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Zahara: “En el libro me quejo de la presión social, del intentar ser siempre ‘súper guay'”

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Foto: Óscar Calleja

Hemos quedado con Zahara en una cafetería de Madrid. Mientras bebe a sorbitos su té, servido en una taza con forma de bombilla, medita y busca la respuesta a una de mis preguntas a través de la cristalera junto a la que estamos sentadas. A esa hora de la tarde, se respira una atmósfera tranquila. Huele a café recién hecho y la luz se filtra tímidamente entre las mesas, como si fuese consciente de que Madrid ruge y se derrite sin piedad a tan sólo un cristal de distancia.

Cuando se ríe y me confiesa que tuvo que tener casi veinte años para escribir una canción de verdad, me doy cuenta de que apenas hemos hablado de música. Su libro, los problemas de nuestra generación, su pasión por las series e incluso el feminismo, son los temas hemos ido dejando caer sobre la mesa. Y a medida que va avanzando la entrevista y ella apura su bebida, me doy cuenta de otra cosa, todavía más importante que la anterior: a Zahara le queda tanto por contar, que necesitaría algo más de tres vidas para poder hacernos una breve sinopsis.

Zahara ha vuelto a desdibujar los límites, no le bastaba con sacudirnos hasta los cimientos con su voz. Esta vez, ha decidido dejar al desnudo una realidad de la que todos podemos sentirnos partícipes a través de su libro Trabajo, Piso, Pareja, que vio la luz hace tan solo un par de meses y ya va por su cuarta edición.

 

‘Trabajo, Piso, Pareja’

Empecemos por el principio, ¿por qué elegir el título Trabajo, Piso, Pareja para un libro que viene a romper con todos los convencionalismos?

No sé si rompen o no, aunque lo intenta. No es que el objetivo del libro sea conseguir los tres items, pero sí que es un poco la obsesión de los personajes y de su generación. Es cierto que di muchas vueltas con el nombre porque al principio pensaba que no era nada comercial y que no le iba a gustar a nadie. Los libros suelen tener nombres mucho más poéticos y evocadores, y quizá el mío es demasiado llano. Pero en eso también radica su fuerza, porque al final la gente se puede identificar tanto con el título como con lo que puede haber en su interior.

¿Y has visto alguna similitud entre crear un personaje y escribir una canción?

No, porque el proceso de creación de una canción es super impulsivo. Para mí es como romper el folio en blanco. Normalmente, el germen de la canción llega y el final suele estar muy cerca. Principio y fin van muy ligados. Y si no, puede haber pausa de cuatro meses o incluso cuatro años, pero luego la retomas.

Sin embargo, con los personajes te tienes que involucrar mucho más. No son tú y por eso tienes que dedicarles mucho más tiempo. En mi caso, tenía la idea desde hace mucho, pero desde que empecé la novela hasta que la acabé ha pasado más de año y medio.

Creo que una canción es como una explosión y crear un personaje es una cosa más paulatina y meditada. Son totalmente acciones contrarias. Aunque me ha gustado mucho el proceso de escribir la novela, porque es la primera vez que me he podido enfrentar a mi trabajo de una manera rutinaria. Escribía de 9 a 6, parando para comer, como si estuviese en una oficina. Y me obligaba a escribir cada día. Un capítulo, cuatro o a reescribir todo si veía que era una mierda. Y eso es una cosa que no he hecho jamás con ninguna de mis canciones.

Claro, aunque, por otra parte, siempre has dicho que en las letras de tus canciones viertes tus vivencias. Sin embargo, aunque sutilmente, en el libro recalcas varias veces que no se trata de una novela autobiográfica. ¿Es verdad?

Sí, sí, es verdad. Por ejemplo, el personaje de Marco, que es escritor, duda sobre cuánto de su vida debe aparecer en su novela. Yo ahí estoy con quien critica a Marco por ser muy autobiográfico, porque una novela puede usarse para mucho más. Por eso he decidido dar el paso y escribir un libro en el que quería contar algo que ya intentaba transmitir a través de mis canciones. Es cierto que utilizo las canciones para un desfogue vital, pero quería hacer una reflexión sobre el ser humano, las relaciones, el sufrimiento, cómo enfrentar las rupturas o los desengaños… Me parecía divertido inventarme una historia, sobre todo inventarme unos personajes. Tenía muy claro lo que quería que les pasara, lo que de verdad había en los personajes de mí y de lo que conozco, pero la verdad es que dediqué mucho tiempo a inventarme a Marco y a Clarisa.

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Foto: Óscar Calleja

¿Ni siquiera Clarisa está inspirada en ti?

Me resulta curioso que mucha gente, supongo que por escuchar mis canciones, me ve en Clarisa y no se pueden imaginar hasta qué punto es mi antítesis (risas). Es cierto que a veces pongo en su boca pensamientos o reflexiones mías, pero también lo hago con Marco, Miguel o Claudia. Incluso a veces opinan todo lo contrario de lo que yo pienso precisamente para ayudarme a contar la historia. Vamos, que hay menos de mí de lo que parece, de verdad.

Lo que más me ha sorprendido es que has conseguido crear unos personajes con los que cualquier persona se puede llegar a sentir identificada: Clarisa con sus vicios y con sus sueños en un cajón por la crisis, Marco luchando sin descanso por dar forma a su deseo de ser escritor o incluso con Claudia, queriendo llevar la vida perfecta de boda-marido-hijos que nos han vendido desde niños. Personalmente, ¿tú con cuál te sientes más identificada?

Yo tengo mucho de Marco, en el sentido de esa manera que tiene de reservarse ciertas cosas, sus problemas con el ego… Además, me siento muy identificada con él y me era más cómodo volcarme en Marco porque es el que escribe, el creativo… Pero si hay un personaje con el que me siento identificada, de verdad; y qué rabia me ha dado…

¿No será Claudia?

Pues sí. No pensé en basar ningún personaje en mí, pero cuando terminé la novela y la releí dije: ”me cago en Claudia” (risas). Además, la odio. Es como el Pepito Grillo horrible que todos tenemos y que te dice constantemente lo que tienes que hacer. Me dan ganas de hostiarla todo el rato – metafóricamente, claro. Pero cuando me di cuenta de que me parecía un poco a ella pensé, ”ay mis amigos, ¡cómo me tienen que odiar!” (risas).

Bueno, tampoco tiene por qué ser tan malo, ¿no?

Bueno, como luego a Claudia todo le va de puta madre, voy a pensar que a mí también. A lo mejor también me siento identificada por eso. No, es broma. Pero no, creo que me siento identificada con ella por la parte de capulla que tiene (risas).

Lo que es también muy curioso es que todos los personajes, incluidos los padres de Clarisa, están metidos en el mundo de las redes sociales, las apps, los tutoriales, etc. ¿Qué crees que va a ser de las generaciones futuras en este aspecto? ¿Todos vamos a acabar teniendo hijos youtubers?

Creo que eso es una cosa inevitable. Yo hablaba de que nuestra generación es de las primeras que trabaja, o que al menos intenta, trabajar de su vocación. La historia de mis padres fue estudiar la carrera que había en su ciudad, que era magisterio. Y es verdad que luego han amado su profesión, pero era lo que había entonces y ya está. En otros casos no había recursos económicos para ir a la ciudad a estudiar o ni siquiera se planteaban estudiar algo que de verdad les pudiese gustar.

Y nosotros no. Nosotros hemos estudiado una cosa, pero trabajamos de otra. Muchos somos freelance, colaboramos, somos o hemos sido becarios… Es decir, tenemos unos trabajos que son fruto de nuestra pasión. Y creo que esto va a pasar a la siguiente generación de una forma extrema. Si de algo me quejo en la novela es de la presión social, del intentar ser siempre super guay. Y ya no sólo en las redes sociales, sino en todas partes.

De hecho, Clarisa no tiene redes sociales, pero luego es la primera que cae y se obliga a salir de fiesta antes que admitir que ya no tiene edad para ello. Al final creo que, de una forma u otra, todos somos presa de esa presión y eso se va a extrapolar a la siguiente generación de una forma brutal. No sé a donde va a llegar, pero la verdad es que me da mucho miedo.

Totalmente de acuerdo. Y, ¿por qué quisiste escribir sobre una historia de amor que empieza casi en el The end”?

Porque era lo que más me interesaba contar. Todo lo que pasa al inicio de una relación pasa tantas veces, que sobre eso no hay mucho sobre lo que reflexionar. A mí lo que me motivaba era la trama central, no me importaba ni el final ni el principio. Me apetecía contar qué es lo que pasa cuando la relación esta ahí, en el nudo. Lo que pasa es que, para llegar hasta ahí, tenía que crear un poco de empatía con los personajes y que apeteciera seguir leyendo. En este caso, el tema central es la relación de Marco y Clarisa, que está estancada. Y me apetecía hablar de eso, porque creo que es el mal de esta sociedad. Estancarse en todas partes, sobre todo en los tres bloques del libro.

¿Y por eso quisiste enfocar estos tres bloques de una forma diferente a la habitual?

No sé, me apetecía mucho hablar de ello para comprenderlo y puede que esto sí que se parezca un poco más a escribir una canción. Al igual que yo hago canciones para desahogarme y quedarme tranquila sobre un tema, ese impulso también estaba un poco aquí. Quería reflexionar sobre por qué somos como somos. Yo, en mi faceta artística, intento responderme a preguntas y pensé que reflexionando mucho tiempo sobre ello, poniéndome en la piel de Marco y Clarisa, amándoles y odiándoles, llegaría a comprenderles y, al mismo tiempo, comprenderme a mí misma. Supongo que es el fin último de una novela, el comprenderse a uno mismo.

¿Has ido cambiando de historias como Marco o tenías claro desde el principio que querías escribir sobre esto?

A Marco lo que le sucede es que empieza a escribir para afrontar sus problemas a través de la escritura y duda sobre cuánta verdad debe haber o no en sus relatos, lo que al final le obliga a reescribir todo varias veces. La diferencia es que yo llegué a esa reflexión antes de escribir el libro. Me hice una ”biblia” con todos los personajes para visualizarlos mejor. Tengo relatos de sus infancias y adolescencias que solo sé yo. Me servía para que luego el personaje fuese coherente con su identidad. Así que, en ese sentido, yo no he reescrito nada. Me puse a pensar antes de escribir, que creo que es el proceso lógico a seguir antes de empezar un libro.

Sin embargo, me hacía gracia que Marco fuese tan imprudente, porque eso también forma parte del caos de su vida. En ella, todo es como un aparente orden pero, a la hora de la verdad, es incapaz de enfrentarse a las cosas. Yo lo veo como una metáfora de todo lo que le rodea, lo de reescribir su historia continuamente a todos los niveles.

Es una buena manera de enfocarlo, pero tú ya escribías de pequeña, ¿no?

Sí, pero era horrible (risas). Yo llevo haciendo canciones y cantando en público desde los doce años, pero no sabía que podía hablar de la vida en ellas. Mis temas eran mucho más sociales, cosas de las que yo creía que tenía que hablar. No sabía escribir de sentimientos porque entonces no los tenía. Y aunque sí que tenía reflexiones, no sabía que se podían llevar a una canción. Mis canciones eran como una parodia de todos los cantautores que oía. Tuve que tener casi veinte años para escribir una canción que me saliese de los ovarios de verdad (risas).

 

Series y cine

Hablando del caos de Marco, ¿qué te dijo Leonor Watling cuando le dijiste que querías que hiciese un cameo en tu libro?

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Foto: Óscar Calleja

Pensé en Leonor Watling como la persona perfecta para ello, porque podía crear un vínculo profesional entre Marco y ella. Además, la conozco y sé que es una persona muy entusiasta y apasionada de su trabajo, por lo que me cuadraba para lo que quería contar. Aunque no se lo dije hasta que tuve la novela entera, arriesgándome a que me dijera que no. Pero me dijo que sí. De hecho, le encantó la idea porque es una persona maravillosa y se presta a todo. Y le dije: ”tu personaje lía todo un poco, pero al final te dejo bien, ¡te lo prometo!”; y me dijo: ”¡como si me dejas mal! ¡Me encanta!” (risas). Le daba igual, pero me alegro mucho, porque habría sido una pena no poder contar con ella.

Es que la novela tiene tanta verdad… Y cuando digo tanta verdad, me refiero a tanta verdad paisajística. Todas las localizaciones de Madrid, las distancias, incluso las temperaturas. Porque ahí no aparece, pero tengo un diario con cada día del que estoy hablando y con el tiempo que hacía. Junto con mis reflexiones, es el único trabajo que he hecho de investigación (risas). Y bueno, creo que era necesario un personaje que de verdad te conectara con esa realidad, por lo que Leonor era perfecta.

Además de haber elegido a una actriz, en Trabajo, Piso, Pareja hay un montón de referencias al cine, las series (el mítico that’s what she said de Michael Scott) y al mundo friki en general. ¿Cómo era de importante para tí incluir esta faceta en el libro?

¡Mucho! Creo que ayuda bastante a crear el retrato generacional. Todas las series, películas y el universo pop con el que vivimos y nos obsesionamos. Me parecía algo intrínsico a los personajes. Incluso Clarisa, que pasa de todo, tiene un imaginario más de los 2000 y hace referencias a Sexo en Nueva York. Aunque Marco sí que tiene más que ver con el malasañero pro que además se emociona cuando ve la espada de Juego de Tronos y ese tipo de cosas, ¿no?

Sí, tienes razón. Y en cuanto a series, ¿cuáles tienes de referencia?

¡Puf! Ahora estoy impactada con The Leftovers, porque es maravillosa y ayuda un poco a resarcirse del odio cogido al final de Lost. Pero bueno, yo no lo odiaba, ¿eh? Soy de las que opina que el final de Lost fue lo que tenía que ser, porque poco se podía hacer con la que habían liado. La gente estaba super decepcionada y yo decía, pero vamos a ver, si no te decepcionaste en la tercera temporada, ¿te decepcionas al final?, ¿en serio? Si esto ya se veía venir que no iba a acabar bien (risas).

Pero con The Leftovers creo que han creado una obra de arte poética y filosófica sobre la fe, las relaciones… Me parece alucinante. De hecho, pensaba hoy en ella porque justo la acabé ayer y me emocioné mucho. Hacía un montón que no me emocionaba con el final de una serie. Y es verdad que hay un montón de series con una calidad bestial últimamente, pero cuando acaban sólo me dejan el vacío de la adicción, no de la emoción. De hecho, la última vez que me pasó fue con A dos metros bajo tierra.

¿Si? Pues yo la llevo por la mitad.

Z: Pues entonces no te digo nada, porque te iba a hacer un spoiler. Pero me tiré cuatro días llorando sin parar. Te juro que cuando se acabó la serie estaba como si se me hubiese muerto un familiar. Aparte, empecé muy lenta, porque es una serie muy introspectiva que tarda en engancharte, pero al final de la última temporada tenía que ir parándola, porque estaba viéndola con taquicardia. En plan de, no me lo puedo creer, me voy a morir. Llamé llorando a quienes me la habían recomendado diciéndoles: ”¡por qué me habéis hecho estooo!” (risas).

Siempre ha sido un referente muy relevante para mí y no sabía cómo me podía influir en mis canciones. Al final creo que está en la novela por esa mediocridad de los personajes, ese reincidir en lo miserable, en lo absurdo y en lo que a uno le hace daño. Me sentí feliz de notar que por fin podía plasmar una de mis grandes influencias en algo artístico mío.

Bueno, y aparte del mundo de las series, también hay un montón de grupos y canciones mencionadas en el libro e incluso tiene su propia banda sonora en Spotify. ¿Consideras inevitable para ti incluir la música en la literatura?

Bueno, en muchos de los pasajes de la novela hay música y la música que escuchan los personajes; es la que yo estaba escuchando en ese momento. No son canciones aleatorias, obviamente. Además, ayudan un poco a entender lo que están viviendo o sintiendo ellos. Pero las que suenan al azar en discotecas y bares, ya no. Azúcar Moreno no aporta nada a la trama (risas). No sé, para mí la novela es muy visual. Yo tenía esta banda sonora en la cabeza como si fuese una película.

De hecho, cuando Marco se está arreglando porque tiene una cita con Clarisa, se siente como dentro de un videoclip escuchando Woodkid. Pues esa escena, que yo la describo en tres líneas, en mi cabeza dura cinco minutos. Veo muy gráficamente a Marco bailando por encima de las mesas, montándose toda la coreografía… Creo que es una experiencia más para quien lo quiera leer así, escuchando las canciones.

 

Feminismo

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Foto: Óscar Calleja

En tu blog, recomendaste hace tiempo el libro de Cómo ser mujer de Catlin Moran. ¿Cómo es ser mujer en el mundo de Trabajo, Piso y Pareja?

Una de las cosas que intenté fue escribir una novela que a mí me gustaría leer a muchos niveles. Me da mucha rabia cuando me estoy leyendo algo y los personajes femeninos están contados con paternalismo, condescendencia y con un halo de machismo alrededor. Lo que era importante para mí; es que el choque entre Marco y Clarisa fuera fruto de sus diferencias y complejidades personales. Pero la personalidad de Clarisa podría ser la de Marco y viceversa. Clarisa no es así por ser mujer. Clarisa es así. Punto.

Creo que todos los personajes se podrían intercambiar de género y no pasaría absolutamente nada. Entonces, en ese sentido, ¿cómo son las mujeres de esta novela? Pues quería que fuesen mujeres muy libres dentro de su contexto, porque son presas de una sociedad heteropatriarcal y eso conlleva una serie de elementos y contradicciones que también aparecen ahí. Pero por ejemplo, en el primer capítulo, Clarisa se quiere acostar con un chico y sólo quiere tener sexo con él. No quiere que pase absolutamente nada más. Y evidentemente, esto es una posición moderna con respecto a la generación anterior.

Claro, ¿y cómo ves la amistad entre Claudia y Clarisa?

Creo que es cuando mejor me lo he pasado escribiendo, sobre todo por cómo se relacionan entre ellas. Además, aunque Claudia sea como el Pepito Grillo que he mencionado antes, creo que también representa a muchas mujeres. Son como todas las amigas en una, porque esto que le pasa a Clarisa de tener sólo una amiga es muy raro. Pero teniendo en cuenta cómo está de chalada, pues bueno (risas). Y no sé, la relación que tienen, en la que se une la complicidad, el apoyo incondicional y ese tira y afloja constante, me parece algo muy natural.

Esa amistad es como una balsa que está siempre sobre unas aguas inquietas que llevan a que la relación sea inestable. La verdad es que también quería abordar los problemas que surgen en una amistad. Aunque yo nunca he tenido una relación así con una amiga, es todo totalmente inventado. Pero en este sentido, también pensaba en la relación de amistad entre dos amigos, por el lenguaje que usan Claudia y Clarisa a veces, por cómo actúan o se expresan, porque podrían ser perfectamente dos chicos y la trama funcionaría exactamente igual.

Sí, yo creo que es un punto fuerte del libro, que no hay estereotipos en ese sentido y la gente puede sentirse identificada muy fácilmente. 

Sí, las comedias románticas de los noventa han hecho mucho daño, porque el rol de la mujer era ser simplemente el receptor de lo que el hombre quería. Estaba allí de decoración y no era una parte activa de la trama. Y creo que aquí todas las mujeres y hombres tienen relevancia porque sus acciones influyen en las decisiones que acaban tomando todos. Y por eso creo que esta historia es mucho más real que lo otro, porque además he intentado dotar a todos los personajes de crispaciones, miedos, inseguridades y dudas. Creo que todos somos mucho más un conjunto de todo eso que de tenerlas siempre todas con nosotros.

Lo de las inseguridades y las expectativas frustradas es algo que está muy extendido en nuestra generación, pero sin embargo parece que es una cosa un poco ajena para nuestros padres, ¿no?

Supongo que tenían estas frustraciones, pero mucho más cohibidas, porque ni siquiera se sabía que se podía aspirar a hacer algo que te gustaba de verdad. Venían de una generación en la que, por ejemplo, mis abuelos se construyeron su propia casa y al padre de mi abuela le habían metido en la cárcel como preso político. Además, venían de una crisis social y política de verdad. Era una situación en la que nuestros abuelos con vivir tenían suficiente.

Y luego, viene la generación de nuestros padres, que es la primera en la que la gran mayoría de las mujeres trabaja y tiene independencia. Sin embargo, tienen los hijos muy jóvenes, porque por ejemplo, mi madre me tuvo con veintipocos. Y cuando crecen, ven en ellos todo el potencial que han perdido por tener lo que tienen y todas las cosas a las que han renunciado para que podemos tenerlas nosotros.

¿Y por eso tenemos esa presión de intentar ir a mejor siempre?

Sí, aunque no es una presión directa, porque yo para nada he sentido que mis padres me dijeran nunca lo que tenía que hacer, al contrario. Me han dado tanta libertad, me han ofrecido tantas oportunidades y me han dejado crecer tan libremente, que al final eso también te genera una serie de opciones que crees que nunca se van a acabar. Además, no sabes cuál es la mejor, y a la par te sientes capacitado para tenerlas todas. Y claro, luego cuando te enfrentas a la vida y ves que eso no va así y que muy raramente tachas los tres items del libro. Y mucho menos a la vez y satisfactoriamente. Entonces dices, pues hostias, igual no voy a conseguir todo lo que me propongo.

Totalmente, es una ventaja y un inconveniente a la vez.

Sí, y lo peor es que cuando conseguimos lo que queremos, seguimos frustrados porque sabemos que, aún así, todavía podríamos conseguir algo mejor. En el sentido de, ”tengo este trabajo que me gusta, pero quizá podría encontrar otro en el que trabaje menos horas y me paguen mejor”; ”tengo esta pareja, pero a lo mejor con otra estoy mejor”; “esta casa está muy bien pero…” Y así con todo.

Estamos continuamente obsesionados por mejorar, por superarnos. Y claro, tener el punto de mira más allá de donde estamos ahora genera mucha frustración. De todas formas,  yo creo que hay algo que se ha perdido en el camino. Sobre todo a la hora de asumir y aceptar la situación. A esta generación nos falta un poco de paciencia.

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Puede ser. Pero volviendo al tema del feminismo, ¿has experimentado algún techo de cristal en el mundo de la música?

Sí, claro. Tú antes que nada, eres la cultura en la que naces. La misma María Zahara Gordillo Campos que tienes delante, si hubiese nacido en la India, sería otra persona totalmente distinta. Entonces, aunque nosotras hemos nacido en esta sociedad, que es muy beneficiosa y nos trae muchas alegrías en muchos aspectos, es muy compleja e injusta en otros.

Se podría decir que el feminismo es un movimiento relativamente joven, al igual que el hecho de que la mujer esté trabajando y siendo independiente económicamente. Es que no hace tanto no estaba regulado que las mujeres pudiesen ir a las universidades. Ni se contemplaba siquiera, porque ¿qué sentido iba a tener que una mujer quisiera ir a la universidad?

Claro, como Concepción Arenal, que se disfrazó de hombre para poder estudiar Derecho.

Sí, sí. Fueron las primeras mujeres que iniciaron un movimiento para que se cambiara la legislación. Es que esto es muy fuerte, porque estamos hablando de un periodo que ocurrió hace pocas décadas. Pensar que ya hemos conseguido muchas cosas porque tú y yo estamos hoy aquí, y yo me dedico a la música y tú me estás haciendo una entrevista y llevas una falda corta y estás enseñando las piernas, desemboca en uno de los grandes problemas que tenemos, porque parece que solo con eso ya hemos llegado a una igualdad.

Cierto, y mucha gente cree que ”ya está todo hecho”, ¿no?

Eso es muy peligroso. Sobre todo porque, por un lado, lleva a que no puedas quejarte porque, como ya esta todo hecho, ¿qué más quieres? Y por otro, a que el hecho de que no haya tantos referentes femeninos en distintos ámbitos profesionales, sobre todo en los culturales, sociales o artísticos, hace que no se pueda aspirar a querer llegar a ser como ellas.

Y todo eso genera un bloqueo. Llega un momento de tu vida en el que crees que ya no puedes aspirar a nada más porque ya has llegado hasta ahí. Y al final, negar y negarte a ti misma que los techos de cristal no existen supone un problema gravísimo, porque obviamente están ahí.

Por otra parte, creo que eres de las pocas afortunadas que puede decir que ha cumplido un sueño con la música, ha montado una discográfica, escrito un libro… ¿Me podrías decir qué te queda por hacer en esta vida, muchacha?

Mantenerlo, que creo que es lo más difícil. Ahora estoy en ese momento de: ”Jo, qué bonito, qué bien está todo, qué…pánico, ¿no?” (risas) Y piensas en qué va a fallar o en qué se va a desmoronar, porque no es algo normal.

Me siento afortunada, y no porque haya tenido suerte, sino porque creo que he peleado mucho y muchas veces me han ido muy mal las cosas para que aprendiera de ello. Pero sí que me siento afortunada en el sentido de que sé que lo que tengo no es algo fácil y lo agradezco cada día. Y creo que la mejor manera de agradecerlo es disfrutarlo, pero aún así pienso: ”¡Ay Virgencita, que me quede como estoy!” (risas).

Aparte de eso, me encantaría que el libro le guste a la gente, estar inspirada, poder hacer muchos más discos… No relajarme, vamos.

Voy a terminar con una pregunta difícil. ¿Qué preferirías, no poder volver a escuchar música o no poder volver a cantar?

(Después de un silencio eterno) No lo sé. Joder, no sabría decirte. Supongo que depende del día. Antes pensaba que lo único que tenía era mi voz y es verdad que el haber escrito la novela me ha permitido relajarme un poco. En plan: ”bueno, si todo va mal, al menos puedo escribir”. Pero otras veces sería mucho más egoísta y diría: ”si yo puedo cantar y no escucho nada, pues que le den a los demás” (risas). Joe, todo era muy poético hasta este final.

Qué va, es un cierre perfecto. ¡Muchas gracias por todo, Zahara!

 

 

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