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César Rendueles: “La fragilización de la sociedad está impidiendo que la transformación política sea más rápida y profunda”

Colpisa

César Rendueles, 2015. Fotografía de Elvira Megías.

César Rendueles (Girona, 1975) vive en Madrid. En esta ciudad, es profesor en el Departamento de Teoría Sociológica de la Universidad Complutense. Ha editado textos de Marx, Benjamin y Polanyi. Su (primer) ensayo Sociofobia (Capitán Swing, 2013) fue elegido Mejor Ensayo del Año por el diario El País. En 2015, publica Capitalismo canalla (Seix Barral). Escribe, regularmente, blog.

 

Empecemos por Sociofobia (2013, Capitán Swing). Dices: «La utopía del libre mercado ha fracasado» (28) y «La utopía panóptica también ha fracasado» (29). Tras el colapso y el derrumbe de estas utopías, ¿es posible un espacio postcapitalista justo, honesto y equitativo y, sobre todo, de qué herramientas disponemos para construirlo?

Más nos vale que sea posible. El sistema social en el que vivimos, como cualquier otro, terminará y es perfectamente posible que lo que venga después sea mucho peor, más injusto y cruel. De hecho, el capitalismo es un tipo de sociedad particularmente frágil, me cuesta imaginar otro modelo económico tan propenso a las crisis y, al mismo tiempo, tan expansivo. En particular, el capitalismo contemporáneo se enfrenta a un conjunto de límites internos relacionados con su incapacidad para mantener los flujos crecientes de beneficios que precisan las élites económicas, y, más importante aún, a límites externos que tienen que ver con las barreras medioambientales al desarrollismo ilimitado. La buena noticia es que, en los últimos siglos, hemos desarrollado herramientas políticas que nos permiten afrontar estos problemas. Creo que el malestar compartido que late tras el anticapitalismo no tiene tanto que ver con que vivamos muy mal (algunos, no vivimos muy mal en absoluto) como con que sabemos que podríamos vivir mejor porque está a  nuestro alcance tecnológica, cultural y políticamente.

Sociofobia recupera, a mi juicio, una dicotomía interesante: copyright/copyleft. ¿El copyleft es, realmente, una alternativa, digamos, emancipatoria? ¿Cómo definirías, a día de hoy, la relación de la izquierda política con el copyleft?

No, no es una alternativa emancipatoria. Es una herramienta procedimental que tiene algunos usos muy positivos, otros indiferentes y otros claramente negativos desde el punto de vista de la izquierda política. Me  parece que cada vez a más gente le resulta evidente que, en primer lugar, una parte significativa de los partidarios del copyleft son neoliberales convencidos y, en segundo lugar, que la liberación de los másters genera problemas relacionados con la producción y la remuneración de los trabajadores culturales. Para aprovechar la potencia de la liberación de contenidos minimizando sus efectos negativos, tenemos que hacernos cargo de esos dilemas. Dado que ni el mercado ni la cooperación espontánea son capaces de hacerlo, desde mi punto de vista, lo que necesitamos es una intervención pública. Por ejemplo, si ni el mercado ni la cooperación no remunerada son capaces de generar información independiente de calidad producida por periodistas que trabajen en condiciones laborales aceptables, entonces es preciso una intervención pública que solucione ese déficit. Una intervención pública, por cierto, no equivale necesariamente a una gestión estatal directa.

En septiembre de 2015, sale a la luz Capitalismo canalla (Seix Barral), una antología de textos literarios que repasa las diferentes etapas del sistema capitalista. Dices: «El Lazarillo es una novela muy moderna porque explica la decadencia del mundo antiguo sin que una nueva forma social lo sustituya aún» (63-64). No obstante, la novela donde vislumbramos la auténtica lucha entre dos concepciones del mundo totalmente distintas (la medieval tardía frente al incipiente modelo capitalista de principios del siglo XVII) es El Quijote. ¿Crees, entonces, que el “Lazarillo” narra de manera más acertada que “El Quijote” este proceso?

El Lazarillo me venía mejor porque aborda más directamente las transformaciones en el ámbito del trabajo y el proceso de constitución del proletariado a partir de la destrucción de las relaciones de dependencias feudales. Al fin y al cabo es una novela de temática básicamente laboral que explica cómo un desarrapado acaba encontrando un trabajo descualificado. El Quijote es un texto más complejo que toma en consideración cambios sociales más amplios. Por otro lado, me da un poco de vergüenza reconocerlo, pero El Quijote me aburre mortalmente. Soy capaz de reconocer sus méritos literarios, pero nunca me ha enganchado.

De alguna manera, Capitalismo canalla hace especial hincapié en las consecuencias de la contrarreforma neoliberal. ¿Hasta qué punto este saqueo democrático modificó o, mejor dicho, está modificando nuestra forma de pensar (la política, la cultura, la tecnología, las relaciones sociales, etc.)?

Creo que muy profundamente. La consecuencia más profunda y duradera es que ha arrasado la sociedad civil, nos ha convertido en una sociedad frágil, consumista e individualista. La desigualdad o la pobreza se pueden revertir a través de políticas públicas relativamente sencillas de implementar, en cambio el modo en que el liberalismo nos ha dejado sin mediadores a través de los que intervenir en el ámbito laboral, cultural, educativo… Eso es muchísimo más difícil de deshacer. Reconstruir redes asociativas y de apoyo mutuo puede llevarnos décadas.

Colpisa

César Rendueles, 2015. Fotografía de Elvira Megías.

Como dices, la contrarreforma neoliberal ha fulminado (al menos, en gran parte) la sociedad civil políticamente organizada: en el ámbito laboral, por ejemplo, los/as trabajadores están (prácticamente) desamparados. Sin embargo, resistimos. Ahí tenemos al SAT, surgido en 2007. Ahí tenemos a la PAH, surgida en 2009. ¿Estamos reconstruyendo, lentamente, este tejido del que hablas o afirmar esto significa pecar de optimistas?

Creo que estamos viviendo un momento interesante en el que asistimos desde hace cuatro años a una efervescencia política evidente y muy positiva. De hecho, me parece que la fragilización de la sociedad española es lo que está impidiendo que la transformación política sea más rápida y más profunda. Quiero decir que no tenemos herramientas institucionales para expresar ese deseo de cambio sin exigirnos a nosotros mismos una movilización permanente que no está al alcance de la mayor parte de la gente. Pero, como señalas, no es un fenómeno estático, las cosas están cambiando y en toda clase de espacios —culturales, educativos, deportivos e incluso laborales— estamos explorando formas de organización y de construcción de una sociedad más articulada. Hay ganas de hacer cosas juntos. Es algo que se percibe de forma minoritaria pero bastante generalizada en todo el país. Lo que ocurre es que es un proceso de ritmo lento que seguramente nos llevará años e inevitablemente colisiona con los ciclos políticos tan explosivos a los que estamos asistiendo.

Por último, recomienda un libro (o varios), una película (o varias) y una serie de TV (o varias) del pasado 2015. Y, si te apetece, cuénta(nos) algo de ellos/as.

Me gustó muchísimo la primera novela de Richard Parra, Los niños muertos. Aunque no es tan increíblemente buena como Necrofucker, su anterior novela que se publicó junto a La pasión de Enrique Lynch, me parece de lo mejor que leí el año pasado. En ensayo, me gustó El establishment, de Owen Jones. De nuevo, no es ni de lejos tan bueno como Chavs, pero creo que recoge muy bien el Zeitgeist europeo. Y el último libro de Naomi Klein es excelente. Klein es un genio del ensayo mainstream: en Esto lo cambia todo consigue convertir el decrecionismo, que seguramente es la doctrina más antipática y ceniza que ha ideado el izquierdismo, en algo amigable y casi cool.

Después de muchos años de mutuos desengaños y bastante sufrimiento, he aceptado finalmente que el cine y yo no estamos destinados a entendernos. Puedo ir a ver una película y más o menos consigo concentrarme en ella e incluso divertirme, pero poco más. En todo caso, me gustan la comedias, que me parecen artísticamente mucho más exigentes que los dramas. De hecho, no consigo recordar haber visto ninguna película en 2015, ni en casa ni en el cine. Imagino que lo habré hecho, pero lo he borrado de mi memoria. Simplemente es un género artístico con el que he perdido el contacto.

Sí que veo algunas series pero la mayoría de las veces no paso del episodio piloto. Creo que la última que me gustó fue Borgen. Este año he visto Mr Robot, que me ha parecido tolerable. La parte geek es un auténtico coñazo pero el plagio de “El club de la lucha” está bastante conseguido.

 

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