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5 novelas de culto de la literatura under colombiana

Mientras el mundo se rendía a los pies de García Márquez, una serie de autores comenzaron a forjar otra literatura colombiana. Una literatura de la calle y de la noche, destinada a los desencantados del realismo mágico y de la vieja literatura. Una literatura difundida por el boca a boca, por esa oralidad que fácilmente crea mitos.

Aunque es cierto que la muerte también ayuda. Sobre todo cuando se muere joven. Caicedo se suicidó él mismo día que recibió copia de su primera (y última) novela. Chaparro murió de lupus, con 31 años. A Molano se lo llevó el SIDA y, tras su muerte, el manuscrito de su segunda novela estuvo más de 10 años desaparecido.

A otros, su propia personalidad los convierte en mito. Es el caso de Medina quién con sus maneras de narcisista estrella de rock, ha creado un personaje de escándalo, que desata odios y pasiones por igual.

 

Opio en las nubesOpio en las nubes, Rafael Chaparro Madiedo (1992)

En esta novela no-lineal, el opio no está solo en las nubes, sino que también lo podemos encontrar a borbotones en cada letra, frase y palabra. Opio… Es un libro que no se lee, se experimenta. Se recomienda consumirlo de a poco, en pequeñas dosis, saboreando las imágenes, las sensaciones y los colores. Pink Tomate, el gato narrador, será el encargado de introducirnos en la vida de Amarilla, su ama, una Holly Golightly mejor que la imaginó Capote. Tras ella, se irán sucediendo otras voces, otros ámbitos, otras historias, narradas siempre con un estilo que nos remitirá a la poesía de Ginsberg y a Nadja de Breton.

“Entonces, le promete que se emborracharán con vodka en una tarde de sol y que irán a la playa y le comprará una pelota de colores y le dirá que la ama. Pura mierda. ”
 

Vista desde una acera, Fernando Molano Vargas (2012)

Vista desde una acera es literatura pura; una novela de amor, agridulce, hermosa y, a la vez, triste. A lo largo deVista desde una acera varios pasajes, dispersos por todo el libro, Molano nos muestra el sufrimiento y las tesituras que tiene que afrontar un enfermo de SIDA en la Colombia de finales de los 80. Mientras, entremedio (y aquí encontramos el grueso del libro), nos resume su vida y la de su pareja Adrián desde la infancia hasta en el momento que descubren la enfermedad de éste último: dos existencias que fluyen paralelas, sin conocerse, hasta que un día se encuentran y sólo la muerte las logra separar.

“–¿Y si me muero?

–…Si se muere, lo entierro… ¿Qué más podré hacer?

–Jm… No, no me entierre. Prométame que no va a dejar que me entierren, ¿sí?

–Sí. Se lo prometo.

–Yo quiero que me cremen… Y después usted bota mis cenizas al mar, todo romántico.

–¿Quiere eso?

–¿Usted quiere?

–No, yo quiero que no se muera.”
 

Erase una vez el amor pero tuve que matarloÉrase una vez el amor pero tuve que matarlo (música de Sex Pistols y Nirvana), Efraím Medina Reyes (1997)

Desde un principio, Rep intenta convencernos de que es un tipo duro, un macho que sabe mucho de la vida. Pero a medida que vamos conociéndolo, nos damos cuenta que Rep está frustrado, muy jodido: nada le sale bien, vive aún con su madre y haga lo que haga, se acueste con quién se acueste, no logra superar el hecho de que “esa chica” lo haya abandonado para irse a EEUU con otro tipo. Como dice Medina, “Rep es tan cómico y vulnerable que su mayor orgullo es tener una verga de 25 centímetros (aunque eso no le sirva ni para conservar a su chica)”. De fondo, suena (leemos) la música de Sex Pistols y Nirvana, retazos de la vida de Sid Vicious y Kurt Cobain, biografías llenas de luz y desesperación con las que Medina logra cuadrar el círculo de amor, vida y muerte que es esta novela.

“Dijo que mi ideal femenino estaba más cerca de un hada madrina que de una verdadera mujer”.
 

¡Qué viva la música!, Andrés Caicedo (1977)

La protagonista de QVLM es una niña rica de Cali, una voz “rubia, rubísima” que nos cuenta cómo decide dejar de preocuparse por el futuro para entregarse con todas sus fuerzas al goce del presente en vertiginosos días y noches de música, cuerpos y alucinaciones. QVLM es una historia libre, loca y, más que nada, es una tragedia en el sentido en el que la entendió Nietzsche, es decir, como la elección de llevar la vida hasta los últimos extremos.

“El sexo es el acto de las tinieblas y el enamoramiento la unión de los tormentos”
 

Un poco más triste pero más feliz que los demásUn poco triste pero más feliz que los demás, Rafael Chaparro Madiedo (2013)

Siendo estrictos, este libro no es una novela, pero sí una obra de culto. 20 textos, quizá los mejores, que escribió Chaparro en su época de columnista. Un libro de culto por las ilustraciones que lo acompañan y por la genial forma de ver y narrar el mundo de su autor: ensayos sobre el té, los Rolling Stone o la lluvia que convierte a Bogotá en un acuario lleno de peces tristes, se entremezclan con historias de niños que creen que salvarán a Allende de Pinochet si ganan una partida de canicas; anécdotas de un viaje a Cuba, reunidas bajo el título de “Crónicas Marxianas”; o el relato de una visita al cementerio Père Lachaise de París, en la que Chaparro se imagina a Jim Morrison llorando en los brazos de un indio navajo, mientras las groupies del músico bañan su tumba de alcohol, cigarros y besos rojos.

“Si usted es escritor comprenderá a la perfección estas líneas. Si no lo es, trate de entender. Si su hijo o hija están en pos de serlo, no se desespere. Tarde o temprano descubrirá que es escritor si se levanta tarde, se acuesta tarde, tiene ojeras, fuma mucho, es un poco triste, pero más feliz que los demás”.

 

Artículo de Esteban Zunín.

 

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