‘Paterson’ o el discreto encanto de lo cotidiano

Paterson, el héroe de esta ficción, es un hombre tranquilo que vive en la homónima ciudad de Paterson (Nueva Jersey), conduce un autobús, escribe poemas y está casado con Laura, una mujer inquieta que, además de ser tocaya de la musa de Petrarca, busca explorar su creatividad de todas las formas posibles. A lo largo de una semana, de lunes a lunes, el espectador acompaña al protagonista en las pequeñas rutinas que dan forma a su día a día.

El director Jim Jarmusch creó Paterson como un homenaje a William Carlos Williams, un médico/poeta que buscaba reflejar a través de sus versos la belleza oculta en las cosas más simples y ordinarias, y cuya obra sería determinante para el surgimiento de los dos movimientos que revolucionarían la poesía estadounidense de la segunda mitad del siglo XX: la generación beat y la escuela de Nueva York. Jarmusch también aprovechó esta cinta para trasladar a la pantalla las ideas de Frank O’Hara, uno de los autores clave de este último movimiento, conocido por su manifiesto Personism en el que propugnaba una poesía intuitiva, concreta y escrita como “un mensaje para otra persona”.

Bajo estas influencias, surge una película intimista, luminosa y de forma poética; hecha para ser contemplada, y en la que se aborda la búsqueda de belleza y sentido dentro de la vida cotidiana, incluyendo también pequeños momentos cómicos y puntuales referencias culturales que funcionan como un guiño al espectador.

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Como casi todos los poetas que han existido, Paterson es un poeta amateur en el mejor sentido de la palabra: escribe poesía por vocación, por amor al arte y no busca en ella dinero o fama. Disfruta conduciendo su autobús, pero la poesía le da la oportunidad de mirar la realidad de otra manera. Le gusta la rutina porque dentro de ese orden con sus pequeñas variaciones puede y elige conectarse con la realidad que le rodea. No es de esos artistas que se encierran en sí mismos y rehuyen la cotidianidad: al contrario, él se sumerge en su entorno, explora su belleza y saca de él su inspiración. Está enamorado de la vida: le gusta observarla, mirarla, escucharla, sentirla… Su actitud no es sólo parte de un proceso creativo, sino que refleja una forma de vivir aplicable a cualquier persona con independencia de su oficio o profesión. Es la voluntad de estar presente en cada instante y lugar (quizás por eso Paterson es un ser analógico, sin internet ni móvil), dándole un sentido (una ética, un compromiso…) a nuestro día a día, siendo conscientes y tratando a los que nos rodean con afecto, atención y compasión. Paterson parece la encarnación de las ideas sobre libertad, sentido y vida cotidiana que David Foster Wallace plasmó (con una clara influencia zen) en sus obras y en particular en su célebre ensayo Esto es agua. No es casualidad que ciertos libros de este escritor norteamericano aparezcan junto a la mesa en la que Paterson escribe sus poesías.

Por otro lado, Laura representa a una mujer que está en otra etapa de la vida: no sabe a qué quiere dedicarse; pero el proceso de descubrirlo no le angustia, al contrario, lo acepta, se siente cómoda y disfruta ejerciendo su incansable curiosidad. Quizás su vocación sea ser una diletante como el propio Jarmusch.

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Paterson es una película sencilla y serena, sin drama ni conflictos ni giros. Casi una fábula en verso. Sus protagonistas son personas libres, que aman y eligen lo que hacen y que, sin importar lo que pase, están siendo quienes quieren ser. Laura y Paterson tienen una relación plácida e incondicional: son diferentes, pero se aceptan mutuamente tal y como son y ninguno ansía cambiar al otro. No son perfectos: cada uno tiene sus manías y defectos, pero ello no impide que se estimen, se respeten y se apoyen. Por eso Paterson, como bien dijo su director en una entrevista, puede ser también entendida como una “historia de amor”. Un amor que no se limita a la pareja, sino que la trasciende para convertirse en una experiencia fraternal y generosamente desinteresada que nos permite salir de nosotros mismos para sumergirnos con el mundo y conectar con el próximo.

Artículo de Esteban Zunin Yelpo.

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