Tesoros nacionales: Sobre el señor Cunningham

Cómo un caballero de 87 años fue durante décadas el que decidió lo que ibas a llevar puesto incluso antes de que estuviera en tiendas.

Y no hablo de un diseñador, ni un estilista. Ni siquiera hablo de una editor de moda tirano que tiene a los creativos en cola esperando a ser una víctima más del mundo de la moda.

Bill Cunningham llegó al nuevo mundo para ser publicista pero con el paso de los años, se convirtió en el máximo exponente de la figura del coolhunter y por tanto, padre de la fotografía del streetstyle.

¿Por qué se lleva el rojo?, ¿cómo es que todos se están poniendo de acuerdo para que llevemos cuadros? ¿vuelve la pata elefante?

Si no eres muy seguidor de las tendencias pero de vez en cuando te haces estas preguntas plantado delante de un Zara, debes saber que el proceso comienza años antes de que la prenda llegue a esa tienda.

Es una mañana de invierno en la ciudad de Nueva York y el señor Cunningham camina, ataviado con su legendaria chaqueta azul y cámara en mano. El objetivo se posa en una mujer que sale de su coche llevando una blusa con estampado de leopardo. No es nada sofisticada, nadie la mira, de hecho quizá la rechazan por llevar algo tan fuera de onda, además nunca podría permitirse la ropa que sale en las revistas pero, por un instante, esa mujer ha convertido en el paradigma de la moda que viene.

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Una vez Cunningham ha publicado esas imágenes, todos los caza tendencias del mundo se hacen eco del mesías. Las agencias filtran los contenidos y las firmas de moda comienzan a atiborrarse y construir colecciones inspiradas en aquella blusa de leopardo.

En seis meses, las colecciones ven la luz y sorpresa, el leopardo invade la pasarela y parece que los diseñadores se hayan comunicado telepáticamente para coincidir.

Seis meses más tarde las marcas low cost han copiado, economizado y simplificado al máximo todas esas creaciones y nos las ofrecen a precios de chiste a pie de calle (o a golpe de click).

Finalmente, el leopardo está por todas partes y tras semanas de búsqueda, te se das cuenta de que, por narices, vas a tener que sucumbir a ese estampado que hace poco te parecía horrible e imposible de pertenecer a tu armario.

Mientras tanto, esa mujer de la que hablaba hace unas líneas sigue campante por la gran manzana. Quizá ahora sí encaja, se mimetiza en una manada de leopardos urbanos. O quizá ha cambiado de gustos y Cunningham se prepara para convertirla de nuevo en su musa. Porque eso es lo que inspira a los genios, lo diferente y fuera de lo común, decidido y genuino.

Así que si alguna vez te cruzas por la calle con alguien que, según tu juicio es un hortera de bolera, piénsalo dos veces antes de juzgar, porque en menos de lo que imaginas, querrás estar en su pellejo (o en su ropa).

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Artículo de Salvador Corbalán

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