva, se trata de un disco con muchas capas que absorber, que se degusta despacio, profundo como los problemas que trata, y no por ello deja de ser un disco con bastantes temas accesibles y con una buena variedad de métricas y tonalidades, desde las mas alegres hasta las más combativas, oscuras y agridulces. Fundamental.

En una palabra: N-E-G-U-S.

 

Reseña de Guillermo Mendiguren.

 

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