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La estirpe Panero: fin de raza y espejo de sombras

La editorial Cabaret Voltaire ha reeditado hace algunas semanas “Espejo de sombras”, la autobiografía de Felicidad Blanc, viuda del poeta astorgano Leopoldo Panero, y matriarca de una estirpe sórdida y maldita, los Panero. A propósito de esta edición, repasamos la historia de la familia y revisitamos la cinta de culto “El Desencanto”, dirigida hace casi cuatro décadas por Jaime Chávarri.

desencantoUna madrugada cualquiera te encuentras sin un plan mejor que ver la típica película en blanco y negro que emite La 2 a horas intempestivas. Podría haber sido una clase de literatura de esas en las que el profesor ponía un documental para resumir horas de tediosa lectura, pero le va igual de bien la mantita en el sofá y un bol de palomitas. Al terminar el visionado de El desencanto (Jaime Chávarri, 1976) no sabes bien qué acaba de suceder pero ya tienes dentro el gusanillo de la historia de los Panero. Y tienes que investigar para saber más. Primer recurso: Wikipedia en tu smartphone y a tirar millas. Sin embargo no es suficiente, se abren nuevos interrogantes y una imperiosa necesidad de conocer más acerca de tan ilustre familia leonesa. Descubres que existe una segunda parte rodada con más de 20 años de diferencia, Después de tantos años (Ricardo Franco, 1994), antologías poéticas, artículos de prensa, estudios sesudos sobre la familia o una autobiografía de la madre de la saga. Incluso, rizando el rizo, una canción: El hombre que casi conoció a Michi Panero, de Nacho Vegas. Material de sobra para comenzar a indagar.

panero2Desencantos, desencuentros, desconciertos, malditismo… después de tantos años la familia Panero, de la que no queda vivo ya ni un solo miembro, sigue resultando igual de atrayente. Como el de la obra del escritor canario Francisco Utrera, que glosó vida y milagros de esta familia, un buen título para este artículo hubiera sido Después de tantos desencantos. Independientemente de la historia personal de Juan Luis, Leopoldo María y José Moisés, “Michi”, hijos de Leopoldo Panero y de Felicidad Blanc, madre de los tres primeros, merece la pena escuchar a esos tres vástagos en el filme de Chávarri haciendo alarde de una sinceridad directamente proporcional a su propia decadencia: la de una familia aferrada a una imagen de perfección artificial, cuyos cimientos están carcomidos por la hipocresía y los conflictos entre hermanos. Decía Juan José Millás que El desencanto era “una película cómica de terror”. Y bien podría. Después de verla varias veces sigue palpándose la desazón que generan las películas de miedo, la necesidad de taparse la cara abriendo los dedos porque, en el fondo, es inevitable dejar de mirar en esa película y en la circunstancia entera de esa familia.

El Desencanto es una película irónica, mordaz, toda contradicción. Mejor dicho, las luchas intestinas de sus personajes lo son. Porque el documental se limita a dar rienda a las conversaciones sin apenas edición, con largas y reveladoras secuencias donde la cruda realidad se torna cómica en pleno drama. Al abrir las puertas de aquella casona astorgana donde se rodó gran parte del metraje aparece una familia decadente, caracterizada toda ella por la facilidad para el discurso y la escritura, para literaturizar su realidad.

felicidadJaime Chávarri llegó a decir que la suya era una película de máscaras, que fue rodada durante tanto tiempo que al final esas mismas caretas acabaron cayendo. Sin ir más lejos, se descubre a los protagonistas con diferentes cortes de pelo por haber sido rodada durante muchos meses. Los mismos personajes cambian incluso de parecer en distintos puntos de la película. Michi Panero defiende a la madre, después la critica, traiciona el concepto de su madre. La traición hacia el padre se hace perfectamente patente en palabras de los tres hijos, a quien llaman “el conejo blanco” en alusión al personaje de Alicia en el País de las Maravillas, parodia que ilustran tanto la primera como la última escena con la imagen de la estatua del padre en el Palacio Episcopal de Astorga tapada y amordazada.

Actualmente nos hemos amoldado a la ausencia de intimidad en forma de noticia, programa de telerrealidad u obscenidad consentida en las redes sociales. Cualquier miseria queda al descubierto sean personajes anónimos o públicos sus protagonistas. Pero en los 70 España no estaba tan acostumbrada a tamaño alarde de sinceridad. Los trapos sucios se lavaban en casa y como mucho, se secaban en las peluquerías. leomariaEl Desencanto, estrenada en 1976, fue la última película censurada por el moribundo régimen de Franco, y abandonó la opción de entrar a concurso en el Festival de San Sebastián de aquel año. Una semana después de su estreno en tres salas de Madrid fue retirada de dos de ellos. No llamaba la atención al espectador promedio, no tenía el beneplácito de la crítica, pero no tardó en convertirse en película de culto de la mano de pensadores contemporáneos que aún la reivindican. Sin saberlo, los Panero dibujaron la decadencia de la dictadura cuando la democracia llevaba apenas 6 meses en marcha.

Afirma Chávarri que él solo pretendía meter una cámara en un manicomio de la época, para que las imágenes hablaran por sí mismas, pero ninguna institución psiquiátrica del país le dio permiso. Al conocer a Michi Panero, y con la ayuda de Elías Querejeta, productor de la cinta, decidió hacer un corto que devino en largometraje sobre el hogar familiar de los Panero y sobre su padre, poeta afín al régimen. michiTras su primer encuentro con Felicidad Blanc, propuso la idea a los otros dos hijos, y allí encontró las primeras dificultades. Juan Luis no quería rodar con Leopoldo María, y solo accedió a formar parte de la grabación adoptando una imagen impostada, adoptando el rol de duro, de malo. Ni en El Desencanto, ni en Después de tantos años se puede escuchar conversación alguna entre los dos hermanos mayores.

La película terminó arrinconando al patriarca, convirtiéndolo en excusa, sin posibilidad alguna de defensa de su persona. Según Chávarri, el protagonista indiscutible había sido finalmente Leopoldo María gracias a su universo poético y su torrente creativo. Habló Michi de “fin de raza”, una realidad que confirmaría el tiempo. Los tres hermanos Panero murieron sin descendencia. El último en marcharse fue Leopoldo María, poeta novísimo, declaradamente contracultural, que se despidió de este mundo en 2014 desde el enésimo frenopático en el que había residido. Paradojas de la vida, había protagonizado varios intentos de suicidio desde su juventud. Felicidad Blanc murió en 1990 a la edad de 77 años.

espejocabaretLa editorial Cabaret Voltaire ha reeditado hace algunas semanas las memorias de Felicidad Blanc y Bergnés de las Casas, la matriarca, de profesión “señora de”, nacida para encarnar paso por paso el prototipo de dama altiva de la burguesía aunque con inusuales dotes para la escritura nunca del todo desarrolladas, característica ésta escasamente visible en las mujeres de su generación. Felicidad compuso con la ayuda de la periodista y filóloga Natividad Massanés un retrato de su propia existencia a finales de la década de los 70 del siglo pasado.

La esposa de Panero, uno de los estandartes de la Generación del 36, relató en estas páginas su vida desde el instante mismo de su nacimiento en la madrileña calle Jorge Juan un 3 de febrero, día de San Blas. “El que fuera el día de San Blas y se me pusiera de tercer nombre Blasa, me hizo llorar muchas veces, pues mi hermano, cuando nos peleábamos, me llamaba por ese nombre”. Como una artista amateur que pinta un cuadro naïf, relató con profusión de detalles el gran desmentido de su vida en estas páginas. La película de Jaime Chávarri no constituía a su juicio el retrato familiar perfecto que a esta dama madrileña le hubiera gustado perpetuar para la Historia, motivo por el cual se aventuró, animada por Massanés, a relatar los pormenores de su vida en conversación con ella mientras se grababa su voz, para después encomendarle a la periodista la transcripción y la forma final del libro.

El relato de su infancia y juventud que ahora puede recuperarse en la edición de Cabaret Voltaire es un calco del de la Celia de Elena Fortún, la prolífica autora de literatura infantil y juvenil de los años 30: niña bien de ambiente burgués, costumbres comedidas y travesuras a destiempo. Permanente estado de observación de lo que sucedía a su alrededor. Felicidad se convirtió en poco tiempo en una joven casadera y melíflua, como su propio tono de voz.

feli2Su madurez fue un modélico escenario de bambalinas excéntricas, con el fantasma de su hermana esquizofrénica, Eloísa, pendiendo sobre la figura de Leopoldo María, y un ramillete de familiares a cual más raro. El refranero no se equivocó con su familia, porque “en todas partes cuecen habas” y los Blanc – Bergnés de las Casas no habían sido una excepción. Casada con un hombre problemático al que no comprendía, trató por todos los medios de preservar la reputación de una familia en descomposición, que fue de todo menos intachable. A ratos fue la mala de la película. Otros, el sufrido sostén de unos hijos despendolados. “Mi papel en aquellos años debe de ser bastante desdibujado. Mis hijos crecen sin casi darme cuenta”. En su descargo, su permanente afán por encontrar respuestas a sus inquietudes, que especifica en cada una de las páginas de un libro fácil de leer, escrito en presente de indicativo, con ritmo de guión cinematográfico. A través de los personajes de cada década, amigos y no tan amigos de su marido y de sus hijos, relata la dureza de la Guerra Civil, de la posguerra y del despertar de los sesenta. Un libro, en definitiva, que engancha como un buen culebrón: Espejo de sombras.

Espejo de sombras – Editorial Cabaret Voltaire, 2015

El Desencanto – Jaime Chávarri, 1976

Después de tantos años – Ricardo Franco, 1994

Un artículo de Alex Vaquero e Irene Vaquero

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