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«Leer, leer, leer, vivir la vida que otros soñaron», sobre “Compañeros del crimen” de Gema Palacios

Compañeros del crimen (2014, Ediciones Paralelo) es, como dice Munir, «una obra madura y cerrada». Para comprobarlo, basta abrir el libro y, como decía Unamuno, «leer, leer, leer». Como citas preliminares, encontramos a Roberto Bolaño —perdone, ¿quién?—, Georges Bataille y Carlos Edmundo de Ory y, en ellas, ya rastreamos un halo de complicidad íntima con el/la interlocutor/a. La primera parte del poemario, «Antecedentes penales», golpea al (buen) lector y lo deja, aturdido, sobre el asfalto. Basta leer, en este sentido, los primeros versos del poema «Hambres», que abre el libro:

no quiero saber pero

            sé que tus manos son tus manos aunque juegen a ser las-de-otro

                        caen

sobre mi espalda en vertical poco a poco van cayendo como si

                        nadie les ordenase nada

(…)

Compañeros-del-crimen-Portada

Tras el golpe (y la caída), el lector se incorpora. Aún aturdido y confuso, encuentra la complicidad del poema «Inferencias y temblores», atravesado por Alejandra Pizarnik —llegamos a «Cómplices y «Violencia contenida», siguientes partes del poemario— o la rotundidad de «Uñas»:

(…)                      

                                     amor

fantasma rubio

            a punto de arrojarse al vacío

            desde el puente ficticio de mis labios

hasta mis manos torpes

cóncavas

            sin uñas

El ko definitivo llega con «16 veces el crimen» (destacan «Cristal Titanio Antagonías» o «Endecapétalos», por ejemplo), donde Gema Palacios cierra, autoritariamente, un poemario novedoso, compacto y criminalmente inteligente:

soy la noche que va rompiendo flores

       y busca chocolate en la nevera

 

el pétalo que anhela ser

mordido

                la flor que se convierte en otra

cosa

                la cosa que orquesta en un

estruendo

                la vida que se trunca por el tallo

 

brindo     y paladeo     y tus ojos

   celebran     el diluvio     la tormenta

 

   vamos a ver qué hacemos con las uñas

 

habrá que persistir:

                                  morir aullando.

Gema Palacios (1992, Zaragoza) ha estudiado Filología Hispánica en la Universidad Autónoma de Madrid y en la Universdad de Buenos Aires. En 2013, publica Morada y Plata (Ebediziones). Escribe, habitualmente, en su blog: https://gemabpalacios.wordpress.com/

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