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Dedos y dientes: ciudad poscapitalista y ficción

pasaje_hdEn ‘Pasaje a las dehesas de invierno‘ (Pasaje a las dehesas de invierno, 2015), de Francisco Jota-Pérez, encontramos tres ejes, alrededor de los cuales podemos leer esta novela. En realidad, estos tres ejes son uno que continuamente se entrecruzan y dan forma entre sí.

El primero (el más interesante) es la ciudad: más allá de la dicotomía tradicional, la ciudad se presenta en estas páginas como un espacio trastornado y complejo, a veces oscuro, que sirve como base de operaciones para “La Jauría”, una facción más o menos organizada que, de manera más o menos aleatoria, apalea a individuos que habitan la noche barcelonesa. Además, se da cuenta de una Barcelona, a caballo entre nuestro presente y un futuro no muy lejano, posturística, casi poscapitalista. No es casualidad que Assumpta Serrano, nuestra protagonista, se dedique a evaluar habitaciones de numerosos hoteles de Barcelona: la Barcelona turística es un espacio caótico y psicodélico porque es un espacio poscapitalista. Parece que, como dice Slavoj Zizek, parafraseando a Frederic Jameson, “es fácil imaginar el fin del mundo, o un asteroide destruyendo la vida, pero no podemos imaginar el fin del capitalismo”. Y si, como ocurre en esta novela, somos capaces de imaginar un espacio ligeramente poscapitalista, este es un espacio nocturno, oscuro y violento.

El segundo eje, también fundamental, es el enfrentamiento entre la realidad y la ficción. Esta dicotomía, a su vez, se articula a través del lenguaje. Este es un lenguaje experimental, ajeno al propio género de la ficción cuya consecuencia es la continua sensación de extrañeza, perplejidad y artificialidad que primero despista y, finalmente, seduce al lector. Este planteamiento, en el que constantemente se mueve ‘Pasaje a las dehesas de invierno’, es cuanto menos interesante ya que abre nuevas ventanas narrativas y posibilidades ficcionales como, por ejemplo, la realidad virtual o el contacto con extraterrestres en el barrio Clot-Sant Martí. El tercer eje es la búsqueda. La peregrinación al Pasaje es, en realidad, un motor que pone en marcha a Assumpta. Peregrinar es buscar y resolver. Hay, por tanto, un viaje que activa una ciudad pero que, sobre todas las cosas, cuestiona y reconfigura las identidades y las relaciones sexuales. En resumen, estos tres ejes -ciudad, realidad versus ficción y búsqueda- se leen y se modifican a lo largo de estas ciento sesenta y siete páginas dando lugar a una sólida historia de ficción.

En definitiva, ‘Pasaje a las dehesas de invierno’ es una novela “cuyo principal misterio -como dijo T. S. Eliot sobre Sherlock Holmes- reside en que cada vez que hablamos de ella caemos en la fantasía de su existencia”.

 

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