‘Taxi Teherán’: desafiando a la censura

Fotograma de la película “Taxi Teherán” de Jafar Panahi.

En 2011, poco después de que la policía entrara en su casa destrozando todo el material de su último film, Jafar Panahi fue condenado a una pena de 20 años sin poder hacer cine. Panahi, en lugar de partir al exilio, decidió quedarse en su país y creó de forma clandestina esa pequeña joya del cine de no ficción que fue “This is not a film”. Cuatro años después, y no sin dificultades, ha vuelto a sortear la censura con su nueva película “Taxi Teherán”.

El rodaje se realizó de la forma más discretamente posible. De hecho, en la película no hay créditos para proteger a quienes participaron en su realización. En el proceso, Panahi utilizó dos pequeñas cámaras capaces de girar 360º, puestas disimuladamente en el salpicadero del coche, para grabarse convertido en un taxista que recorre Teherán escuchando las historias de sus pasajeros.

Fotograma de la película “Taxi Teherán” de Jafar Panahi.

Cada noche, después del rodaje, el mismo director editaba las imágenes que había obtenido durante el día y realizaba varias copias de seguridad, que luego serían enviadas por amigos a contactos en distintas ciudades del país. Una vez acabada, Taxi Teherán” salió de Irán escondida en una tarta, en dirección a la Berlinale, donde participó en la sección oficial y fue premiada con el Oso de Oro a la mejor película.

La censura iraní, aparte de prohibir cualquier referencia a temas que dejen mal al gobierno, como pueden ser la pobreza, la desigualdad, el maltrato a los refugiados afganos o la pena de muerte –Irán es el segundo país del mundo que más gente ejecuta después de China–, impone un estricto código religioso que, por ejemplo, obliga a que las mujeres aparezcan siempre con velo o que los “buenos” nunca usen corbata y siempre lleven nombres de santos del Islam.

Seguir las reglas de la censura al pie de la letra supone degradar al cine a mera propaganda, a un instrumento más para educar a la gente como fieles servidores del Estado y de Alá. Ante este hecho Panahi se rebela y, saltándose casi todas las normas de la censura, crea una película que muestra esa realidad que ningún régimen autoritario quiere que se conozca: la verdad de la gente que intenta vivir (o sobrevivir) en libertad en un país convertido en una celda por sus gobernantes.

 

Artículo de Esteban Zunín.

 

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