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Fredo Landaveri: “Bailar es reconectarse con la realidad”

Son las 7 de la tarde, llamo a Fredo Landaveri por skype y él me atiende al instante. Está en Suecia, pasando unos días en una granja en la que le están enseñando a cultivar la tierra. Me habla desde una habitación de paredes de madera, con cortinas de motivos marineros -anclas y timones-. Lleva unos lentes vintage, un suéter jaspeado y el pelo desarreglado. A través de la ventana entra una luz gris. Es 6 de abril y faltan 9 días para que Disco Limbo, la película que ha codirigido junto a Mariano Toledo, se estrene en la sección Género y Vanguardia del festival de cine independiente de Buenos Aires (BAFICI).

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Fredo Landaveri

–Cuando tenía 7 años fui al cine a ver Jurassic Park –dice Fredo– y te juro que salí de allí y me quedé completamente conmovido. No tanto porque había dinosaurios, que a mí siempre me habían gustado los dinosaurios, sino por algo que en ese momento no era capaz de explicar. Me acuerdo que, unos días después, en la escuela nos hicieron dibujar qué queríamos ser de grandes y yo me dibujé haciendo películas. Así que, como ves, desde chiquito ya tenía ganas de hacer algo de esto.

A partir de ese momento, Fredo comenzó a realizar pequeñas películas con la ayuda de su abuela.  Ella manejaba la cámara, lo grababa, mientras él creaba historias, dándole vida a sus playmobil.

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–¿Cómo surge la creatividad?

–Haciendo –contesta Fredo–. Es como una práctica: cuanto uno más hace, más creativo se pone.

En su adolescencia, este realizador audiovisual argentino, como muchos de los que nos criamos en América Latina durante los 90 y principios de los 2000, se pasó horas y horas ante la televisión, viendo canales como MTV o The Box, y se enamoró de la idea de dirigir videoclips, una pasión que mantiene intacta hasta el día de hoy.

–Cuando me fui haciendo adolescente me fue gustando más ese camino que el de las películas. Fíjate que los que se dedican a lo audiovisual suelen empezar haciendo cortos y yo empecé haciendo videoclips.

Fredo ha dirigido videos para bandas de la escena alternativa como Youngfuck o Carmen Sandiego y también para músicos como Dani Umpi, Ignacio Herbojo, Wendy Sulca, Jorge Kazmer y más recientemente Diosque, uno de los fichajes argentinos del reconocido sello chileno Quemasucabeza. Me confiesa que en un inicio Disco Limbo fue pensada como un videoclip de una hora, pero que con el paso del tiempo el proyecto fue mutando. Le pregunto cómo ve la relación entre el cine y los videoclips:

–Si las películas toman la narrativa del videoclip pueden ganar mucho, porque en el videoclip la narración es mucho más abierta, permitiendo que el espectador tenga más espacio para completar el sentido de la historia con su propio bagaje, y me parece que está muy bueno que eso pase.

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–¿Qué te interesa encontrar en el cine y, en general, en el material audiovisual que consumes?

–Hay algo que me gusta mucho, cuando veo una película, que es que me estimule. Que me estimule a hacer algo –dice él–. Por ejemplo, algo que me pasó mucho con las primeras películas de Godard: cuando las veía por primera vez, o incluso cuando las reveo, en vez de seguir viendo la película, necesito dejar de ver la película, poner una pausa e ir a hacer algo yo. Creo que siempre que veo una película busco que me estimule desde un lugar que yo no conocía antes. También me interesan las películas que están muy influenciadas por la internet y por la velocidad de las imágenes a la que estamos ahora acostumbrados.

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Tras abandonar Mendoza, la ciudad del interior de Argentina en la que se había criado, para irse a estudiar Diseño Audiovisual a Buenos Aires, Fredo fue conociendo a una serie de amigos junto a los que crearía más tarde Vaca Ninja, un colectivo que ha optado por hacer cine desde la más estricta independencia, con cero presupuesto y sin el apoyo de fondos públicos o productoras, lo que les permite abordar la creación artística con libertad, sin someterse a plazos ni presiones.

A lo anterior se suma una filosofía de trabajo horizontal, en la que la creación se asume como un proceso grupal en el que todos los que intervienen tienen el derecho y el deber de participar, en clara contraposición al modelo tradicional de realización en la que el equipo se limita a cumplir las órdenes dadas por el director. El equipo de Vaca Ninja afronta cada película como una experiencia abierta de búsqueda personal y a la vez colectiva:

–La prioridad es descubrir algo de nosotros y del mundo. Y dentro de unos límites, estamos abiertos a que todo pueda cambiar.

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–A mí me gustaría que todo el mundo hiciera películas –dice Fredo– porque me parece que cada uno tiene un universo personal y si uno mostrara ese universo a los demás, nos enriqueceríamos todos. Ahora es muy fácil hacer películas con un celular, con lo que sea, y no hay que hacer nada gigante; simplemente ponerse a jugar con historias, ponerse en personajes, grabarse y subirlo a la internet, abre a que los demás nos conozcan desde otro lugar. Y, quizás, también al vernos conozcan de ese modo algo de sí mismos que antes no sabían.

–¿Por qué crees que la gente, con todas las facilidades para filmar que hay hoy en día, no se anima a embarcarse en ese proceso de exploración de uno mismo y de los demás que es hacer una película?

–No sé cómo será en otros países, pero en Argentina es muy pobre la educación artística que uno tiene en los años de formación. En las instituciones educativas no se reconoce el valor del arte como una herramienta de conocimiento profundo y de comunicación entre los seres humanos, se ve más como una cosa de ocio o diversión. Si se priorizan otras cosas y no se enseña el valor y el poder que tiene la creación artística, obviamente, imagino que después las personas ni se lo plantean.

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Hay proyectos que por circunstancias varias tardan años en concretarse y terminarse. En 2009, Fredo y un equipo viajaron a Epecuén, una ciudad-balneario a 5 horas de Buenos Aires, que tras una rotura de diques quedó perpetuamente inundada por una laguna cercana.

La idea original era rodar un corto sobre una pareja que intenta sobrevivir y amar en un mundo post-apocalíptico. Sin embargo, el mismo día en que comenzó el rodaje, el equipo se encontró con un hombre mayor que decía ser el único y último habitante Epecuén: él había vivido la catástrofe; pero en lugar de huir de la ciudad, como el resto de sus habitantes, había decidido permanecer en ella.

Este misterioso personaje despertó la curiosidad del equipo, que decidió cambiar sus planes de rodaje y dedicar un día entero a conocer las razones que lo motivaron a decidir seguir viviendo en Epecuén. Estuvieron muchas horas junto a él, lo entrevistaron, intentaron ahondar en su historia, pero él no dijo nada, permaneció hermético, limitándose a decir vaguedades y a pasearlos por entre las ruinas.

Días después, los miembros del equipo volvieron a Buenos Aires frustrados porque no habían encontrado lo que buscaban. El proyecto se estancó y permaneció en el olvido por años hasta que una serie de acontecimientos se sucedieron y Fredo decidió replantear el corto:

–Vi rumores en internet de que el hombre era un farsante, y esta idea me pareció genial. Él quizás nunca vivió esa catástrofe, pero a partir de eso armó su propio personaje, y ahora merodea ese pueblo fantasma como un embajador de todo lo que allí pasó, aunque él no lo haya vivido. Él se inventó una identidad y la hizo propia. De ahí surgió la idea de agregarle una nueva capa identitaria a partir de una voz en off, inspirada en los documentales de cable que doblan las voces de los testimoniales. De este modo se conecta su historia con la historia original del corto, la de la pareja en ruinas.

Él corto terminaría titulándose Como pez en el aire y se estrenó el año pasado en el festival Asterisco, donde ganó el premio a mejor cortometraje.

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La primera vez que supe de Disco Limbo fue por un artículo de un blog de La Nación en la que un estudiante de Diseño Audiovisual de la UBA comentaba la incursión en el cine de algunos de sus compañeros. En ese texto, las referencias a Disco Limbo eran más bien escuetas, apenas una foto y una frase en la que se decía que sus directores habían concebido la película como una “investigación audiovisual”. Esta investigación se desarrolló por distintos cauces pero sobretodo con la idea de la película se pareciera lo más posible a una canción pop:

–Para interiorizar una canción pop se requiere de varias escuchas. Al repertirlas, ganamos una conexión personal con las canciones, y se vuelven parte de nuestras vidas. Con las películas pasa algo distinto, hay muy pocas que uno vuelve a ver en reiteradas ocasiones. Quisimos tratar la película Disco Limbo como si fuera una canción pop. Hay muchas de las líneas de diálogo de los personajes que son líneas de canciones. Y en esto que te decía de la repetición de una canción, en la peli hay también pequeños “estribillos” que se repiten, concatenaciones de acciones y de planos que vuelven una y otra vez. Y esto lo conecto con algo que siento pasa en la vida: siento que hay un montón de situaciones en nuestra vidas personales que se nos repiten, cosas que nos vuelven a pasar, situaciones similares, loops. A mí me parece un buen ejercicio el estar atento a estas cosas que se me repiten, que me van pasando de vuelta, un poco modificadas pero con la misma base; siento que son como espejos que me hacen entender mis patrones de conducta. Si de repente siento que algo que estoy viviendo ya lo viví de algún modo parecido antes, y encuentro esa conexión, puedo comprender más como funciono, y poder así atravesar en el futuro estos ciclos de repetición con mucha más fluidez y disfrute.

– ¿Porqué “Disco Limbo”?

–Nos gustaba la acepción de “disco” como discoteca y también como disco rígido de guardar información. Y “limbo” porque siempre supimos que lo que iba a pasar en la película era que el protagonista iba a estar completamente perdido en su cabeza, en un limbo mental.

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Disco Limbo es un viaje a la mente de su protagonista, David.

–Y esa era la búsqueda, contar lo que él tiene en la cabeza todo el tiempo. Él está obsesionado con un chico, está tan enroscado que no puede parar de pensar en los breves momentos que pasaron juntos. Y eso se vuelve su realidad, lo que él decide pensar. No nos interesaba tanto lo que está ocurriendo sino lo que él está percibiendo.

Fredo Landaveri y Mariano Toledo han planteado su película más como una experiencia que como una simple historia. La idea es que el espectador juegue, experimente y, al mismo tiempo, complete con su mirada el significado de lo que ve. Ver Disco Limbo es sumergirse en el trance que está viviendo su protagonista, es recibir una abrumadora cantidad de información y jugar con ella para encontrar respuestas. Para ello hay que estar atento a los detalles y a las palabas, a lo que nos guste, a aquello que llame más nuestra atención.

Al principio de la película vemos a David escuchando la voz de una especie de app que le dice cuántos chicos disponibles hay a su alrededor. David está obsesionado, angustiado por tener que elegir, encontrar a alguien (y luego: qué hacer con ese alguien). Ese alguien, ese ideal se llama Lucio. David busca a Lucio, eso es lo único claro. Luego, dentro de este marco que los directores han dejado abierto, corresponde al espectador determinar lo que verdaderamente pasó: ¿todo ocurrió en una noche o a lo largo de un año? ¿Lucio es una o varias personas?

–Nos gusta la idea de que quién mire la película decida qué es lo que sucede en ella. Cargamos la peli con varias posibilidades de significado, pero el resultado final depende de quién mire. Más temprano me preguntabas qué me gusta cuando miro una película, y creo que algo que me entusiasma es cuando yo tengo el poder de elegir. Una película es una línea cerrada, pero nosotros quisimos probar de que esa línea, en vez de una, sean al menos dos. Dos o más posibilidades, y que el espectador elija su propia aventura.

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En la película, David mantiene dos relaciones claramente antagónicas: por un lado Lucio, su objeto de deseo, con quién no logra conectar por mucho que lo intente; y por otro María Leal, su mejor amiga, con la que mantiene un vínculo estrechísimo a pesar de que vive a miles de kilómetros de él:

–En la película quisimos problematizar la internet, concentrándonos en dos tipos de relaciones personales que la web nos permite tener: por un lado nos ayuda a estar cerca de las personas que queremos, aunque estén muy lejos, en otra parte del mundo. Y a la vez, te permite estar lejos de todos los que tenés cerca. El personaje protagonista tiene estos dos tipos de relaciones. Con Lucio, lo tiene al lado y están a kilómetros de distancia. Porque nunca se pueden conectar entre ellos, nunca se pueden entender. Con su amiga que está lejísimos, la tiene al lado, porque ellos están unidos. Queríamos retratar estas dos dimensiones.

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Como receta para liberarse de la enajenación que padece el protagonista, la película propone bailar, irse de fiesta:

–Bailar es reconectarse con la realidad. Para mí, hay algo que es muy valioso de la danza y es que te trae acá, a tu cuerpo, a tu propio movimiento. Y además tiene un poder de comunicación: cuando vos te juntas a bailar con otras personas, interactuás de otro modo, y aunque no hables expresás cosas; podés hablar con los movimientos de tu cuerpo en vez de con las palabras. Para conectar con las personas, más que aplicaciones para conocer gente, recomendamos ir y bailar. Bailar con desconocidos.

Y en cuanto a lo de la fiesta, justo el otro día hablaba con una amiga de esto, en relación a la peli. Pensamos que las fiestas y el mundo de la noche están generalmente apegados a la perdición y la autodestrucción, a emborracharse y drogarse. Muchas veces se recurre a eso para alejarse de las cosas que a uno le hacen mal, para “desconectarse”. Este es un accionar que aparece en nuestra peli porque efectivamente es algo que está presentes en la noche. Nosotros también somos consumidores de sustancias, pero intentamos hacerlo desde un lugar de autodescubrimiento, de juego, para encontrarse a uno mismo. No desde un lugar de destrucción y escapismo. Nos gusta ir a una fiesta para encontrarse con uno mismo, para encontrarse con otros, y para usar ese espacio como un lugar de reflexión, como un ritual. La humanidad siempre bailó alrededor del fuego en la oscuridad y ahora hemos transformado ese fuego en luces laser de colores, pero ese lugar de trance y conexión divina sigue estando presente. Y esa es la fiesta a la que queremos ir.

Son casi las nueve de la noche y acabo de detener la grabadora. Mi conversación con Fredo ha terminado. Hemos hablado una barbaridad, casi dos horas. No sé como haré para poner esta charla por escrito.  Lo único que sé es que el artículo, que pronto escribiré, concluirá con el tráiler de la película –en el que suena un bailable remix de una de mis canciones favoritas de la vida: En medio de una fiesta de Dënver– y con un consejo para aquellos que vayan a ver la película –cuando lleguen los créditos, no se levanten de la butaca, espérense un poco y disfrutarán de una sorpresa–.

 

Entrevista de Esteban Zunín.

 

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