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El Clan: La normalización de la barbarie

Fotograma de la película "El Clan" de Pablo Trapero (Kramer & Sigman Films / Matanza Cine / El Deseo / Telefé / Fox International Productions).

Fotograma de la película “El Clan” de Pablo Trapero (Kramer & Sigman Films / Matanza Cine / El Deseo / Telefé / Fox International Productions).

Hay historias que, una vez las escuchas, generan en ti tal curiosidad que no puedes dejar de pensar en ellas. Y el enredo de los Puccio es de esos que te harán quemar Google para conocer un poco más.

Este caso policial tuvo lugar en la Argentina de principios de los 80. Tras una época convulsa, y finalizada la Guerra de las Malvinas, la sociedad argentina sintió el verdadero terror que provocan los actos sin escrúpulos de una típica familia de clase media alta de uno de los, hasta entonces, barrios más tranquilos de la capital bonaerense. “Que no vuelva a ocurrir” decía en su discurso el entonces presidente Alfonsín.

El punto de inflexión entre el sustillo y el verdadero miedo lo da el estudio previo de la cinta. Pablo Trapero (“Carancho”, 2010), ha llevado a cabo una investigación milimétrica. Y aunque la narrativa no es del todo real, los detalles son minuciosos y fidedignos. Quizá por este motivo la acogida en los cines argentinos ha sido tremenda, y en España se espera algo similar. El cine argento y el español suelen tener buena acogida a los dos lados del Atlántico, pero, en realidad, pocas películas trascienden. Sin embargo, la inyección de capital de El Deseo junto a la distribución por parte de 20th Century Fox, hacen esperar que el eco de “El Clan” se escuche bien alto.

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El argumento basa su línea en la falta de criterio ético y moral del padre de la familia Puccio, Arquímedes Puccio, interpretado por el conocido Guillermo Francella (“Casados con hijos”, 2005). Un hombre que había pertenecido a la Secretaría de Inteligencia del Estado, antiguo contador público del Ministerio de Relaciones Exteriores y vinculado con la triple A (Alianza Anticomunista Argentina), y que tras el final de la dictadura militar se encuentra en una situación nueva para él. Ha perdido su antiguo puesto y decide emprender una nueva labor, cometer una serie de secuestros a empresarios adinerados y extorsionar a las familias para obtener los rescates.

Premiada con el León de Plata al Mejor Director en el Festival de Venecia, “El Clan” no necesita más datos sobre su trama. De hecho, lo mejor es sentarse en la butaca del cine y observar la maldad en estado puro. Ver la historia de un hombre que implicó a toda su familia en su carrera delictiva, y que tras su captura, mantuvo su inocencia hasta el día de su muerte.

La historia de un hombre que implicó a toda su familia en su carrera delictiva, y que tras su captura, mantuvo su inocencia hasta el día de su muerte.

Al ser un caso tan judicializado en Argentina, pero que, pese a su popularidad, no trascendió al gran público, ayuda a calmar las dudas de los curiosos. De hecho, Agustín Almodóvar asegura que Trapero no quería hacer de ésta una típica argentinada. No hay referencias ni al Ché, Gardel o Maradona, como sonaba en La argentinidad al palo de Bersuit Vergarabat. Ni siquiera quería incluir los discursos de Galtieri, Alfonsín o Ernesto Sábato, pero desde El Deseo creyeron que, saliendo del núcleo argentino, el contexto sociopolítico de la época se entendería mejor con aquellas imágenes reales. Pablo quiso abstraer el origen de la historia, y se percibe incluso en la banda sonora, porque apenas se escucha el Wadu, wadu de Virus. Todo lo demás es música rock anglosajona de los 70.

Fotograma de la película "El Clan" de Pablo Trapero (Kramer & Sigman Films / Matanza Cine / El Deseo / Telefé / Fox International Productions).

Fotograma de la película “El Clan” de Pablo Trapero (Kramer & Sigman Films / Matanza Cine / El Deseo / Telefé / Fox International Productions).

La película es todo un reto. Tanto Trapero, como Francella o el joven Peter Lanzani (“Casi ángeles”, 2007), se mueven airosos en la comedia. Polo opuesto al suspense de “El Clan”. Pero destaca precisamente ese papel del Lanzani ex objeto de culto de adolescentes. Interpretando al joven Alejandro Puccio, hijo del cabecilla del clan Puccio, ídolo deportivo de la época (llegó a jugar con la selección nacional de rugby argentina conocida como Los Pumas), y cómplice de varios secuestros y asesinatos. Alex Puccio llegó a colaborar en el secuestro de uno de sus propios amigos. Pero llama la atención como en la película y en la realidad, el hijo del clan se adjudicó toda aquella culpa que el padre era incapaz de sentir.

Con un final pensado para impactar en el espectador, la realidad vuelve a superar a la ficción y hace insistir en que todo mínimo detalle de esta cinta está contrastado con los hechos acaecidos durante aquella oscura época. No es de extrañar que con la cantidad de litros y litros de violencia que estamos acostumbrados a tragar a diario, nos parezca menos trascendente de lo que es en realidad esta historia. Pero ese es precisamente el elemento básico de El Clan. Cómo la normalización de la barbarie puede hacer que el ser humano pierda su cualidad y todo ápice de humanidad.

 

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