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5 novelas de culto de la literatura under colombiana

Mientras el mundo se rendía al realismo mágico de García Márquez, una serie de autores comenzaron a forjar otra literatura colombiana. Una literatura urbana, de la calle y de la noche, rupturista y experimental, formada por una constelación variopinta de libros y autores, difundidos por el boca a boca, que siguen vigentes hasta el día de hoy, fascinando a una generación tras otra. Reunimos una selección de los mejores libros de la literatura colombiana más outsider. 

 

6a00d8341bfb1653ef017c38981d64970bOpio en las nubes, Rafael Chaparro Madiedo (1992)

En esta novela no-lineal, el opio no está solo en las nubes, sino que también lo podemos encontrar a borbotones en cada frase, palabra y letra. Que nadie espere encontrar una lectura fácil y al uso, porque no la encontrará. Opio… es un libro que no se lee, se experimenta. Se recomienda consumirlo de a poco, en pequeñas dosis, saboreando las imágenes, las sensaciones y los colores. Pink Tomate, el gato narrador, será el encargado de introducirnos en la vida de su ama Amarilla, una Holly Golightly mejor que la imaginó Capote para Breakfast at Tiffany’s. Conforme avance el relato, nos iremos trasladando a otros ámbitos, en los oiremos a otras voces narrándonos sus historias de vida con un estilo alucinado y vivo que nos remitirá a la poesía de Ginsberg y a Nadja de Breton.

“Entonces, le promete que se emborracharán con vodka en una tarde de sol y que irán a la playa y le comprará una pelota de colores y le dirá que la ama. Pura mierda.”

 

243bc87f52ae26eb26de15795cafe9a2¡Qué viva la música!, Andrés Caicedo (1977)

María del Carmen Huerta, la hermosa protagonista de ¡Qué viva la música!, es una niña rica de Cali a la que todos llaman mona, una voz “rubia, rubísima” que nos cuenta cómo decide dejar de preocuparse por el futuro para entregarse con todas sus fuerzas al goce del presente en vertiginosos días y noches de excesos, música, cuerpos y alucinaciones. Mona es un espejo, un reflejo a través del cual el escritor se manifiesta gritando a viva voz sus dramas, ansias e ideas. A los 25 años, el mismo día que recibió un ejemplar de ésta, su primera y única novela, Andrés Caicedo se suicidó. Murió tranquilo porque dejaba “obra y unos pocos buenos amigos”. ¡Qué viva la música! fascina, es adolescente e imperfecta, fluye libre y loca con la fuerza de un río o de una larga noche de rumba; pero es por encima de todo una tragedia en el sentido en el que la entendió Nietzsche: es la elección de llevar la vida hasta los últimos extremos.

“El sexo es el acto de las tinieblas y el enamoramiento la unión de los tormentos”

 

libro-erase-una-vez-el-amor-y-tuve-que-matarlo-efraim-medina-D_NQ_NP_852023-MCO25713815829_062017-FÉrase una vez el amor pero tuve que matarlo (música de Sex Pistols y Nirvana), Efraím Medina Reyes (1997)

Desde un principio, Rep intenta convencernos de que es un tipo duro, un macho que tiene todo bajo control. Sin embargo, a medida que vamos conociéndolo, acompañándolo en esa tragicomedia que es su vida, nos damos cuenta que Rep no es más que un niño grande y frágil, una víctima de sí mismo y del desamornada le sale bien, vive aún con su madre y haga lo que haga, se acueste con quién se acueste, no logra superar el hecho de que “esa chica” lo haya abandonado para irse a EEUU con otro tipo. Como dice Medina: “Rep es tan cómico y vulnerable que su mayor orgullo es tener una verga de 25 centímetros (aunque eso no le sirva ni para conservar a su chica)”. De fondo, suena (leemos) la música de Sex Pistols y Nirvana, retazos de la vida de Sid Vicious y Kurt Cobain, biografías llenas de luz y desesperación con las que Medina logra cuadrar el círculo de amor, vida y muerte que es esta novela.

“Dijo que mi ideal femenino estaba más cerca de un hada madrina que de una verdadera mujer”

 

Vista-desde-una-acera-2-CUB-copia-2Vista desde una acera, Fernando Molano Vargas (2012)

El manuscrito de Vista desde una acera estuvo desaparecido por más de 12 años hasta que una investigadora logró encontrarlo en los fondos de la biblioteca Luis Ángel Arango de Bogotá,  lugar en el que Fernando Molano Vargas pasó incontables horas redactándolo antes de su prematuro fallecimiento en 1998. Vista de una acera es una novela autobiográfica intensa, triste y hermosa, sobre una pareja y la época hostil en que les tocó vivir: una historia sobre dos existencias que fluyen paralelas, sin conocerse, hasta que un día se encuentran y sólo la muerte les logra separar. Amor, pobreza, ternura, cultura, años 90, SIDA, poesía, violencia, política: son algunas coordenadas que podrían sintetizar la historia de Fernando y su pareja. Y, sin embargo, la palabra que mejor los retrata es resiliencia: por su tiempo y sus circunstancias, ambos lo tenían todo para elegir someterse y convertirse en víctimas; y, sin embargo, tuvieron el valor de elegir resistir y luchar incansablemente, contra viento y marea, para vivir libremente de acuerdo con sus ideas, sueños y deseos.

“Yo no hacía más que pensar en cómo podría cambiarse todo ese mundo donde no había compasión. Ni amor. No el amor de uno por su amante, su amigo; sino el amor de uno por cualquiera, sin importar que fuese un desconocido”

 

uptUn poco triste pero más feliz que los demás, Rafael Chaparro Madiedo (2013)

Siendo estrictos, este libro no es una novela, pero sí una obra de culto. 20 textos, quizá los mejores, que escribió Chaparro en su época de columnista. Un libro de culto por las ilustraciones de Tobías que introducen cada texto y por la originalidad con la que Chaparro consigue aborda temas tan variados siempre desde una perspectiva distinta y fascinante: ensayos sobre el té, los Rolling Stone o la lluvia que convierte a Bogotá en un acuario lleno de peces tristes, se entremezclan con historias de niños que creen que salvarán a Allende de Pinochet si ganan una partida de canicas; anécdotas de un viaje a Cuba, reunidas bajo el título de “Crónicas Marxianas”; o el relato de una visita al cementerio Père Lachaise de París, en la que Chaparro se imagina a Jim Morrison llorando en los brazos de un indio navajo, mientras las groupies del músico bañan su tumba de alcohol, cigarros y besos rojos.

“Si usted es escritor comprenderá a la perfección estas líneas. Si no lo es, trate de entender. Si su hijo o hija están en pos de serlo, no se desespere. Tarde o temprano descubrirá que es escritor si se levanta tarde, se acuesta tarde, tiene ojeras, fuma mucho, es un poco triste, pero más feliz que los demás”.

 

Artículo de Esteban Zunín.

 

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