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Quique González: el leopardo vuelve, los gatos se organizan en bloque

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Foto: David Vaquero

Las farolas se encienden y alumbran la niebla violeta del fondo del escenario del WiZink Center de Madrid. Suena el teléfono. Los detectives entran pero ninguno lo coge. Tras ellos, un hombre vestido con chaleco entra decidida y agradecidamente, coge su guitarra y nos dice que van a intentar dar el mejor concierto de nuestras vidas.

Los detectives suena –tocada por los mismos-, dando inicio a la quinta noche de la gira de Quique González en Madrid. Esta vez llenando el Palacio (para los más nostálgicos), algo que no es nada fácil: el mismo Iván Ferreiro nos confesaba una semana antes lo que le había costado. Tras Se estrechan en el corazón, el single de este último disco, Los Detectives le meten un poco más de fuerza a las eléctricas mientras Quique acribilla a los fotógrafos del foso con rabia (pero con cariño) en Sangre en el marcador.

Nina se adelanta modestamente desde la segunda fila. El público se la sabe, una de las favoritas del nuevo disco, si no la que más. La voz de Morgan (que al día después telonearán a Leiva) habla por esa chica que ni siquiera era buena camarera. Un gustazo escuchar lo que tiene que decir de Charo. Por no hablar de uno de los momentazos de la noche. Carne de gallina cuando Nina hizo callar al estadio entero en De haberlo sabido, (es ahí cuando entiendes porqué es la “niña mimada” de González, a esta chica hay que cuidarla) acompañada por el propio Quique a la guitarra y a Edu Ortega al violín.

Este último, uno de los de siempre, de los que llevan acompañando al madrileño desde que se conocieran en Los Problemas de su siempre querido y recordado (“me acuerdo de él todos los putos días de mi vida”) Enrique Urquijo, acompaña íntimamente en Aunque tú no lo sepas, esa canción que a más de uno nos ha hecho estremecer alguna vez. Hoy no podía faltar una vez más. Pero no nos desviemos del hilo. Al finalizar Cerdeña hacemos un parón en el cronológico de temas de ‘Me mata si me necesitas’ y nos sumergimos en el blues renqueante de ‘Delantera Mítica’. Tras una ración de sentimiento, buscamos un poco de acción entre esas guitarras con tan buen ritmo de Tenía que decírtelo y la presencia de El Drogas, con su sombrero y su bastón centrifugado, para exigirnos ¿Dónde está el dinero?

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Foto: David Vaquero

Empiezan a aparecer las más antiguas, como aquellas que aparecían en un disco que hace menos de un año cumplía ya 15 (‘Salitre 48’). Aquellas que como el buen vino, se saborean hasta mejor con los años. Los veraneantes accidentales cantaban a coro La ciudad del viento y los que, aún hoy, con la que está cayendo, persiguen sueños imposibles afinaban el Salitre.

Otro más se une a la fiesta en el Ring: César Pop, uno que ya es clásico, otro compañero de carrera, de los que te ayudan a finiquitar esos temas que se encuentran encasquillados, empuñaba el micro cuando las teclas del piano empezaban a disparar en Relámpago. El primer intento de huida sucedía con otro de esos temas que enmudecía al público. “Papa, la casa huele a Mama” cantaba Quique con todo el sentimiento que tiene alguien que es capaz de mostrarnos su lado más íntimo encima de un escenario mientras planifica su futuro más cercano. Después de terminar con La casa de mis padres nadie podía dejar que se fueran así.

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Foto: David Vaquero

Efectivamente, volvieron. Todos ellos. Pero primero llegaron solo dos. Quique y Edu tocaron la ya mencionada Aunque tú no lo sepas y después se presentó el resto de la banda para acabar a golpe de Kamikazes enamorados recién terminada Clase media: el germen del último disco. El público, como pistoleros de sangre caliente, aún quería más, todos esos kamikazes enamorados que gritaban, por lo menos, una más. A través del fino punteo de Su día libre, Quique González decide volver y dedicar la canción a sus padres, a quienes: les hubiera gustado verme aquí. Regresan los Detectives y, por fin, un tema de ‘Personal’. A la mitad de Y los conserjes de noche, Quique se hace a un lado para presentar a David Ruiz, la voz tan característica de La MODA, mientras él se aferra a su armónica y el público canta una de sus preferidas. Sabemos lo que viene después, ese buen rollo, esa vaivén de voces paralelas, esa conexión tan bonita entre ambos artistas en Dallas – Memphis. Como si el folk y el blues hubieran quedado para ver un partido de la NBA pero estuvieran pensando en otra cosa.

Antes de despedirse, bajo el aviso de un próximo encuentro -“Me dejo el corazón para el año que viene”- , Vidas cruzadas suena. Sabemos que es el final, y por eso lo intentamos disfrutar al máximo. Todas esas vidas cruzadas por una misma banda sonora se encienden para corear la melodía final de una gran y emocionante noche en el Palacio. Quique y los Detectives se fueron dejando un rastro de confeti. Del metafórico. Porque a ellos no les hace falta recurrir a fuegos artificiales.

 

1 Comentario en Quique González: el leopardo vuelve, los gatos se organizan en bloque

  1. Genial critica, si extraordinario ha sido el concierto, no menos el testimonio, de esta espectacular forma de transmitir lo vivido.

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