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Agustina Guerrero: “Soy partidaria absolutamente de dejar hacer y de que cada uno escoja su rumbo”

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Hace tres años, Agustina Guerrero se abrió un hueco en el panorama editorial con Diario de una Volátil (Lumen), en el que retrataba su día a día con su pareja y los problemas cotidianos que surgen cuando eres una treintañera. Sus viñetas cuentan historias cargadas de humor y sencillez, con las que ha conseguido que más de medio millón de personas en todo el mundo se sientan identificadas. Este pasado diciembre salió a la venta Érase una vez La Volátil (Lumen), en el que nuestra chica con camiseta de rayas nos habla de su pasado y de todas las situaciones y personas que influyeron en esos momentos tan cruciales de su vida para que llegase a ser quien es hoy en día.

 

Antes de empezar me gustaría darte la enhorabuena por tu nuevo libro. Personalmente, a mí me ha sacado alguna que otra lagrimita, porque has hecho que me sienta bastante identificada. Pero también me has sacado más sonrisas que lágrimas, tranquila.

¡Muchas gracias! ¡Ay! ¿En serio? Bueno, si también te hizo reír guay, guay (risas). Me alegro entonces.

¡Por supuesto! Aunque en Érase una vez la volátil nos muestras una faceta muy personal de ti misma, en mi opinión, mucho más que en tus anteriores publicaciones. ¿Qué te hizo querer plasmar esta parte de tu vida en el papel?

Creo que básicamente es porque me apetecía hacer algo diferente. En el momento en el que se me planteó hacer un nuevo libro, si seguía con la línea natural en la que venía, el libro que tocaba era sobre maternidad, por el hecho de haber tenido a mi bebé, pero es un tema que en realidad no me apetece tocar. Necesitaba hacer un giro y mostrar a la Volátil desde otro lugar, otra perspectiva. Siempre me preguntan: ”¿cómo nació la Volátil?”, ”¿cómo empezaste con esto?” Así que decidí que quería dejarlo plasmado. Esos años previos fueron un momento crucial en mi vida en los cuales cambié de etapa y, a pesar de que me marcó muchísimo, esa etapa fue muy importante para mí porque es lo que soy hoy.

Además, quería contarlo a través de una novela gráfica porque para mí era un reto. Nunca lo había hecho, era una historia lineal y sí, me apetecía, me apetecía. Sobre todo porque no quiero aburrirme con lo que hago, porque si te aburres tú, aburres al público. Quería mostrar un personaje más crudo, mucho más humano, mostrando también sus debilidades y no sólo haciendo reír, incluso también haciendo llorar, ¡como me dices tú! (risas)

erase-una-vez¡Totalmente! Además, este nuevo libro trata sobre la incertidumbre del futuro, los cambios drásticos y el volver a encontrarse con una misma. ¿Qué les dirías a las personas que puedan estar en una situación similar a la tuya en aquel entonces?

¡Ostrás! (risas) Cuando yo estaba en esa etapa y la gente me decía: ”Tranquila, ya verás como todo se arregla y va bien”, me molestaba bastante, porque evidentemente uno lo que quiere es estar bien y eso ya lo sabemos desde que nacemos. Es que la palmadita en la espalda y que me dijesen que todo iba a estar bien… puf, más bien al contrario. Me daba mucho rechazo, porque yo pensaba: ”Hombre, ¡claro que quiero estar bien! Pero es que no puedo.” Evidentemente, lo fundamental es ser feliz, estar bien y estar a gusto con uno mismo. Entonces no, yo creo que no les diría nada de ese estilo, ¡simplemente que lo pasen! Lo único que sí podría decirles es que luego verán lo mucho que se aprende de esto.

De todas formas, ¿tú crees que le puede servir de empujón a alguien para hacer un cambio importante en su vida?  

Si, aunque tampoco fue premeditado. Es decir, yo no quise escribir un libro ”para dar una lección de vida”. No. Simplemente quería contar mi historia, sin dar ningún consejo sobre nada. Cuento lo que yo viví, y cada persona lo vivirá de diferente manera. Si a alguien le sirve para dar un rayito de luz a una situación oscura, pues me alegro muchísimo, aunque el libro no ha sido creado con esa intención.

¿Qué te llevó a querer dedicarte al diseño gráfico y más tarde al mundo de la ilustración?

Yo empecé a estudiar diseño gráfico con diecisiete años y considero que elegir una carrera a esa edad es muy riesgoso, porque uno ni siquiera se ha formado como persona, ¡como para encima decidir lo que supuestamente será tu profesión para toda la vida! (risas)

Y bueno, yo siempre fui muy creativa, pero realmente elegí diseño gráfico porque, ejem (risas), era muy mala en números y leyendo tostones, así que dije: ”Mira, soy creativa, me meto por aquí”. Luego con el paso del tiempo me di cuenta de que me apetecía dibujar, aunque no sabía. Es que yo empecé a dibujar hace siete años, en realidad.

Vamos, que no eres la típica que lleva pintando desde que era pequeñita ¿no?

¡No, no, no! ¡Qué va! Bueno, dibujé de pequeñita como cualquier niño, pero luego me dediqué a otras cosas. Sin embargo, en esta etapa oscura de la que hablo en el libro necesitaba sacar lo que yo tenía dentro.

Y retomaste el dibujo…

Bueno, no sé si lo retomé, porque empecé de cero, realmente. Es verdad que en la carrera de diseño gráfico tenía dibujo, pero me iba fatal en esas asignaturas (risas). Sin embargo, en esa etapa comencé a investigar el trabajo de muchos ilustradores porque me fascinaba la facilidad de poder transmitir algo a través de un dibujo. ¡Sólo con coger un lápiz! No sé, era envidia pura y dura (risas).

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La verdad es que sobre eso también te quería preguntar, ¿quiénes fueron tus referentes artísticos?

Bueno, en esa época yo miraba TODO, porque estaba un poco perdida y no sabía muy bien qué era lo que había. Me iba a la biblioteca y me cogía todos los libros de ilustración, empezaba a mirar estilos, intentaba copiar los dibujos, ablandar la mano… Empecé con un estilo muy oscuro, como te decía. Es que era todo sangre, gusanos y tal… No sé, ¡necesitaba sacar toda esa cosa podrida que tenía dentro! (risas)

Luego comencé a sentirme mejor y nació la Volátil, menos mal. Pero mis referentes, la verdad, formaban un espectro muy amplio, porque más que buscar un referente buscaba conocer un poco sobre este mundo.

¿Con qué técnica te sientes más cómoda para trabajar, sobre papel o en digital?

Siempre he dibujado en papel. Pero ahora mismo, por una cuestión de tiempo (para poder hacer este último libro más rápido y poder tener tiempo para mi hijo), me compre una Cintiq, que es un monstruo maravilloso que me ahorra escanear, borrar… De hecho estoy completamente enamorada y ahora me cuesta dibujar en papel (risas).

Sobre todo porque claro, antes me pasaba que a lo mejor hacía una viñeta y pensaba: ‘’Uy, esto quedaría mejor si le añadiese una flor’’ y luego decía: ‘’Uy no, que coñazo tener ahora que dibujarla, escanearla, borrar…’’ Así que lo dejaba como estaba (risas). Lo bueno es que ahora puedo probar y claro, voy mucho más rápido y me motivo más. Además, creo que era un paso que tenía que dar necesariamente para avanzar en mi carrera y en mi forma de trabajar.

La verdad es que sí, ahora juegas con ventaja. Por cierto, otras artistas, cuyas protagonistas también se basan en ellas mismas, han confesado que a veces han llegado a no saber separar su realidad de la de su personaje, ¿te ha llegado a pasar algo parecido?

Ahora no. La verdad es que creo que actualmente se encuentran muy separadas. Aunque es verdad que al principio la Volátil sí que era literalmente todo lo que yo hacía y sentía. Pero piensa que ya hace cinco o seis años que nació el personaje. Ahora siento que yo me he calmado mucho y que ella ha tomado su propia personalidad, su propia estética e incluso su propia forma de resolver las cosas.

Sin embargo, en el último libro la Volátil sí que es bastante fiel a lo que yo era en aquel entonces. Pero ahora soy capaz de separar bien a ambas. Ella es como una personita que está a mi lado y que va creciendo conmigo. Y, evidentemente, soy yo en ciertos aspectos, pero he notado que la Volátil ya ha empezado a coger su propio rumbo.

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¿Y alguna vez has tenido una charla en sueños con la Volátil?

No, qué va. ¡Lo que sí sueño es con viñetas! Incluso la gente de mi entorno me dice constantemente: ‘’Ay, de esto podías hacer una viñeta, y de esto, y de lo otro…! ’’ No sé, es como que conviven con ella (risas). Pero sí que pienso habitualmente en ella, porque para mí es un personaje al que puedo ir agregándole cosas más ricas para ir haciéndolo crecer.

¿Qué consejo te gustaría que te hubiesen dado cuando, como aparece en tu libro, soñabas con escribir un libro?

A mi me lo dieron, de hecho. Cuando estaba un poco perdida hice un curso de ilustración con Rebeca Luciani y Mariona Cabassa, que son dos ilustradoras de cuentos infantiles. Sobre todo Rebeca me abrió una puerta que, puf. Es que ama tanto la profesión y fue tan generosa dándonos trucos y consejos sobre todo, desde qué impresora usar hasta cómo gestionar ciertos temas con los editores, que el hecho de que te hablen como lo haría una amiga sobre este mundo te da mucha seguridad, y a mí me contagió sus ganas. Por eso dije coño, pues lo voy a intentar.

La verdad es que me dio mucha seguridad ese curso, aunque al final no hiciera ningún libro infantil (risas). Además, para mí Rebeca Luciani es quien que me empujó a ser lo que soy hoy. Y a lo mejor ella no es consciente de eso, pero sí, así es.

Vamos, que si no hubiese sido por Rebeca quizá no tendríamos hoy a la Volátil, ¿no?

No lo sé, no sé qué habría pasado. Sólo sé que ese curso cayó cuando tenía que caer y, sobre todo, me cayó Rebeca como profesora, que me hizo ver el potencial que yo tenía dentro a través de lo que ella veía en mí. Además, en esa época yo estaba muy perdida. Muy, muy perdida. Ese curso fue como un cable a tierra. ¿Sabes? Es que cuando vas a un curso que te encanta y sales con vitalidad, no sé…

¿Con energía?

¡Sí, sí! ¡Con energía! De esto que dices, me apetece, me apetece mucho. De notarlo en el cuerpo, que sea físico. Pues así me sentía. Hay que hacer caso a esos sentimientos. A los que te generan vida y ganas. A mí, por ejemplo, cuando me mandaban tarea en este curso para los fines de semana, no lo veía como trabajo, para mí era placer. Lo hacía con mucho gusto.

Entiendo ese sentimiento totalmente, Agustina. Ya para terminar, ¿qué les dirías a aquellos padres que les dicen a sus hijos que se busquen una profesión con futuro porque del arte no se puede vivir?

Bueno, yo ahora como madre lo veo todo desde otro ángulo, aunque soy partidaria absolutamente de dejar hacer y de que cada uno escoja su rumbo. De que se equivoquen como yo me equivoqué. A lo mejor es verdad que yo estudié diseño gráfico y sí que estoy utilizando todo lo que aprendí en lo que hago. Pero está bien equivocarse, de eso se trata. Uno no puede tener las ideas claras desde un principio. Por ejemplo, mi pareja y yo somos partidarios ante todo de que nuestro hijo haga lo que quiera hacer y de que sea feliz.

Muchas gracias, Agustina. Ha sido un verdadero placer hablar contigo. Enhorabuena, y ¡mucha suerte con todo!

Igualmente, ¡y mucha suerte para ti también!

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