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“Esa puta tan distinguida”, la nueva novela de Juan Marsé

Sí. El título engaña. Esa puta tan distinguida (Lumen, 2016), la última novela de Juan Marsé, es una novela sobre la memoria. O más bien sobre la desmemoria, las trampas y la falsedad. Quién sabe.

esa-puta-tan-distinguida-marseAño 1982: un veterano escritor (Juan Marsé o X) recibe un encargo: guionizar un crimen acontecido en una cabina de cine en el año 1949. O, al menos, eso hace nuestro autor. Pese a los requirimientos y las insistencias de Vilma Films (la productora) y pese a que el consejero delegado de esta y los directores que se suceden en el transcurso del hecho narrativo simplemente le encargan el tratamiento previo de un guión, nuestro autor (Marsé o X) guioniza el asesinato cometido por Fermín Sicart en la cabina del Cine Delicias de la Barcelona de 1949. Y he aquí, probablemente, uno de los elementos más interesantes de esta novela y de la narrativa de Marsé: el cine. En esta novela, sin embargo, el cine aparece con una proyección generacional y casi nostálgica (recordemos aquellos versos de Alberti: “Yo nací —¡respetadme!— con el cine”). Esta visión, por otra parte, no debe cegarnos, pues Marsé, guionista y espectador curioso, lleva a cabo un interesante análisis sobre el cine español de la posguerra y el cine ochentero el cual, indiscutiblemente, navega entre las producciones costumbristas de la posguerra y la desmemoria colectiva de la Transición (salvo honrosas excepciones).

Queda espacio, por supuesto, para la política. Marsé deja ver algo que algunos ya intuían en aquellos años y que, a día de hoy, confirmamos (casi) todos: la Transición, como decía Anguita, fue una transacción. Narrado, claro, desde la desmemoria… y la sutileza. Al contrario que Sicart —quien, por si no lo he dicho, asesina a una prostituta en 1949 y asegura no recordar el motivo—, Marsé sí sabe por qué escribió esta novela: para anunciar una derrota, en este caso, la derrota de la memoria y el triunfo de sus trampas y falsedades.

Esa puta tan distinguida es, al mismo tiempo, y según ha confesado el propio Marsé, “su novela más autobiográfica”. Y, claro, un servidor no puede pasar por alto algunas de las rutinas y costumbres de nuestro autor. Entre ellas, destaca —y esta es muy del oficio— beber diariamente una copita de güisqui rebajado con agua (en ocasiones, de más).

Hay que fortalecer la memoria.

 

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