7 películas imprescindibles del cine iraní

Pese a la compleja situación que vive el país, Irán tiene una de las industrias cinematográficas más efervescentes y creativas del planeta, en la que sobresalen creadores sin miedo a explorar y desarrollar trabajos con un arraigado compromiso ético y estético. Hemos reunido 7 propuestas, una selección con un poco de todo, para dar a conocer algunas de las mejores películas del cine iraní.

 

Close-up (Abbas Kiarostami, 1990)

MINIATURA1

Close-up nació por una mezcla de azar y curiosidad. En cierta ocasión, el realizador Abbas Kiarostami se encontraba leyendo el semanario Sorush cuando una noticia atrajo su atención: un hombre se había hecho pasar por un afamado cineasta iraní, Mohsen Makhmalbaf, engañando a los miembros de una adinerada familia y haciéndoles creer que serían los protagonistas de su nueva película. Intrigado, Kiarostami agarró su cámara y filmó el juicio contra el impostor. Más tarde, añadiría un toque de experimentación a su proyecto y convencería a todas las partes para que actuaran reconstruyendo el engaño.

El impostor, un hombre llamado Hossein Sabzian, es un obrero soñador y apasionado por el cine, que lleva varios años desempleado y ha sido abandonado recientemente por su mujer. La cinta juega con las nociones de realidad y ficción, orbitando entorno a una pregunta: ¿por qué el obrero Sabzian se hizo pasar por el cineasta Makhmalbaf, autor de origen humilde conocido por hacer películas sobre los mostazafin (los oprimidos)?

Close-up es uno de los grandes logros de Kiarostami, un falso documental sobre sueños frustrados (la distancia entre lo que somos y lo que quisimos ser), la necesidad de afecto y reconocimiento social, a la par que una crítica a cómo la creación y el disfrute de la cultura tienden a ser una propiedad casi exclusiva de las élites.

 

Nader y Simin: una separación (Asghar Farhadi, 2011)

An-Separation

Primer largometraje iraní ganador del Óscar a mejor película de habla no inglesa, Nader y Simin: una separación rompe con los estereotipos asociados al cine producido en Irán, en particular con la idea de narrativas lentas, contenidas y poéticas. Ashgar Farhadi parece plantearnos en un primer momento un drama familiar sobre la disolución de un matrimonio de clase media en el que sigue habiendo amor, pero existen deseos e intereses distintos: Simin quiere partir al extranjero en busca de un futuro mejor, mientras su marido Nader siente que debe quedarse en Teherán cuidando de su padre enfermo de Alzhéimer. En este contexto, entra en escena Razieh, una mujer pobre y religiosa contratada por Nader para que le ayude a cuidar de su padre, y ocurre un trágico accidente que lo cambia todo: la película muta así en un thriller de ritmo vertiginoso en el que se plantean una catarata de dilemas morales, así como cuestiones de clase y género. Farhadi ha sabido reflejar con agudeza el infierno en el que puede caer fácilmente cualquier persona a causa de un gesto irreflexivo o una verdad a medias.

 

Baran (Madjid Madjidi, 2001)

baran3

Una cuestión abordada por varios cineastas iraníes es la situación del millón y medio de refugiados afganos que viven como ilegales en el país, siendo ignorados por un gobierno que no reconoce su estatus y les niega protección, abocándolos a sufrir constantes episodios de discriminación y explotación laboral. El director Madjid Madjidi nos presenta esta realidad a través de los ojos de Lateef, un joven obrero que se enamora de Baran (lluvia en lengua pastún), una chica afgana que se ve obligada a vestirse de hombre para poder trabajar en una obra, después de que su padre quede incapacitado por un accidente laboral. Más allá de su denuncia sobre las penurias padecidas por los refugiados afganos en Irán, Baran explora el primer amor como una oportunidad de maduración, de volverse más sensible ante el sufrimiento ajeno, aprendiendo actitudes como la compasión y la empatía.

 

Las tortugas también vuelan (Bahman Ghobadi, 2004)

Turtles-Can-Fly2

Marzo de 2003. Faltan pocos días para que Estados Unidos le declare la guerra a Saddam Hussein. En la montañosa frontera entre Irán e Irak, decenas de refugiados kurdos acampan junto a una aldea situada en tierra de nadie. Mientras los adultos intentan conocer las últimas noticias, los niños (algunos de ellos mutilados, otros huérfanos) se entretienen desactivando y revendiendo minas antipersona para ganar algo de dinero. Así comienza Las tortugas también vuelan, un film crudo y doloroso que llevó a una nueva cota al subgénero que ya se ha convertido en un clásico dentro del cine iraní: películas sobre niños que se ven obligados a vivir experiencias impropias de su edad a causa de los duros contextos y circunstancias en los que han nacido. En este caso, el director kurdo Bahman Ghobadi centra su mirada en los niños a los que las guerras y las persecuciones por motivos étnicos les han dejado una huella casi imposible de borrar y que intentan sobrevivir como pueden con ese trauma a cuestas.

 

This is not a film (Jafar Panahi, 2011)

this-is-not-a-film1

Hace unos meses, comentamos el estreno de Taxi Teherán, la tercera película que el director Jafar Panahi logra realizar de forma clandestina, después de que un tribunal islámico le prohibiera hacer cine por más de veinte años. La primera película que dirigió en secreto después de esa condena fue This is not a film, un trabajo de no ficción en el que narra la cotidianidad de su arresto domiciliario y revisita el guión de la película que las autoridades no le permitieron terminar, creando un manifiesto de resistencia y en defensa de la libertad de pensamiento y creación, que pone en evidencia la radicalización de la censura en su país durante los últimos años de Ahmadinejad. Este ejemplo de superación artística y personal, entabla un diálogo con El Espejo, un trabajo anterior del propio Panahi realizado durante la tímida apertura de los años 90, en el que se reflexiona sobre los límites de la creación y exploración en el contexto de un rodaje frustrado.

 

La vaca (Dariush Mehrjui, 1969)

La vaca1

La vaca es considerada como la película que dio inicio a la nueva ola del cine iraní. Fue realizada a finales de los 60, una década antes de la revolución, y tuvo que superar infinidad de obstáculos para lograr su exhibición. Por aquel tiempo, mostrar en pantalla un contexto rural y empobrecido constituía un acto político, un desafío al discurso oficial del Shá y su gobierno, según el cual Irán vivía una época de modernización y progreso. Para reflejar fielmente la realidad de la vida rural, Dariush Mehrjui adaptó al cine la novela Gaav del escritor socialista Gholam-Hossein Saedi, protagonizada por un sencillo campesino de nombre Hassan que sobresale entre sus vecinos por tener la única vaca del pueblo y por cuidarla con una atención y un afecto desmedidos. Un día, mientras su dueño está en la ciudad, la vaca fallece súbitamente y los habitantes del pueblo deciden esconderle su muerte a Hassan para evitar que sufra por su pérdida. La vaca es un retrato colectivo de los claroscuros de un pueblo, en el que el miedo, la ignorancia y la pobreza encierran a sus habitantes en un círculo vicioso de alienación y desesperanza.

 

Un momento de inocencia (Mohsen Makhmalbaf, 1996)

A-Moment-of-Innocence1

En 1974, en el marco de las protestas contra el régimen del Sha, un joven Mohsen Makhmalbaf (tenía apenas 17 años) apuñaló a un policía, mientras intentaba robarle su pistola. Hecho por el permanecería encarcelado hasta el derrocamiento de la monarquía en 1979. Casi dos décadas después, Makhmalbaf (reconvertido en director) se reencuentra con su víctima, el ahora ex policía Tayebi, para (re)crear el pasado, haciendo una película sobre ese momento trascendental en la vida de ambos. Para ello, Makhmalbaf y Tayebi reclutan a dos actores que interpretarán a las jóvenes versiones de ambos. Buena parte de Un momento de inocencia se centra en los preparativos del rodaje de la escena de la puñalada, lanzándonos preguntas sobre las ideas de verdad, memoria o compromiso político. Vemos a Makhmalbaf y Tayebi conversando, cada uno por su lado, con los actores; explicándoles qué sentían y pensaban durante sus años de juventud. Apreciamos lo distintos que fueron y siguen siendo, pero también llegamos a entender que en su juventud ambos compartieron una misma inocencia, una misma ingenuidad.

 

Artículo de Esteban Zunin Yelpo.

Anuncios
Cultura Fetén

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s