Últimas noticias

“Las historias más hermosas jamás escritas en el mundo”: un relato oral de Oswaldo Reynoso

OR2

Casi desconocido fuera de su país, Oswaldo Reynoso fue -y sigue siendo- el secreto mejor guardado de la literatura peruana. Un escritor cercano a sus lectores y ajeno a esas vanidades tan propias del mundillo literario. Sus obras siempre destacarán por su compromiso político y estético. A punto de cumplirse dos meses de su fallecimiento, y como homenaje, hemos decidido transcribir esta historia, un relato sobre el nacimiento de su vocación literaria, que el maestro Reynoso contó a los asistentes al evento Historias de Colleras, organizado por la Casa de la Literatura Peruana.

¿Cómo comenzó a escribir?

De camino a mi colegio había una vieja librería. En ese entonces se le daba el nombre de librería a un sitio que vendía objetos de escritorio. Era una librería antigua, muy vieja, muy oscura. Al fondo estaba el dueño, un señor que siempre se vestía de negro, con terno, corbata y sombrero, y sobre el mostrador ponía un arma. Yo no sé porque este señor tenía tanto odio a los niños: cuando un niño entraba a preguntar algo, ahí lo amenazaba con el fierro; así que cuando yo iba al colegio tenía que pasar por allí y con mis amigos siempre pasábamos corriendo. Un día, en plena vitrina, veo un cajoncito de terciopelo negro y encima del cajoncito un librito con tapa de cuero, sin título y el borde de las páginas dorado. Me llamó la atención. Me quedé mirándolo y no sé por qué se me ocurrió que en ese librito iba a encontrar las historias más hermosas jamás escritas en el mundo, porque un librito así tenía que tener esas historias. Pero yo no podía entrar a preguntar. Así que fui donde mi hermano mayor y le dije:

Mira, hazme el favor de preguntar qué es ese librito y cuánto vale.

-De acuerdo. Yo te hago el favor y tú me das una cajetilla de cigarros.

 Así que le dije a mi mamá que me comprara una alcancía. Todas las propinas iban ahí. Me privé de helados, caramelos, revistas… Toda la plata que llegaba iba ahí. Cuando ya estaba la plata, compré la cajetilla de cigarros, se la di a mi hermano, me quedé en la esquina esperando y él fue a averiguar. Entró, salió y me dijo:

-Vale tanto.

-¿Y de qué es?

-No le he preguntado. Vale tanto. ¿Tú quieres que te lo compre?

-Sí.

Entonces tienes que juntar toda la plata del libro y comprarme otra cajetilla.

Junté la plata y apareció mi hermano con el paquete. Entonces, corrí a mi casa. Y como tenía ocho hermanos, y no quería que nadie me molestara, agarré el paquetito y me subí a la azotea.

Recuerdo que era de tarde, serían las seis más o menos. En Arequipa los crepúsculos son muy hermosos: el cielo se cubre de todos los colores que uno puede imaginar y a medida que avanza la noche el cielo va tomando un color similar a que quemaran una naranja. Es una hora mágica, los antiguos arequipeños dicen que es “la hora de los gentiles”.

En ese preciso momento, abro el paquete. Y saco el libro. Lo tengo en mis manos y digo: ahora voy a leer las historias más hermosas que jamás se han escrito en el mundo. Pero abrí el libro y todas las páginas estaban en blanco.

Recuerdo que comencé a llorar.

Las lágrimas me caían.

Tanto había pensado yo en comprar las historias más hermosas…

Entonces, sequé mis lágrimas, saqué mi lápiz y me dije: ¿y por qué no las escribo yo?

Y así, en las páginas de ese librito hermoso comencé a escribir y he escrito hasta el día de hoy que tengo 85 años: ¡ni un solo día he dejado de escribir en las páginas en blanco de ese libro!

Por eso es que comencé a escribir.
 
Artículo de Esteban Zunín.
 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s