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Alfred Crespo: “Todo fan del rock ha pensado en organizar un concierto, muchos lo han intentado”

Foto: Laura Crespo.

Foto: Laura Crespo.

Lo que hay detrás de un concierto de rock siempre ha sido un misterio para la mayoría de los asistentes a las salas. ¿Cuántos de ellos conocen la cantidad de obstáculos con los que el promotor de turno ha tenido que toparse para traer a tal grupo? No es cosa fácil, no, y Alfred Crespo lo cuenta muy bien en “No hay entradas” (66 RPM Edicions). Codirector de la revista Ruta 66 y al frente de la editorial responsable de la publicación del libro, Alfred ya ha dejado atrás su faceta de promotor musical, pero tiene buenos recuerdos (y otros más agridulces de los que reírnos) de entonces. El subtítulo del libro lo dice todo, ‘Experiencias de un aspirante a promotor’, pues en él cuenta batallitas y aventuras, todas ellas en clave de humor, sumamente interesantes y reveladoras para aquellos que alguna vez hemos tenido esas ganas inexplicables de ser los héroes en montar el concierto de nuestra banda favorita.

Hablamos con Alfred Crespo de la segunda edición de su libro, los entresijos del promotor musical, sin olvidarnos de su querida revista Ruta 66 y el 5º aniversario de la editorial 66 RPM:

 

En este libro cuentas anécdotas, situaciones y aventuras de tu pasado como promotor musical, pero ¿cómo o con qué habría que tentarte para volver a organizar un concierto? ¿Con qué banda se te quedó la espinita clavada de haber querido traer a Barcelona?

En realidad, lo pasé en grande organizando conciertos, todo el libro está básicamente escrito desde un punto de vista irónico. Lo dejé por cuestiones de incompatibilidad con otras ocupaciones, cosas del pluriempleo, y por una cierta sensación del deber cumplido… y de saber que difícilmente la historia iría más allá. En estos momentos, el pequeño promotor independiente tiene muy complicado poder crecer: todos los grupos con proyección de futuro o posibilidades reales de vender una cantidad importante de entradas están en manos de grandes empresas. Solo hay dos opciones: o comprarles a ellos las bandas, con el sobrecoste que esto comporta, o jugar en una liga prácticamente amateur. Sigue siendo divertido, pero en la mayoría de ocasiones supone mucho trabajo para escasa recompensa. Respecto a la espinita… puestos a soñar, me habría parecido la monda conseguir organizarle un concierto a alguno de los miembros de los Stones, algo discreto en un pequeño club. Por soñar que no quede… si esto llegara a plantearse, ¡igual vuelvo al ataque!

El libro ha alcanzado su segunda edición, por lo cual te felicitamos, ¿te esperabas tan buena acogida?

Nunca sabes si lo que escribes va a obtener una buena acogida. Confías en ello, pero… Quizás la clave resida en que en casi cada población de España existe alguien que ha pasado por situaciones parecidas a las que aparecen en el libro. Todo fan del rock ha pensado en organizar un concierto, muchos lo han intentado. Pueden sentirse identificados con lo que narro en el libro.  

La verdad es que el libro es ameno, muy entretenido, incluso divertido y realmente atractivo para los novatos en la organización de conciertos. ¿Qué te impulsó a escribir estas “memorias” profesionales?

Me impulsó comprobar que hay personal decidido a no arrojar la toalla. Javier Ezquerro, uno de mis antiguos compañeros de fatigas como promotor, se pasaba el día quejándose de las dificultades que encontraba para seguir programando conciertos ante la indiferencia general. Se quejaba, pero seguía organizando bolo tras bolo. El libro es un tributo a todos los tipos que siguen dejándose la pasta y la salud ofreciéndonos la oportunidad de ver a nuestras bandas preferidas. Todo, como os he dicho, desde la desdramatización y un prisma desmitificador.

El libro es un tributo a todos los tipos que siguen dejándose la pasta y la salud ofreciéndonos la oportunidad de ver a nuestras bandas preferidas.

Muchos autores que escriben sobre música, al igual que periodistas especializados en esta temática, confiesan que son lo que se llama “músicos frustrados”. ¿En tu carrera vinculada a la música llegaste a militar en alguna banda de rock?

¡Soy el prototipo de músico frustrado! Empecé a tocar el bajo muy joven, en bandas de efímera existencia. Más tarde fui miembro de un grupo, Res, que llegó a actuar bastante. Pero mis capacidades técnicas limitadas y mi indisciplina convertían la asistencia a los ensayos en algo que dejó de ser divertido para convertirse en rutinario. Mejor dejarlo…

no-hay-entradas-portada-promo-2o-edVisto ahora con perspectiva, ¿cuáles consideras los mayores obstáculos con los que uno se topa al ser promotor musical?

Básicamente, el problema radica en la falta de interés de los posibles asistentes. Si vendes entradas, lo demás puede llevarse con elegancia o esfuerzo. Lo más frustrante es ver que un grupo increíblemente bueno toca en una sala medio vacía. Me temo que los más veteranos seleccionan demasiado a qué conciertos van, y los más jóvenes parecen haberse despegado del rock. O del jazz. O del blues… Si a ello le sumamos los costes desproporcionados que comportan la contratación de un grupo.

Me han parecido muy interesantes esas “moralejas” con las que cierras cada capítulo de ‘No hay entradas’ a modo consejo tras lidiar con cada una de las situaciones de cada producción musical. ¿Recibiste algún consejo previo antes de tu primera aventura como promotor musical? En caso afirmativo, ¿cuál fue?

En realidad, las “moralejas” que yo recibí me las facilitaban quien me vendía los conciertos: la mayoría eran amigos míos, y me iban avisando de lo que me esperaba. Ya sabes, adicciones, malos humores crónicos, maniáticos obsesivo compulsivos, capullos integrales… o personajes sumamente encantadores, tipos fáciles de tratar y con los que podías acabar viendo el amanecer al salir de un after. Siempre va bien tener pistas sobre dónde están los charcos en los que te puedes meter.

¿Existe la producción musical perfecta en la que todo salga bien? Como bien queda plasmado en tus aventuras que narras siempre pueden aparecer cientos de imprevistos de todo tipo. ¿Cuál ha sido tu mejor experiencia como promotor?

Existe, existe. Hay grandes profesionales que realizan producciones tan cojonudas que logran que los imprevistos no se noten. El nivel ha subido de forma espectacular en los últimos años. ¿Mi mejor experiencia? Me costó un pastón, pero logré uno de los sueños de mi vida: organizar un concierto de Ian Hunter (la ilustración de portada del libro no podía ser otra que ese cartel, claro). Con catorce años escuché por la radio su disco en directo ‘Welcome to the Club’. No pude pegar ojo en toda la noche, y se convirtió en una de mis obsesiones. Décadas más tarde, pude escuchar esas canciones desde el lateral del escenario. Una gozada.

Es curioso cómo a lo largo que avanzan los capítulos se puede apreciar una cierta evolución en tu relación con la revista Ruta 66, partiendo como un fan a llegar a ser codirector de la misma.  Desde ese puesto de altura dentro de la revista, ¿en qué momento se encuentra Ruta 66 ahora tras más de tres décadas informando acerca del noble arte del rock and roll?

Ruta 66 ha cambiado, como todos nosotros y el rock and roll mismo. Se ha ido perdiendo esa implicación con la escena más underground que la caracterizó al principio, quizás porque hasta el underground ha sido asimilado por el sistema. Pero sinceramente creo que sigue siendo la publicación de referencia, la única en la que puedes encontrar artículos de fondo, recordatorios de artistas del pasado que siguen siendo grandes desconocidos y entrevistas y textos sobre bandas emergentes. Afortunadamente, el rutero sigue existiendo y militando, la revista goza de buena salud.

Del mismo modo, no querría terminar sin hacer mención a 66 RPM, la editorial en la que se publica este libro, y al frente de la cual también estás, que recientemente cumplió su 5º aniversario. ¿Con qué nos sorprenderéis en estos últimos meses del año?

Otra causa perdida que parece va consolidándose… Empezamos con la idea de publicar tres libros y llevamos cerca de cincuenta. Todo un récord, teniendo en cuenta nuestra limitada estructura. May González y un servidor, con la ayuda de algunos buenos amigos, nos encargamos de todo: selección de títulos, correcciones, diseños, maquetación, promoción… mucho trabajo, cierto, pero el hecho de poder hacer lo que te viene en gana, la absoluta independencia y nuestra fijación por la música y la literatura nos aportan energía para seguir adelante. ¿Novedades? Hoy nos han llegado ejemplares de nuestra nueva referencia, “Santos y Francotiradores” (un magnífico libro en el que Luis Boullosa analiza la relación entre la literatura y el rock generado en nuestro país), y estamos en pleno lío para publicar en breve el libro que todo el mundo debería adquirir: la voluminosa historia del rock australiano que lleva años confeccionando un erudito del tema, Manuel Beteta. Y seguimos dándole a las neuronas…

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