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“Invierno”: My own private Santiago (de Chile)

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“Velódromo” fue la primera película de Alberto Fuguet que vi. Me recuerdo en algún momento de 2010 (o quizás 2011) navegando en busca de cine latinoamericano. Por ese entonces, yo era un uruguayo perdido en España que, después de pasar un tiempo en Perú y haber leído demasiado a Bolaño, había  optado por definirme como latinoamericano, que es algo así como ser todo y a la vez nada. Había decidido realizar la “búsqueda” de mi identidad, el “retorno” a mis raíces (si es que estas existían), a través de la literatura y el cine.

Fue así como di con Cinépata, una plataforma para la difusión del cine independiente, y acabé viendo “Velódromo”. Recuerdo como me gustaron las primeras escenas en las que el protagonista (Ariel Roth Roth, larga historia…) pedalea de noche por Santiago, mientras se presenta al espectador con su voz en off y de fondo suena “Subtérraneo” de Shogún. Recuerdo muy bien las palabras con las que acaba esa presentación, que bien podría ser el principio de una novela o de un cuento: “Bienvenido a mi plantea. No es grande, pero al menos gira. No le pido mucho a la vida: ¿acaso es mucho pedir?”

Luego vendrían otros libros y películas de Fuguet. Recuerdo que pospuse en varias ocasiones la lectura de “Missing” porque el tipo de la portada, el protagonista, el tío de Fuguet perdido en EEUU,  me parecía ridículo.  Ni la espléndida reseña que Vargas Llosa había escrito sobre el libro hacía que mis ganas de leerlo superaran al rechazo que me generaba la portada. Al final, leí el “Missing” y el tipo de la portada dejó de parecerme ridículo. Lo entendí, me identifiqué con él y de algún modo acabé queriéndolo; aunque en el fondo sentí (y aún siento) miedo de acabar como él. Cambiar de país, es a veces, un trauma difícil de superar.

Pero lo que quiero decir, en verdad,  es que después de leer y ver varias obras de este autor, siento que en el “prólogo” de “Velódromo”, en esas escenas de bicicleta, noche, Santiago, soledad, música, voz en off y Ariel Roth, se sintetiza el espíritu que hace girar el planeta Fuguet, un espíritu que se expresa con una abrumadora libertad en “Invierno”-

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Cuando apareció “Invierno”, lo primero que llamó la atención del público y de los medios fue su duración: cuatro horas y 15 minutos, divididos en tres partes. Junto a este aspecto, a mí lo  que más me sorprendió fue que Fuguet definiera su película como una “novela fílmica”. La idea es que las películas, según él, cuentan historias con la profundidad de un cuento o una anécdota y, por eso, para que una película narre una historia con la fuerza de una novela es necesario romper con la dictadura de los 90 minutos y emplear una duración mayor. Esta lógica parece responder al cambio de paradigma que ha supuesto el boom de series, como The Wire, Mad Men o House of Cards, que se han convertido en la versión siglo XXI de las novelas totales que se escribieron en el XIX. No por nada, Fuguet escribió en su libro “Tránsitos”: “Dickens y Balzac sin duda estarían hoy trabajando para HBO”.

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“Invierno” es una película coral en la que el foco de atención cambia constantemente haciendo que aquel que hasta el momento era un extra o secundario pase a convertirse en protagonista.

Los protagonistas de “Invierno” están unidos por la figura de Alejo Cortés, un escritor que se suicida en una piscina después de terminar su última novela (“Caída Libre”). La muerte de Alejo es como un terremoto que sacude a su entorno y lleva a cada personaje a cuestionarse o replantearse aspectos de su vida.

Todos pertenecen (o están vinculados) a una burguesía dedicada a oficios creativos, con una identidad globalizada y a la vez latinoamericana, en la que caben también posers y estudiantes. Un mundillo que tiene un toque a “Manhattan” de Woody Allen. De hecho, las mismas palabras que usa Fuguet para reseñar esta película de Allen se podrían aplicar a “Invierno”:

“Era un mundo sofisticado pero apolitizado, en el que las cosas interesantes que se hablaban tenían que ver con el arte y no con la política contingente. Nadie, al parecer, tenía problemas de dinero, pero no era un círculo de millonarios. Se caminaba mucho y la ciudad parecía ofrecerlo todo.”

Fuguet, como Allen, nos muestra este mundillo empleando una cierta ironía y un cuestionamiento a la normatividad y a ciertos modelos de éxito imperantes en nuestra sociedad, sin llegar caer en un discurso propiamente anti sistema.

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Fuguet es escritor y cineasta. En su obra cine y literatura se retroalimentan, dando lugar a un películas muy literarias y a libros con tintes muy cinematográficos. Pero es en “Invierno” donde esta simbiosis se manifiesta de un modo más claro. Hablamos de un cine hecho de palabras, con un guión bastante trabajado (el libreto llegó a las 200 páginas) y en el que los diálogos son el pilar fundamental sobre el que se construye la película.

Al hablar de los diálogos y el vínculo cine-literatura como señas de identidad de Fuguet, uno no puede evitar pensar en la influencia de Manuel Puig sobre la obra de este autor; en especial después de la aparición de “No ficción”, una novela formada exclusivamente por diálogos, que recuerda al Puig de “Maldición eterna a quién lea estas páginas” o “El beso de la mujer araña”. Me permito citar un texto de “Cinépata”, la colección de ensayos cinéfilos de Fuguet, en la que el autor chileno habla sobre Puig y la conexión cine-literatura:

“El cine podía inspirar y moldear y pautear y estructurar tanto o más que otros libros. El guión era una pieza literaria, el diálogo era poesía y servía para entregar información. Puig me enseñó muchas cosas: voz, voz, voz. Diálogo, diálogo, diálogo. Detalles, detalles, detalles. La historia era importante pero no tanto. Lo importante era el personaje o los personajes y estos no existen si no hablan, si no tienen voz. Un libro vale solo si conversa con uno. Si parece una confesión. Si se recuerda y se comparte como si fuera una película”.

Pero este “cine de la palabra” no se refleja sólo en el trabajo de los diálogos, muy bien logrados en en el último tercio y durante la entrevista a Alejo, sino también en los textos de “Caída Libre”, que son leídos en voz alta por algunos personajes en momentos señalados de la película, como la presentación del libro al poco tiempo del fallecimiento de Alejo.

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En 2008, Alberto Fuguet editó “Mi cuerpo es una celda”, una selección de textos y cartas que funcionan como una autobiografía de Andrés Caicedo, escritor colombiano que se convirtió en un mito de las letras latinoamericanas después de suicidarse el mismo día en que recibió copia de su primera novela: “¡Qué viva la música!

Aparte de la coincidencia de las iniciales (A.C.), Alejo Cortés tiene algo (bastante) de Andrés Caicedo.

Aunque a medida que va avanzando la película uno puede intuir y apreciar a un personaje complejo, “dañado” y con mil caras, Alejo no deja de ser un misterio, del cual (como Caicedo) sólo queda claro que su suicidio fue “un acto de victoria y no de derrota, porque tenía todas las de ganar” y que murió “tranquilo porque dejaba obra y unos pocos buenos amigos”.

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“Unos pocos buenos amigos” podría ser un título alternativo para “Invierno”. La amistad es un tema que Fuguet ha explorado con insistencia en su obra, mostrando (por lo general) una visión más optimista de esta que de las relaciones de pareja. Prueba de ello es una escena de “Invierno” en la que Alejo habla del amor como una experiencia destructiva, citando la famosa canción de Joy Division: Love will tear us apart.

La muerte de Alejo supone para sus amigos, que están a juntos y solos, un quiebre: sus conflictos latentes estallan y todos cambian, nada puede volver a ser igual. Llegados a este punto, quiero citar unas palabras de Luis Ospina, director de cine y uno de los mejores amigos de Caicedo, sobre los efectos que tuvo en él el suicidio de su amigo:

“Yo sabía que lo iba a hacer tarde o temprano. Cuando se le muere un amigo cercano y se está tan joven, uno queda muy tocado por ello. Sobre todo se centra, ya que lo hace pensar no solo en la vida sino en la muerte, y lo que se quiere hacer con su vida. A partir de la muerte de Andrés, Mayolo y yo sentimos un gran impulso de crear cosas muy precozmente, y pocos meses después de la muerte de Andrés, Mayolo y yo hicimos “Agarrando Pueblo”, la película más importante que hiciéramos juntos.” 

Más allá de la amistad, Fuguet revisita (a través de la relación de Alejo y Jose) el bromance”, una verdadera constante en su obra. Sin embargo, en esta película va más allá a la hora de abordar los sentimientos que suelen camuflar este tipo de relaciones. Es cierto que lo hace de un modo bastante sutil. “No ficción” es más explícita. Pero sin embargo es un gran avance respecto a la desquiciante ambigüedad de algunas de sus obras anteriores. En todo caso, cabe destacar el acierto del simbolismo empleado en los últimos minutos de “Invierno”.

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Mención aparte merece el personaje de Eleonora, la hermana de Alejo. Fuguet suele narrar desde lo masculino y son pocas las ocasiones en que sus protagonistas son mujeres. Como, por ejemplo, uno de sus primeros cuentos, el magistral “Pelando a Rocío”, que narra la historia de una “niña bien” de derechas que, durante los últimos años de la dictadura de Pinochet, decide dejarlo todo y abrazar la militancia política de izquierdas, con todas sus consecuencias.

El personaje de Eleonora no tiene nada que ver con Rocío ni tampoco con los típicos personajes fuguetianos, esos hombres perdidos, medio losers, que andan en busca de su identidad y de un lugar en el que sentirse cómodos con el mundo y consigo mismos.

Eleonora respira por sí misma, es una mujer empoderada que trabaja como ejecutiva y hace kickboxing y que no tiene problema en salir con un tipo más joven que ella. La muerte de su hermano la desestructura, pero no anda tan perdida como los otros. Es un personaje con el que se empatiza fácilmente, del que dan ganas de saber más y protagoniza algunos de los diálogos más cautivantes, como el que comparte con el psicológo de Alejo.

Tal vez, inspirado por personajes tan logrados como lo son Eleonora o Rocío, Fuguet, un escritor al que le gusta arriesgar, debería probar a escribir una novela protagonizada por una o varias mujeres.

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Por último, hay dos temas que quiero mencionar: la ciudad y la música. Las películas “Se arrienda”, “Velódromo” e “Invierno” podrían conformar una trilogía titulada “My own prívate Santiago (de Chile)”. Fuguet retrata su ciudad con cariño y lo hace desde sensaciones, desde la soledad de los pequeños apartamentos hasta a aquellos espacios públicos en los que uno se siente cobijado y refugiado.

Dentro de este retrato de Santiago, que el director hace en “Invierno”, destacan dos sitios. Por un lado, la plaza Uruguay, lugar en el que se juntan los amigos, clave en la película de principio a fin y sobretodo, clave para Fuguet. Rescato unas líneas que escribió sobre este lugar en su libro “Cinépata”:

“He estado muchas veces, solo y acompañado, en la plaza Uruguay, una inmensa plaza escondida que, por estar lejos de calles grandes, es en extremo silenciosa (…) Lo curioso, lo que hace que esta plaza perdida en las profundidades más profundas y verdes de Providencia sea entrañable, es que está rodeada de casas y chalés donde, no me cabe duda, viven familias y cuando uno está ahí, de noche, incluso rodeado de neblina, puede captar que, de día, es una plaza donde hay niños, perros, hay pololos, y quizás de ello proviene la energía que, de noche, la protege y hace que aquel que se detenga un rato a escuchar cómo caen las hojas de los gomeros, se sienta en paz, tranquilo, conectado y piense que Santiago es, después de todo, su casa, su memoria; donde ha estado y donde quizás volverá a estar; que cada esquina, al final, cada rincón es de muchos pero también es, sobre todo, propio.”

Y, por otro, está el Hotel Hyatt del aeropuerto de Santiago, que ya aparecía en su corto “2 horas”, y que responde a ese interés de Fuguet por los no-lugares, sitios carentes de identidad, que sin embargo pueden ser el escenario de momentos trascendentales en la biografía de sus personajes.

En el cine de Alberto Fuguet, la música es siempre memorable. Tanto que para algunos nos es difícil recordar sus películas sin asociarlas con alguna canción. En “Invierno”, la música tiene un espacio y un protagonismo particular. “Más o menos bien” de Él Mató a un Policía Motorizado complementa al relato y va enlazando las distintas partes del filme. Hay directos de Marineros y Black Panorama. Y suenan infinidad de canciones de bandas como Dënver, Moshi Moshi, Fakuta, Sobrenadar, EMAUPM, entre otras. Una razón más para ver esta arriesgada y ambiciosa película.  

Puedes ver “Invierno” aquí.

 

Artículo de Esteban Zunín.

 

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