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¿Qué es el cine independiente?: una conversación con Eduardo Quispe

Eduardo Quispe

Eduardo Quispe

Eduardo Quispe es un cineasta peruano que no quiere depender de nada ni de nadie a la hora de crear cine. Sus películas, cinco hasta la fecha, al igual que el manifiesto que publicó en 2011, son reflejo de una forma de entender el cine desde la independencia más radical. En esta entrevista hablamos con él sobre cine y, en especial, sobre su cine y su última película, “5”, en la que una pareja, que se pasea por los acantilados de Lima hablando de amor y de su relación, se acaba convirtiendo en metáfora de un país.

 

Estudiaste Bellas Artes, ¿cómo acabaste haciendo cine, y sobre todo, un cine de guerrilla y no-ficción?

Cuando acabé la secundaria estudié diseño y fotografía, y me acerqué por primera vez de manera seria al cine (es decir, aparte de lo que todo el mundo ve en la TV o en cartelera comercial) y fue una experiencia trastornadora; nunca olvidaré que las primeras imágenes de cine fueron las de “Un perro andaluz” y como conocía a Dalí, entendí esa película como una pieza de arte (por eso creo que todo adolescente debe ver Buñuel, Tarkovski, Bergman, entre otros para no acabar como acaban ahora). Cuando terminé de estudiar diseño, empecé mi formación en la Escuela de Bellas Artes y ahí encontré el videoarte, las video-instalaciones, y bueno, fue demasiado. Renuncié casi por completo a lápices, pinceles, y todo eso para elegir la cámara como instrumento de expresión artístico. Ahí me junté con un par de compañeros de la Escuela que compartían mi entusiasmo y cual cine-yonkis empezamos un cineclub, buscando propuestas cada vez más fuertes, exigentes, transgresoras, arriesgadas, y más a la vanguardia que sea posible. Después de un par de años, decidí que ese era mi camino, así que empecé a buscar mi voz en medio de todas esas, queriendo hacer un cine que busque su propio sendero. Pero no tenía dinero, así que la necesidad expresiva, como la necesidad de dinero, y las inquietudes políticas dieron como resultado el tipo de cine que ahora hago.

¿Qué buscas en las películas que ves? ¿Todas las películas deberían tener esas notas de independencia radical que defiendes en tu manifiesto?

Creo que cada película hace su propio manifiesto. A veces un realizador que se deja llevar por su instinto por encima del dinero y los intereses sub-alternos hace un tipo de cine más interesante, porque no busca complacer a nadie, sino busca levantar el tapete con espectador y todo. Pero, también está el caso de realizadores que buscan cumplir compromisos económicos y profesionales, y bueno, deben vivir de algo, pero el resultado de su película responde a intenciones por encima de esa dinámica. Veamos el ejemplo de David Lynch y su filmografía particularísima, y casi dedicada a la decadencia de la industria de Hollywood, la que finalmente le da de comer. Eso me parece un manifiesto, ahí hay compromiso e integridad. Pero si me preguntas qué prefiero hacer, pues prefiero estar lejos y sin ningún tipo de relación con alguna “industria cultural” que pretende hacer del arte un simple entretenimiento o un producto de consumo.

Fotograma de “5”, película de Eduardo Quispe.

Si tuvieras que hacer un diagnóstico sobre el cine actual, ¿dirías que, salvo contadas excepciones, se encuentra un tanto estancando? En caso de que la respuesta sea afirmativa, ¿en qué síntomas lo aprecias?

Bueno, si nos dedicáramos al cine que está en la pretina de la atención pública, que busca colonizar mentes alrededor del mundo, y que cuenta con todo un andamiaje de recursos corporativos de marketing, podría decir que no está estancado, sino en decadencia, es decir se mueve hacia lo cada vez más espectacular y menos sustancial, es cada vez más absurdo, explícito, y ahora está valiéndose de los hallazgos y valores estéticos de la época (como los de la televisión “reality”). Se está banalizando a la sociedad, se están invadiendo los espacios otrora bastiones de propuestas más interesantes y artísticas, y cada vez hay menos resistencia. Eso puede ser desmoralizador o puede desencadenar la tan necesaria revolución, algo que veo muy remoto, pero al menos debe mantener más a la vanguardia a quienes optan por esa resistencia de forma partisana.

Lo primero que llama la atención de tus películas es el uso de imágenes crudas y directas, ¿buscas con ellas mostrar la realidad tal y como es, sin los filtros ni las “estilizaciones” que suelen imprimirle el cine?

Hay un problema con el “realismo” o “naturalismo” y es que su intento de ser reflejo de la realidad perceptible es sui generis; no se puede presentar la realidad, sino se puede re-presentar o interpretar. Ahora, las interpretaciones que comúnmente vemos en pantalla son inverosímiles lejos de la diegética de la misma película. El espectador que no se cuestiona eso, no conoce otros grados de representación, pues la misma no está presente sólo en el cine, sino que hemos llegado a una especie de “realidad performativa” en la que todo lo que sucede está orquestado por poderes fácticos que hacen las veces de directores y productores de esta gran farsa/película que es la realidad. Entonces, mi interés es que cada película que hago mantenga al mínimo la intervención tanto al registro como al objeto de registro, por ello intento documentar lo que ocurre frente a la cámara sin que se note que estoy ahí (es decir, como director). Suena simple, pero es más complicado que armar un guión elaborado y pretender que todos hagan lo que está escrito en él. Es difícil lograr que la gente salga de ese estado de “realidad performativa” que no “actúe”, o en todo caso, que lo haga desde otro concepto de la realidad, una más íntima, o en todo caso con la consciencia de los hilos del titiritero (que no soy yo como cineasta, sino que está en la “realidad”), y bueno, es muy complicado mantener la cámara atenta a registrar lo que ocurre y que ello sea parte de un discurso anti-discurso cinematográfico, es decir que la “realidad” confirme tu tesis cada vez que enciendes la cámara, que cada plano no sea uno “académico” y que te escapes en todo momento del canon. Quisiera ver si pueden hacer eso los que le rinden culto al plano/contraplano.

Fotograma de “5”, película de Eduardo Quispe.

Has dirigido 5 películas y en todas parece flotar de fondo una idea de resistencia. Tratas, como dijo Fuguet, “problemas que afectan a todos: amores, soledad, inseguridades, marginalidad (de la existencial, no la que “vende”)…” y todos tus personajes, o al menos la mayor parte, parecen estar buscando algo auténtico, algo real, en un mundo que se desmorona.

Está claro que vivimos en tiempos de liquidez social (usando un término de Zigmunt Bauman) en la que todo ha perdido consistencia y se desmorona bajo la ilusión del éxito corporativo que pretende ser el modelo de todas las personas en todas las sociedades. Entre ellos, se manifiestan mis personajes, como dices, en resistencia; ellos viven en medio de la artificialidad y la mediatización de las relaciones y dinámicas sociales y son afectados a pesar de pertenecer a distintas clases sociales. Por ello la mayoría de mis protagonistas no posee profesión, o empleo, o aspira a la realización del tipo ejecutiva. ¿De qué viven? Quedémonos con que simplemente viven. Buscan no dejar de ser seres humanos y esa es una ocupación de tiempo completo.

Creo que estarías de acuerdo con la afirmación de que el arte se renueva y progresa a través de la experimentación. ¿Cómo entiendes la experimentación? ¿Tiene límites? ¿Qué te diferencia de esos directores, como díria Fuguet, “rotterdamianos” que hacen de la experimentación su estandarte?

Cuando la experimentación ya no es un fin, sino un medio para alcanzar algo mercantil, entonces se convierte en fórmula de “éxito”. Godard decía “¿Dónde está Eisenstein ahora? En un anuncio publicitario de Coca Cola”. Los cineastas que hacen esto tienen todo el derecho de hacerlo, pues como dije antes, deben vivir de algo, pero lo que creo es que debe haber claridad. La gente ya considera el cine “experimental” como un género, con fórmulas y todo, y muchos realizadores lo usan para escalar esa especie de escalera corporativa que les ofrece el sistema; si antes hiciste tu peli sin actores conocidos, ni presupuestos altos, luego que ganes un premio, un fondo, una beca o lo que sea, entonces recurres a los actores conocidos y recursos que te eran esquivos. Eso significa que lo que hacías en un primer momento, la experimentación, era sólo un trampolín para alcanzar lo que realmente querías; dinero, admiración pública, tabloides, y alfombras rojas. Ese tipo de cine y ese tipo de cineastas son astutos y merecen la atención que obtienen, pero deben ser claros a la hora de definirse y nosotros a la hora de categorizarlos, si esto fuera necesario. No hay nada de malo que un cineasta sea íntegro y se presente como un profesional que se presta para ser un engrane del sistema del entretenimiento (como lo hacía Andy Warhol). La experimentación en el cine obviamente no está sujeta a estos intereses, ni mucho menos ha llegado a ser domésticada o encartada para ser una “fórmula” como muchas otras, sino que está presente, viva y más subversiva que nunca a partir de la tecnología digital y el broadcasting personal. Ahí hay que buscarla, no en páginas de revistas de chismes de sociedad.

Hablemos de “5”, uno de los logros de la película es plasmar con naturalidad esas conversaciones de pareja, en las que los conflictos se esconden tras los gestos y las palabras. ¿Cómo prepararon los diálogos? ¿Hubo guión o improvisaron siguiendo una serie de pautas de por dónde debía avanzar la conversación?

Con Jamil Luzuriga (la actriz que protagoniza conmigo “5”) tuvimos un largo y arduo trabajo de mesa, conversamos mucho sobre cada situación que vivirían los personajes y la pareja de la película. El punto central era que ninguno actuara, que no se note ningún “parlamento” escrito y que para mí resulta odioso en una película (los guiones literarios funcionan en el papel, pero la gente “real” no habla tan artificialmente), y que en pantalla se vea que somos una pareja que se graba a sí misma, que titubee, que tartamudee, que divague en ideas, que le cueste articular y gestualizar puntos de vista que están claros en su mente, pero son difíciles de expresar en palabras. No me gusta el término “improvisación” pues fuera del ámbito musical es un poco peyorativa, y se confunde con ausencia de planificación. Más bien fue un trabajo que apelaría a la espontaneidad para ser verosímil y dependía de la habilidad de ambos para convencer de que “no estábamos actuando” a quienes nos observaran. Hay mucho de ella y mucho de mí en cada personaje, pero bajo el rigor del planteamiento inicial que le hice a través de un borrador de la película. Lo genial de trabajar así, es que sacas cosas de la gente que ni te imaginabas. Se crean situaciones que serían imposibles de escribir en un guión rígido, pero todo desde un buen balance de “accidente controlado”.

Fotograma de “5”, película de Eduardo Quispe.

Los protagonistas, él y ella, pertenecen a distintas clases sociales y hablan sobre el amor, en general, y sobre su relación, en particular. ¿Tenías la intención de reflejar como la clase social de cada uno de ellos había influido en su forma de pensar? Más que una historia sobre una pareja, ¿“5” es un retrato de las heridas abiertas de Lima, de Perú?

Sí, la idea de “5” era realizar una metáfora de la realidad de mi país y sus muchas fragmentaciones sociales, pero no del modo de culebrón de telenovela en que chica rica se enamora de chico pobre, sino que ambos a pesar de ser de distintos estratos, tenían en común la idea de ser “sin-clase” y eso mismo era para su relación, pero encontraron que esas diferencias pesan más que su voluntad. En “5” antagonizan 2 formas de ver el mundo, una más idealista y otra más práctica y funcional, porque curiosamente las fuerzas progresistas del mundo se sostienen de la utopía, los ideales y la teoría, mientras que las fuerzas más conservadoras se imponen porque optan por el pragmatismo y el mero instinto de supervivencia. Ahora, en medio de esa dialéctica está la clase política que son los responsables visibles de la toma de decisiones.

Ocurre entonces que en este tiempo, desde que cayó la dictadura fujimorista en mi país, los gobernantes y autoridades peruanas pertenecen (o nos hicieron creer que pertenecen) a un sector de clase media/alta que llegó al poder con un discurso progresista y de reivindicaciones sociales, por lo cual que fueron atacados por todos los canales y medios controlados por el gran empresariado y los lobbys multinacionales que tienen sus intereses en juego. Pero aun así, las mayorías desplazadas del llamado “desarrollo económico” de mi país impusieron su voluntad a través de los procesos electorales. Lo trágico-cómico de esta situación (por salud mental uno necesita reírse de estas cosas) es que ni bien llegaron al poder, se aliaron a los poderes fácticos y al gran empresariado, haciéndose más conversos y estando más a la derecha que Milton Friedman (esto se ve en la presentación de teatro callejero). La película es una ilustración de todo eso, pero que está representada por una microporción de esa sociedad, en ese caso, la pareja cuya relación de amor estaba basada en ideales que finalmente fueron desenmascarados.

¿Varió mucho la película desde la idea primera con la que empezaste a trabajar en ella hasta alcanzar el resultado final? Desde un principio, ¿querías que la cámara la manejaran los actores?

Como mencioné antes, mis películas se valen de recursos mínimos, esto va desde lo presupuestario hasta los recursos visuales y propios del “lenguaje cinematográfico”. Esto se debe a renuncias voluntarias para alcanzar las ideas en su estado más esencial y más contundente, así como para despojarse de todo artilugio que hiciera de la película un “espectáculo”. Bueno, el caso es que cuando hice “3” (2010) quise hacer una película que no tenga edición. En “4” quise construir una historia que se diluya a los 20 minutos para luego convertirse en otra cosa los otros 50 minutos. En “5” me propuse hacer una película sin camarógrafo, en la que los actores sean camarógrafos, directores de fotografía, etc… Ahora, sobre el resultado final, pues como también mencioné, la película se trabajó sin un guión rígido, y más bien con una idea transmitida y asimilada por los involucrados, y que estaba abierta a cambiar según se daban las cosas. Por ello, la película superó mis propias expectativas y me sorprendió en muchos sentidos. Fue agradable verla y sorprenderme como un espectador más, pues es el tipo de películas que me gusta ver, y por eso busco hacer ese tipo de películas, las que me gustaría ver como cinéfilo.

La película da la sensación de funcionar como un collage: hay cortes abruptos, conversaciones que no sabemos cómo terminan y un prólogo y un epílogo, que si no se reflexionan, puede parecer que no tienen nada que ver con la parte central de la película: ¿por qué usaste esta estructura? ¿Querías hacer como una especie de zapping?

La película iba a tener un eje central que era la salida de esta pareja, que ocurriría durante toda la tarde hasta el anochecer. Para fortalecer esto, en el planteamiento de la película, la misma pareja se está dedicando a grabar lo que les llama la atención (pero al hacerlo refuerza las ideas presentadas en toda la película) un parque en la que unas empleadas geriátricas de bajos recursos comienzan a vender y comprar entre ellas zapatillas, mientras han dejado de lado las sillas de ruedas de los ancianos de clase alta que les contrataron. Eso y otras impresiones están grabadas sobre el registro de teatro callejero (como si se tratase de un caset de cinta en el que grababas encima), pues ambos en la película pertenecían a una asociación cultural sin fines de lucro dedicada al teatro callejero. La idea es que la fragmentación que está en todo, también lo está en la misma edición y posproducción de la película. Quise que la misma edición no sea forzada, sino que aparente ser una cinta que contiene varias cosas registradas y que aparente estar “al azar” pero que tiene coherencia y sentido de una forma casi cuántica no determinista.

¿Ya estás trabajando en “6”? ¿Te has planteado rodar fuera de Lima?

Me hubiese encantado salir de Lima a rodar, sobre todo en la sierra de mi país, pero por no tener presupuesto esto me es esquivo aún. Sí, ya empecé a grabar “6” esperaba que sea una película que hable sobre hacer cine en mi país. Para ello contaba con el apoyo de algunos amigos realizadores, pero lamentablemente esto se estancó por diversos motivos. Pero, esto me llevó a replantear la película, sobre todo en lo formal, pues ya no contaba con una cámara (uno de ellos era el que traía la cámara) y ahora haré la película con el registro que ya grabé, y el resto con algunos recursos audiovisuales que voy planeando. Es decir, esta película ahora será hecha sin cámara. Creo que es lógico ¿No? “5” no tenía camarógrafo, ahora “6” será hecha sin cámara. No estoy inventando la pólvora, Brakhage, Marker, Jarman, entre otros, hicieron cine sin cámara. Veremos cómo va.

Fotograma de “5”, película de Eduardo Quispe.

¿Cómo abrimos la mente a la gente qué tiene unas ideas un tanto caducas sobre cómo debe ser el cine?

La verdad es que el cine lo hacen los cineastas, no los publicistas, ni los comunicadores. Hacer cine no es el resultado lógico de estudiar cine, comprar el equipo, contratar profesionales, conseguir los fondos y ya, sale una película. No creo que eso sea el único, ni el dogma del cine. Un cineasta puede hacer una película con plata o sin ella, con personal o sin él (vean lo que hace Panahi desde su injusto encierro), con estudios profesionales o no. Alguien con dinero no puede hacer una buena película sólo por eso, tampoco alguien con un gran equipo hace una gran película, y así. Pero un cineasta puede hacer una película remarcable contando sólo con su tenacidad y su idea desbordante. Así que si la gente que ahora quiere hacer cine, va tener que ser un cineasta, un artista primero.

Un cineasta mira, analiza, asimila y sueña con el cine. No se conforma a hacer una película “que pueda vender” o que “llegue a un público” sino una obra que patee las convenciones de su tiempo, que cuestione y desafíe, que asimismo sea incómoda, pues estar alineado con un mundo tan enfermo e injusto, sería indecente e impropio de un cineasta artista. Alguien sin esas convicciones no es un cineasta, quizá sea empleado de alguna productora, un profesional del entretenimiento, o algo así, por lo que difícilmente le pueda exigir que haga un cine diferente. A quienes quieran hacer cine, pues, vivimos en tiempos hermosos en los que las cámaras y la tecnología están a nuestro alcance, en los que internet ha acercado el cine más interesante y de vanguardia del mundo a sólo un par de clicks. No lo desaprovechen viendo tonterías, aprendan a exigirse y vean los desplazamientos del cine, del arte y que pueden alimentar su propia propuesta.

Algunas películas que recomendarías a los lectores de la revista.

Wow, la verdad serían muchas, pero me referiré a algunas que están más accesibles en internet o que pueden ver en una sala de arte y que son estimulantes, así como una invitación a hacer cine: Maidan” (2014, de Sergei Loznitsa) Los Ilusos” (2013, de Jonás Trueba) Los días” (2012, Ezequiel Yanco) “Leviathan” (2012, de Lucien Castaing-Taylor y Véréna Paravel) “This is not a film” (2011 de Jafar Panahi) “Aramaki” (2011, de Isamu Hirabayashi) la trilogía del amor de James Lee: “Before We Fall in Love Again” (2006) “Things We Do When We Fall in Love” (2007) “Waiting for love” (2007) Está también “My Winnipeg” (2007, de Guy Maddin) y las que son hechas con bastantes recursos pero que fueron muy bien utilizadosHard to be a God” (2013, de Aleksey German) “Holy Motors” (2012, de Leos Carax) “Post Tenebras Lux” (2012, de Carlos Reygadas), y nada, que se vean todo Godard, Bresson, Ozu, Kiarostami, Resnais, Tarkovski, Bergman, Mekas, Hou Hsiao Hsien, Jia Zhang Ke, Naomi Kawase, Apitchapong Weerasethakul, Tsai Ming Liang, Nuri Bilge Ceylan, Peter Watkins, Pedro Costa, José Luís Guerín, Albert Serra, Isaki Lacuesta, Sharunas Bartas, y hay un montón de buen cine ahí que les espera. Hay también buen cine en mi país, están las películas de Omar Forero, Raúl del Busto, Juan Daniel Fernández, Farid Rodriguez, Miguel Vargas, entre otros que no están en vitrina, sino en lo subterráneo, donde la cultura siempre tiene la vena más hinchada.

Puedes ver “5” completa online, gratis y legal a continuación:


Artículo de Esteban Zunín.

 

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