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Guía de supervivencia en Varsovia en 24 horas

Hace ocho meses llegué a Varsovia gracias a una beca Erasmus. De la capital polaca sabía poco más que lo que todo el mundo sabe. Sus ocho letras sólo me sugerían mucho frío, cerveza hasta en la leche del desayuno y un pasado plagado de cicatrices de guerra que no hace tanto dejó esta ciudad hecha cenizas. Y aunque en esos tres puntos no me equivocaba, este lugar tenía mucho por enseñarme todavía.

Varsovia es muchas cosas, pero sobre todo es el lugar perfecto para perderse. Con dar una patada a una piedra puedes encontrarte con cuatro bares underground (literalmente, casi todos los bares tienen una serie de túneles o planta baja donde la magia ocurre), una tienda de vinilos o incluso arte urbano en los lugares más inesperados. Y es que puede que muchos no lo sepan, pero Varsovia es una de las capitales más alternativas del momento.

Por lo tanto, si estás pensando en hacerte el guay con tu grupo de amigos culturetas o quieres colgarte una mochila a la espalda y embarcarte en una aventura tú solo sin dejarte mucha pasta, Polonia es tu sito. Aquí va una guía de supervivencia alternativa que te permitirá sobrevivir en la ciudad durante un día en cinco sencillos pasos:

 

Paso 1: Empieza la mañana con un buen café

Foto: Adam Lewandowski

Foto: Adam Lewandowski

El Kafka Café está situado cerca de la Universidad de Varsovia. Lo descubrí una vez de casualidad, buscando un sitio en el que ofreciesen un mísero café acompañado de Wifi gratis (la vida Erasmus es muy dura en sus comienzos). Pero de mísero café nada. Además, los precios son bastante razonables. Por 8 zlotys (lo equivalente a 2 euros) puedes tomar un capuccino bastante bueno o incluso, si eres de los que se levantan con el sol del mediodía, comer por unos 20 zlotys con bebida incluida (5 euros).

Por otra parte, promociona el trabajo de fotógrafos y diseñadores jóvenes, exponiendo sus obras por todas las paredes del local. Una iniciativa bastante chula de la que muchas cafeterías deberían hacerse eco.

Medalla al más hipster: Puedes llevar a tu mascota ya que el menú incluye un apartado de comida para animales.

Paso 2: Piérdete por la ciudad

Visitar el Palacio de Cultura o la Old Town son visitas obligadas. Por lo menos para actualizar tu Instagram, mostrarle tus respetos a la Sirena de la Plaza del Mercado o comprarle un imán a tu abuela. Pero si el tiempo no acompaña, hay varios museos que merece la pena visitar en Varsovia. Además de los de carácter histórico o científico hay algunos muy curiosos como The Neón Muzeum, que guarda una impresionante colección de carteles de neón de la época de la Guerra Fría o el Museum of Cartoon Art and Caricature, que recoge dibujos satíricos o tiras de cómic de artistas tanto polacos como extranjeros.

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Sin embargo, si el clima está de tu parte, puedes aprovechar mientras la cafeína recorre tus venas para ir a la biblioteca de la universidad (en polaco, Biblioteka Uniwersytecka) a leer algo o simplemente, disfrutar de las vistas. Aunque olvídate del concepto de cuatro paredes y silencio. El techo del edificio alberga un jardín en simbiosis con modernas estructuras de vidrio en el que puedes concentrarte en la lectura de Kundera con el Vístula como telón de fondo.

Foto: Mazovia Warsaw Film Commission

Foto: Mazovia Warsaw Film Commission

Si te sobra tiempo, paséate por la calle Tamka, donde está el museo dedicado al compositor polaco Fryderik Chopin. Es la calle dónde la música vive en todos sus estilos y formas. Desde el conservatorio de Varsovia, pasando por varias tiendas de vinilos hasta llegar a cafeterías que de vez en cuando hacen pequeños conciertos acústicos como el OSIR Cycle Culture Café. Incluso puedes entrar en alguna de las tiendas de ropa de segunda mano que hay por allí y hacerte con tu perfecto atuendo hipster. Merece la pena echarle un ojo.

OSIR Cycle Culture Café

OSIR Cycle Culture Café

Paso 3: Tómate, por lo menos, una cerveza polaca

Si al caer el sol echas de menos los baretos de Malasaña, puedes ir ahogar tu morriña en Pawilony, un conjunto de bares situados en la famosa calle de Nowy Swiat (cada uno decorado con una temática diferente y en constante competición por ofrecer el rollo más alternativo) en los que si apareces a la hora feliz puedes acabar abrazado a tu nuevo amigo Pawel antes de las seis de la tarde. Y todo porque en esa magnífica franja horaria las pintas de Tyskie o Warka cuestan 5 zlotys (1,20 euros).

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Por otro lado, si llevas tiempo reprimiendo tu lado freak, haz una visita al Padbar. Decorado con vinilos de varios videojuegos, te ofrece la posibilidad de disfrutar de una rica cerveza mientras rememoras tu infancia jugando al Tekken o al Super Mario, desafías a tus amigos al Guitar Hero en una de las salas insonorizadas o te crees el protagonista de Step Up echando unos bailes con la Wii. Pero, dependiendo de la gente que haya, es bastante posible que te cueste conseguir hacerte con los mandos, así que tendrás que estar rápido y ponerte en modo: “aparcar en el centro de Madrid un viernes”.

Si aun así fracasas en el intento, también tienes la opción de volver a la era analógica rescatando el Monopoly, la Jenga o cualquier otro juego de mesa de los que ofrecen en la barra. Puedes atreverte incluso con el Twister, aunque llevando unas cuantas cervezas no te lo recomiendo mucho.

Paso 4: Sigue el consejo de mamá y cena algo antes de salir de fiesta

Si tienes curiosidad por descubrir a qué sabe la comida polaca puedes probar con uno de los Milk bars (en polaco Bar mleczny) en los que puedes comer por cuatro perras (10-20 pln). Pero que el nombre no te engañe, no te van a poner un Cola Cao calentito. Tienen todo tipo de platos y comidas típicas, aunque si quieres ser valiente, pero sin pasarse, pide unos pierogis o una zurek. Es en lo poco en lo que te puedo asegurar que, a menos que tú quieras, no va a haber mermelada de fresa sorpresa o algo picante nivel fuego del infierno.

Manekin. Lo reconocerás por la larga cola de la entrada. Y sí, te va a tocar esperar tu turno tanto fuera como dentro, pero te aseguro que merecerá la pena. La carta ofrece una gran variedad de crepes salados y dulces. El precio ronda los 10-17 pln, así que tu cartera no sufrirá mucho. Quizá tus arterias sí al final del día, pero va a ser uno de los crepes más ricos que tomes en tu vida, así que enfócate en el Carpe Diem.

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Paso 5: Convierte en un cierra-bares

Una de las cosas mágicas que sólo suceden en Polonia es que ciertos locales como Klub Riviera Remont, Klub Park o Multipub ofrecen barra libre de cerveza por 20 zlotys (10 si eres estudiante) en función del día de la semana en el que te encuentres. ¿El problema? Que si eres un fan secreto de Pitbull se te va a ver el plumero delante de tus colegas porque sólo vais a estar bailando reggaeton hasta la hora del cierre.

Si por el contrario decides mantener tu dignidad, puedes deambular por la calle Mazowieska, donde te toparás con Pijalnia, un sitio donde las cervezas cuestan 4 zlotys (1 euro) y que además ofrece varios tipos de copas o chupitos. Lo curioso de este sitio es que es como una máquina del tiempo hacia la Varsovia comunista. Las paredes están decoradas con periódicos de la época y si vas al piso de abajo encontrarás que no hay un sólo hueco que no haya sido cubierto por un vinilo. Además, las baldosas luminosas y la música de los 60, 70 y 80, son una combinación perfecta para sentirte como Marty Mcfly sin necesidad de tener un Delorean.

Si quieres continuar la noche, y eres un amante de la música house (o llevas demasiado vodka Soplica en vena), puedes continuar por la misma calle para ir a Klubo Kawiarnia o Sketch. Además, en el último la entrada (20 pln) incluye barra libre de gofres. Sí, has leído bien, de GOFRES.

Klubo Kawiarnia

Klubo Kawiarnia

De Varsovia he aprendido dos cosas: la primera es que todo lo que en un principio tiene carácter temporal se termina quedando para siempre (el mejor ejemplo es mi propio caso, que tenía una beca semestral y acabé ampliando mi estancia) y la segunda es que, a veces, es mejor no preguntarse el por qué de lo que ves. Sencillamente, porque por muchas vueltas que le des, no vas a encontrarle ninguna respuesta lógica.

Lo que es seguro al cien por cien es que en Varsovia es imposible aburrirse. Y, como seguramente me habré dejado mil sitios y opciones, ve allí, deja que te guíe el instinto y acaba dando con tus huesos en cualquier sitio. Al final de todo, lo más importante es la compañía. Así que tanto si vas con tus amigos de siempre como con gente a la que acabas de conocer, no te pierdas nada y abre bien los ojos. Porque (y esto te lo aseguro) aquí la realidad le tiene ganada la partida a la ficción.

 

Artículo de Diana Montero.

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