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Daniel Peralta: “Busco retratar el viaje, no el destino”

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Daniel Peralta.

Creadas bajo los postulados del cine garage, las películas de Daniel Peralta ponen el foco en las búsquedas de sus protagonistas, en las emociones que estallan o se expresan de manera sutil en sus intimidades o soledades. El cine de Peralta está hecho con el cuidado y la delicadeza de quién pone atención a los detalles, los gestos y, sobretodo, a los matices y a las pequeñas epifanías con los que tiempo va haciendo mutar las historias y las vidas.

A pocas semanas del estreno en el SANFIC de su tercera película, Andrés Lee i Escribe, protagonizada por Fernando Mena y María Gracia Omegna, conversamos con Daniel Peralta sobre cine y sus películas, en una charla en la que se entremezclan, entre otras cosas, tributos al VHS y otros elementos de la cultura pop, Rohmer y Tarkovski junto a Dario Argento o Giorgio Moroder, e insospechadas fuentes de inspiración.

 
¿Por qué haces películas: cómo nace tu vínculo con el cine?

Mi vínculo con el cine nace cuando mis padres compraron un VHS. En ese momento se me abrió un mundo, un mundo al alcance de la mano, un mundo que podía conectar estando solo y que me permitía imaginar, socializar sin ser sociable, viajar sin moverme de casa. Si bien había ido al cine un par de veces, antes de la llegada de ese equipo, fue ahí donde conecté: arrendado, consiguiendo, grabando películas; viendo de todo, solo, conectado y desconectado al mismo tiempo; terror, acción y mucho Spielberg. Creo, sin equivocarme, que a toda mi generación le pasó lo mismo: se nutrió del VHS. Ver películas en tu casa era una ventana a otra realidades y a tu propia realidad también; una forma de conectar con otros mundos y contigo mismo. Fue a mi parecer una democratización importante del cine en ese momento. Y todo esto está indirectamente ligado a mi nueva película “Andrés Lee i Escribe” que le entrega un respeto y agradecimiento a ese tipo de cine, a ese tipo de películas: las valorizo, al igual que Andrés -el personaje protagónico-, pero no como nostalgia dibujada, ni como un “revival” de moda, para nada, sino como un tiempo que pasó, un tiempo encapsulado en esos objetos, que pueden ser leídos nuevamente para enfrentar el presente mirando hacia adelante.

¿Cómo ves la evolución de tu cine desde “Mejor no fumes, tu primera película, pasando por “Fiesta Falsa, hasta “Andrés Lee i Escribe”, que está próxima a estrenarse?

Hay aprendizaje, por supuesto. Y de tanto armarse de coraje, película tras película, uno se va legitimando a nivel personal, toma más confianza. Cada película se debe a la anterior: “Andrés Lee i Escribe” a “Fiesta Falsa” y “Fiesta Falsa” a “Mejor no Fumes”, cada una existe porque existió la otra. Guión tras guión, uno va armando su discurso, o trata, lo va depurado, con menos influencias y buscando-encontrado su propia voz, en el mejor de los casos. Y también rodaje tras rodaje, uno va encontrado su propio lenguaje de dirección, va puliendo la técnica personal y la relación con el equipo. Pero estamos recién comenzando, es un camino largo.

¿Dirías que las tres forman una trilogía?

Claro que las veo como una trilogía, y gracias por preguntarlo, si lo hiciste es por que viste algo ahí que las relaciona. Pero no era algo que tuviese tan claro en un principio. Comencé a darme cuenta, en el proceso de “Fiesta Falsa”, que podían ser una trilogía no por los personajes protagónicos, que en sí tienen una moral solitaria similar, sino por los objetos de cultura pop que relacionan, acompañan y obsesionan a estos personajes, y que son las obras que me obsesionan a mí también, vivo constantemente con ellas; en mi casa, me cobijan, me dan seguridad, y son “mis” temas recurrentes en cualquier conversación con amigos: música, literatura y cine representados en discos, libros y películas. Es como una cierta referencia a mi “sagrada trinidad”, y en cada película los personajes se relacionan directamente con uno de ellos: Paulo Arancibia (“Mejor no fumes”) colecciona discos, Álvaro infestas (“Fiesta Falsa”) lee y tiene muchos libros y Andrés Centeno (“Andrés Lee i Escribe”) se vuelve a armar a partir de sus viejos recuerdos fílmicos.

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Fotograma de “Andrés Lee i Escribe”.

¿Por qué titular la película “Andrés Lee i Escribe”?

Trataré de responder sin hacer un spoiler. Comencé a gestar el título después de asistir a una exposición fotográfica de soldados chilenos de la guerra del Pacífico, donde Chile enfrentó a la confederación Peruano-Boliviana en 1879. La muestra representaba a soldados chilenos, posando frente a cámara, mutilados, en un estudio con una rara escenografía, sin piernas o sin brazos, y supuestamente como triunfadores de una guerra. En rigor no eran soldados, eran gente común y corriente reclutada a la fuerza y obligados a ser héroes de guerra, algunos gente de trabajo, profesores, jornaleros, campesinos y otros vagabundos e incluso presos que también los mandaron al campo de batalla. Muchos de ellos nunca volvieron, ni siquiera como cadáveres, y los que sobrevivieron sin una parte de su cuerpo fueron fotografiados para recibir una pensión o el pago de la extremidad que perdieron en la guerra. Y la particularidad que tenían  algunas fotografías era un escrito, en caligrafía, con el nombre del soldado, rango, forma de cómo fueron mutilados y su educación: estaban los “analfabetos” y los “lee i escribe”, escrito de esa misma forma, por eso mantuve la “i” para respetar cómo inicialmente fue creado el nombre, y darle un carácter histórico, que calza perfectamente con la temática y la búsqueda de la película.

Andrés Centeno, el protagonista de la película, se siente perdido, incómodo consigo mismo, en una especie de limbo/encrucijada en la que no sabe muy bien como se ha metido: ¿qué es lo que te atrae de las historias de este tipo de personajes, que ya hemos visto en tus trabajos anteriores?

Me gustan las películas donde los protagonistas sean “la película” y su estado de ánimo determine el ritmo del relato. Los tres personajes unos más que otros están en un nivel de privilegio, con sus necesidades básicas cubiertas, donde pueden eludir sus preocupaciones naturales. Han decidido vivir de una forma específica, sin pertenecer del todo a ningún lugar, estando al margen y con pocos lazos, pero sí sintiéndose cómodos en su habitación, donde la soledad es el motor de esa búsqueda o cuestionamiento en un estado consciente, eso a mi parecer los hace más robustos en su búsqueda y más cercanos, obviamente.

Has definido tus películas como “dramas románticos sin besos”: más allá de las etiquetas drama/comedia, ¿qué dirías que diferencia a tus películas de una comedia romántica convencional? ¿y, en especial, qué ideas sobre el amor y otras relaciones afectivas, como la amistad o la familiar, te interesa explorar en tu cine?

Esa etiqueta me la autoimpuse para distanciarme del drama pasional, la comedia melosa o de una simple historia convencional. Digamos que me adelanté a las supuestas etiquetas en las que al medio le gusta encasillar.

Busco hacer películas que cuenten historias no convencionales con personajes con poca pertenencia, lo que las hace de nicho; no relatos con finales o desenlaces esperados. Me interesa la historia del proceso, cómo los personajes salen de algunas situaciones o toman conciencia de estar inmersos en esas situaciones. Mi énfasis está en el medio en sí, en contar el proceso como tal. El viaje, no el destino. Tal cual lo hace de muuuuucho mejor forma el maestro Rohmer. Ejemplificándolo: me interesa la conquista, no el beso como tal o lo que podría pasar después del beso.

Uno de los directores que te han influido es Rohmer: ¿qué descubriste al ver sus películas?

Rohmer es un capo. Me influenció y me influencia, en su estilo y forma, con su cine de prosa, hecho con personajes corrientes, cotidianos y en lugares comunes, con un universo expresivo único. A diferencia de Godard (otro genio), que mueve la cámara de forma contestataria, Rohmer prefiere no moverla y dejar que sus personajes se desenvuelvan al interior de marco, cercano a lo plástico, entrando y saliendo de forma elegante, y cortando el plano antes de la respuesta a la pregunta. Rohmer filma estados de ánimos y pensamientos de sus personajes, eso es lo que más me gusta de sus películas. Admiro también, que fue un director que nunca se vendió, no transó, siguió con una mirada personal y única, e insistió hasta el final con su estilo.

Fotograma de “Andrés Lee i Escribe”.

Fotograma de “Andrés Lee i Escribe”.

Te interesa la relación música/cine: ¿cómo ves esa conexión? Has dirigido videoclips. En una entrevista pasada comentabas que te gusta, por ejemplo, como Cameron Crowe integraba la música en sus películas. En “Andrés Lee i Escribe”, la música ha vuelto a estar a cargo de tu hermano, Diego Peralta: ¿qué sonido buscaron darle a la banda sonora de la película? ¿cómo quisieron que funcionara? ¿tuvieron alguna referencia presente?

Me encanta la música, escucho mucha música todo el tiempo. Y mis escenas musicales favoritas son las de Cameron Crowe y Linklater, son unos capos en eso; cómo integran la música en sus películas, es increíble, elevan la canción o la escena a otros lugares y eso me fascina e inspira.

Y tal como te comentaba en otra respuesta, “Andrés Lee i Escribe” es de forma indirecta un tributo al cine pop que con el que uno creció, o con el que yo crecí. No quisiera llamarlo tributo en rigor, está muy viciado ese término, es un respeto a cierto tipo de cine, que en ocasiones al intelectualizar se minimiza o se descarta. Y la música compuesta por mi hermano complementa ese respeto, queríamos que fuese así desde un comienzo: con referencias claras, inspirada en clásicos italianos de terror setenteros, como películas de Dario Argento (Profundo Rosso, Phenomena, Suspiria), también tiene los colores, sintetizadores y teclas de Giorgio Moroder (Cat People, American Gigolo, Flashdance, Midnight Express), y en las escenas interiores de Andrés en su departamento tiene algo de Vangelis (Blade Runner). Todo esto compuesto e interpretado por Diego de manera impecable. Quedamos muy conformes con el resultado, es una banda sonora moderna y antigua al mismo tiempo. Logramos despegarnos de los OST de las pelis anteriores, que fue una de las premisas. Corrimos un riesgo, pero creo que funcionó perfecto para el relato.

Has dicho que tu cine “mas que de acciones, es de sensaciones” y que en tu película anterior, Fiesta Falsa, “el escenario más importante es el interior del protagonista y su habitación”: ¿hasta qué punto te interesa crear intimidad en tus películas, para que, por ejemplo, el espectador pueda conectarse mejor con los personajes?

Me gusta retratar la soledad como espejo de los personajes y la intimidad de los diálogos entre dos personas. Me gusta esa cadencia íntima, que se puedan leer gestos, reacciones e intenciones en los personajes. Por eso en ocasiones las filmo en un solo plano: para poder aumentar esa intimidad y capturar el tiempo único de ese momento; para poder, como señala el maestro Tarkovski, “esculpir el tiempo”. El cine es el único arte que captura el tiempo tal cual, no como abstracción, sino como una realidad. Atrapa instantes, espontaneidad y frescura, como también menciona Robert Bresson. Y eso me encanta y trato de filmarlo. Lamentablemente la industria de las series en estos días está matando esto esencial del cine, ¡están matando el cine!, y nadie se da cuenta: el poder leer la escena, cada plano, cada detalle, ese tiempo esencial; están creando espectadores dependientes, ansiosos de la inmediatez, unos robots dependientes; una lástima…

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La película transmite constantemente intimidad, soledad. Aun cuando los personajes están en espacios públicos uno sigue sintiendo esos espacios como íntimos –es verdad que en muchos de esos sitios suelen estar solos, no se ve a nadie más-. Pero, al mismo tiempo, me llamaron la atención ciertos planos en los que vemos a los personajes desde una determinada distancia o a través de cristales/ventanas.

Claro, incluso cuando están conversado algunos personajes, trato de transmitir soledades acompañadas. Como en el caso específico de Andrés y su mamá, “soledades encontradas” las llamo, donde se ve un fondo sobreexpuesto con la madre a través de una ventana y solo vemos el perfil  de Andrés fuera del cristal  del marco donde se encuentra su madre, creo que funciona eso que me dices, la mayoría de los personajes llevan consigo sus soledades a los diferentes lugares donde se desenvuelven.

Por último, te has definido como un director que hace “cine garage”: ¿qué caracteriza a esta forma de hacer cine? ¿cómo te diste cuenta que querías hacer películas de esta manera?

El “cine garage”, cine guerrilla o simplemente cine independiente  es la única forma posible que tengo de hacer cine y la forma que me gusta también poder hacerlo, sin concesión comercial de ningún tipo, sin  nada que determine un canon específico, filmada de manera libre entre amigos apasionados, verdaderos amigos que nos juntamos para hacer películas, por la pasión y amor al formato cinematográfico, y materializando dos conceptos que para mi van entrelazados: cine y amistad.

 

Entrevista de Esteban Zunín.

 

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