Muchos hijos, un mono y un castillo: Si algún día me muero, que sea de risa

De una carcajada extasiada a una mueca de fragilidad hay un breve paso y una docena de músculos contraídos. En este caso, todo este giro emocional parece no entender de intervalos cuando te sumerges en la vida de una entrañable familia que tuvo todo y no necesita nada para vivir feliz.

Gustavo Salmerón sigue sacando pecho de familia y de película en cartelera tras llevarse en los últimos Goya el, como diría la protagonista de esta pieza, “monstruito” a la Mejor Película Documental. ‘Muchos hijos, un mono y un castillo’ le llevó casi los últimos tres lustros, pero de aquí a unos años se podría consagrar perfectamente como una joya contemporánea nacional que mostró, a través de una realización desenfadada y un humor tan absurdo como natural, el surrealismo de lo cotidiano y nos regaló todo lo positivo que nació en medio del caos.

Y es que, ¿cómo una película con la que no puedes parar de reír te puede poner la carne de gallina en el momento más inesperado? Pues mediante el humor más delirante y la emoción más sincera que en esta ocasión se dan la mano mientras la muerte más esperada y la vida más aprovechada parecen complementarse en cada reflexión de Julita.

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Julita, la “actriz” revelación de este año para muchos, nos abre la puerta a su castillo de contradicciones para acompañar a Gustavo en una búsqueda que perderá por el camino su objetivo para contarnos una vida que continua tras una infancia marcada por la guerra.

Para que lo entendáis de otra manera: imaginemos que esta vez no es Truffaut el que conversa con Hitchcock sobre cine, sino que es Berlanga, y en esta ocasión se citan en una antigua tasca de Torremolinos. Tal vez de esta situación nacería una historia surrealista, aparentemente guiada por un misterioso mcguffin “personificado” por las vértebras de la abuela muerta en la guerra de la madre de una familia numerosa que vive en un castillo. Y con un mono.

Ahora, si hacemos un poco más de malabares y nos fijamos en dos de las cintas más conocidas de Richard Linklater, sacamos el relato de una vida en 14 años (el tiempo que tardó Salmerón en culminar el suyo) y una saga que obvia lo técnico para centrarse en una historia de amor verdadero. Pues bien, Gustavo Salmerón cogió los ingredientes necesarios para realizar una película casera, engendrada entre una Mini DV, una antigua Super 8 y un, no tan antiguo, IPhone, que no necesitara de ninguna floritura técnica que distrajera al espectador de la trama (salvo los momentos estelares del zoom), y la convirtió en una cinta de culto para la posteridad de este país al poner a su madre delante de una cámara y dejarla contar su vida a su manera.

“Todo parte del caos, una familia numerosa con organización caótica” podría ser la explicación de este cóctel en el que naufragan deseos y sufrimientos, lo profano y lo masónico, crisis y monos que comen en la mesa.

El final de la película es una auténtica metáfora de ella misma. Pero la sorpresa llegó tras los últimos créditos, después de un aplauso sincero que provocaría la vuelta al escenario de toda una compañía teatral, Gustavo Salmerón se levantó en la primera fila para anunciar un pequeño coloquio ya anunciado en las redes pero inesperado para la mayoría presente. El plato fuerte de la noche llegó a continuación, acompañado de un Goya y el elemento punzante más icónico del filme: Julita Salmerón entraba en la sala de la mano de su marido junto a uno de sus (tantos) hijos. La sala se ponía en pie al conocer en vivo a la verdadera protagonista y comprobar que el personaje era realidad y no ficción, que la Julita que daba pie a este relato no era una pose, ni siquiera una buena interpretación, sino una realidad sincera y natural.

Salmerón, hijo y director de este documental, sigue presentando en la gran pantalla la que dice que es su “primera película larga”. Y de larga nada, cada momento se disfruta y, sobre todo, se aprende. Mucho de Berlanga, Cuerda e, incluso, Buñuel en el Mejor Documental español de este año. Cine de corazón para un público necesitado de historias con tanta alma.

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David Vaquero

Un comentario sobre “Muchos hijos, un mono y un castillo: Si algún día me muero, que sea de risa

  1. David Vaquero eres único, con tu forma de escribir contagias al espectador, ensalzas todas y cada una de las historias que el cine nos muestra.

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